Las Flores de México

El Nardo Las Nasturcias
Flores Mexicanas Plantas enanas
Millares de Orquídeas La Cempoalxóchitl
La Flor de Nochebuena La Dalia, Flor Nacional

Flor de la Luna

El jardín de Huaxtepec medía seis millas de extensión y lo atravesaba un río; ejemplares de plantas y flores de las más remotas regiones del Imperio Mexicano se aclimataban en él, en verdaderos invernaderos, aún antes de que en Europa se conocieran estos. El primer jardín botánico de Europa apareció en Italia, en el siglo XVI; pero en México se había creado el primero conocido desde el siglo XV, en Chapultepec y durante el gobierno de Izcóatl (1428 - 1440) Algunos de los sabinos o ahuehuetes que él mando plantar allí se conservan perfectamente bien, después de 600 años de haber sido sembrados, y han visto toda la historia mexicana.

El jardín de plantas de París fue creado por Janet hacia 1576; pero en México, desde 1428, año en que fuera restituido como rey de Texcoco el gran Netzahualcóyotl, mando crear los hermosos jardines colgantes, que en parte describimos antes, y que han sido universalmente comparados con los de Babilonia.

Al crear todos esos jardines indígenas, y otros más, muy hermosos, que encontraron los españoles a su llegada a América, contribuyó seguramente el amor que los indígenas tenían por las flores, el cual había constituido un culto religioso.

En antiguos códices y ejemplares de la alfarería popular, la flor era un motivo constante, que habría entrelazado sus corolas a lo largo del tiempo, en mil y un motivos decorativos. Los indios mexicanos profesaban una filosofía de la naturaleza y tenían un gran sentido del ornato, en tal forma que aún hoy, en su degradación actual, los indígenas de Xochimilco adornan con flores sus trajineras o canoas, dándoles nombres de mujeres, que tejen con flores en los toldos; y los de todas las regiones del país usan las flores coloridas en sus lacas y bateas, en sus cuadros de popotes y plumas, en su loza vidriada y en sus telas.

En el antiguo México, a los príncipes y a los embajadores extranjeros se les recibía con flores; y los nobles tenían el privilegio de aparecer en público llevando flores. Nadie podía ser admitido a la presencia del monarca si no llevaba un ramo de flores, que luego le entregaba. Había flores que daban distinción a quien la llevaba, y solamente los nobles podían usar algunas especies, entre ellas la cacaxóchitl o flor del Cuervo; la tizaxóchitl, y la deliciosa Magnolia, llamada yoloxóchitl, flor del corazón o del árbol de manitas, de la que hablamos ya, y cuyo penetrante aroma bastaba para perfumar una casa indígena.

Al empezar la conquista y evangelización de los indios, los misioneros se dieron cuenta del amor fervoroso que los naturales tenían para las flores. Algunos de ellos observaba que si la primera vez que maduraba una fruta en Europa venía a ser una fiesta, la de la vendimia o las cosechas, cuando en México florecían las plantas era también motivo de festividad, " porque hay una íntima relación entre la difusión del culto por la Virgen y la propagación de las plantas y simientes florales, en México y en Hispanoamérica ". Cuando las rosas fueron conocidas en México, la primera rosa de toda región era para la Virgen, y aún la siguiente de toda planta, antes de entregarla al seno de la tierra, solía llevársela al ara del altar, para hacer sobre ella el sacrificio incruento.

Así se hizo, según el historiador Bernabé Cobo, con la planta de la rosa de Castilla en el Perú. " Y, enternece -escribe don Victoriano Salado Álvarez-, lo que da como remate de la historia el padre Cobo. Nacidos los rosales y cuando estuvieron en flor, se ofreció a la Virgen la primera rosa que nació en el Perú, en una bella ceremonia que el arzobispo de Lima, fray Jerónimo de Loaiza, en presencia de gran concurso, puso la flor, de seguro pequeña y endeble, en una mano de la escultura de la " Sin Mancilla ". En México, el culto por las flores, era aún mayor.

Fray Jordán de Piamonte fue quien trajo desde Europa, al convento de Santo Domingo de Oaxaca, la Azucena, la Albahaca y la Rosa de Alejandría. Las trajo a su inmediato cuidado, dedicándose durante la travesía por el mar, con gran ternura, al cuidado de las plantas, este discípulo y compañero de Fray Bartolomé de las Casas que tenía, no obstante esa ternura para las flores, gestos de León rugiente ante los tiranos.

 

Flores Mexicanas

Tlaloc, el Dios de la lluvia y del agua en la mitología Azteca, recibía en la primavera las primicias de las flores nuevas, como una de las mejores ofrendas que podían hacérsele. La corporación de los floristas celebraba por esas fechas las fiestas de Coatlicue, la deidad tutelar del gremio y que era la Diosa de la tierra y de la fecundidad. Los aztecas imponían a los pueblos sometidos tributos que deberían pagarse en flores, y Moctezuma hizo la guerra al cacique de Tlachquiauco, Malinal, porque le negó una flor de tlalixquixóchitl, que había gustado sobremanera al poderoso monarca mexica, tan amante de las flores.

A los mercados indígenas, según lo describe Cortés, llegaban los indios con sus atados o manojos de flores diversas, entre ellas muchas de las que existen en otras partes del mundo; pero también otras exclusivamente originarias de América y no pocas existentes sólo en México. Desde las principesca orquídeas (joyas vegetales de lujo, del ocio y del parasitismo) hasta los transitorios cocomites, que sólo abren su corola un día y luego mueren; los nardos, las dalias, las begonias, las nasturcias, los cempasúchiles, las extrañas manitas y las flores de Nochebuena.

Todas estas flores auténticamente mexicanas pertenecen ya al mundo entero, juntamente con otras menos comunes, como la "cacaloxótil" o rosa laurel, el girasol, la amapola de campo, la cajigal o mal de ojo y la hierba del burro. Y aún de las flores extranjeras, Aclimatadas en nuestra tierra, México ha logrado hacer nuevas especies y flores distintas. Por ejemplo, se han producido algunas rosas sin espinas, que son verdadera curiosidad en el mundo de las flores: Lutero Burbank las llegó a producir en nuestro país por un procedimiento que llamo, poéticamente, " quitarle el temor a la rosas "; porque éstas dan esquinas para defenderse de los dedos del hombre, que parecen a la planta serpientes malas.

La rosa llamada en el mundo Santa María de Guadalupe, fue lograda en México por los hermanos Jiménez (Gumersindo es el jefe del negocio) con diversos cruces de rosas extranjeras: es una rosa esplendorosa de color " beige " como la veste de la Patrona de América, y única en el mundo. Las rosas españolas, especialmente las de Castilla, fueron sembradas y cultivadas con amor por los primeros colonizadores que las trajeron a México, y de ellas provienen las demás rosas mexicanas, tan propias y nuestras.

En la " Historia de San Vicente de Chiapas y Guatemala ", de Fray Francisco Jiménez, leemos lo siguiente, que alude a las rosas y otras plantas.: " En Sinacatán vivían los religiosos en una casita incorporada a la iglesia, tan pobre como la del más pobre indio y sin ningún abrigo, de dos cuartos, de suerte que con otra pared de palitos que hicieron hacían claustro, en el cual pusieron muchos claveles, azucenas, lirios, hinojos y rosales de Castilla, que nos envió Fray Jordán de Oaxaca, de donde ha venido cuanto hoy hay en la tierra o cuasi ".

El 13 de enero de1714 el jesuita Francisco Piccolo enviaba una carta, desde Santa Rosalía de California, a su casa de México, en la que él decía a un religioso amigo: " me dice Jerónimo de Palermo que dexó unas plantas de rosas de Castilla en Ravan para mí: si están en pie, V. Ra; por quien es, me las remita en una olla, juntamente con unos arbolitos de membrillo; y si vuestra reverencia tiene algunos de limón y de naranjo, se los estimaré mucho; y que vengan en dicha olla con tierra, encargando al contramaestre que les vaya echando agua, y Va. Ra. escriba al hermano Jaime que son para mí ".

La rosa de Santamaría de Guadalupe, a que antes hicimos referencia, es ya muy apreciada en el mundo entero y se ha aclimatado en varios países. Los mexicanos que la crearon la aseguraron en 100 mil pesos. En los primeros años de su cultivo, la planta da 4 o 5 flores solamente, cada año, logrando dar más en los años siguientes, hasta producir cincuenta flores anuales, tan codiciadas, que se venden a cinco dólares cada una. Estas rosas son un invento mexicano, que va ganando al mundo rápidamente.

 

La Cempoalxóchitl

La flor que con mayor profusión es llevada a las tumbas de los cementerios mexicanos, el 2 de noviembre de cada año, dedicado por la Iglesia Católica a recordar a los fieles difuntos, es la llamada Cempoalxótil, cuyo nombre indígena generalmente pronuncia la gente cempasúchil. Otros nombres que se le han dado a esa flor en diversas regiones de México, entre ellos los de "anisillo" y "periquillo", en el valle de México; " flor de tierra adentro "flor de Santamaría ", "hierba de Santa María " y "curucumin", en Michoacán; " hierba anís ", "pericón" y " falso pericón ", en San Luis Potosí, etcétera. Pero como cempoalxóchitl o " flor de veinte hojas ", fue conocida por los antiguos mexicanos, quienes la consideraron medicinal.

Desde la llegada de los españoles, la flor de cempoalxóchitl llamó la atención de botánicos y sabios, habiéndola estudiado el doctor Francisco Hernández, Mociño y Sessé, así como De Cándolle. Desde el siglo XVI fue llevada a Italia, donde se le cultivó con esmero, encontrándose allí que sus raíces tienen propiedades purgantes, vermífugas y tóxicas. La planta fue catalogada entre la familia de las compuestas, perteneciente al género tagetes, del cual se conocen varias especies; la más común la tajetes signata pumilla, y otra más, que los franceses llaman " Legión de honor ", de flores simples, de color amarillo con oro, manchado de púrpura, aterciopelada, y que son las que con mayor profusión adornan los jardines y se ven en las tumbas mexicanas.

El doctor Francisco Hernández, médico de Su Majestad el rey Felipe II de España, a quien nos referimos con anterioridad, habla del cempoalxóchitl en los siguientes términos: " del cempoalxóchitl o flores de veinte hojas, encontré siete principales variedades de la planta que da la flor llamada por los mexicanos "cempoalxóchitl", a causa de la gran multitud de sus hojas, que los españoles llaman "girofle de Indias ", y que los antiguos llamaron, según dicen algunos " otoña y flor de Júpiter ", aunque hay en esta nueva España otras variedades distintas por la flor, por el nombre y por el tamaño. Tienen todas hojas como de tanaceto, flores amarillo-rojizas, con encarnado, de temperamento caliente y seco en tercer grado, sabor acre, partes sutiles y olor algo fuerte... "

Según el ingeniero Julio Riquelme Inda, el periquillo o cempoalxóchitl vegeta en muchos lugares de los estados de Chihuahua, Coahuila, Durango, Zacatecas, San Luis Potosí, Hidalgo, Veracruz, Sinaloa, Michoacán, Oaxaca y en el Valle de México. Crece enteramente silvestre, pues no es objeto de cultivo alguno y las variaciones en color de las flores se deben a que a veces crecen en lugares de tierra cultivada, junto con otras plantas, y a veces en lugares pobres. Sin embargo, puede cultivarse, lográndose su propagación por medio de semillas. Resiste los climas fríos moderados y crece en cualquier naturaleza de terreno, alcanzando mejor desarrollo en los arcillo arenosos.

Una leyenda tlaxcalteca cuenta que la princesa Tecuelhuatzín, hermosa hija del viejo cacique Xicoténcatl, cultivaba en sus jardines de Tizatlan, en la República de Taxcallan, toda clase de flores; pero las que más apreciaba eran esas amarillas rojizas llamadas cempoalxóchitl, porque tenían los cambiantes colores del sol del mediodía al atardecer, y por qué era una predilecta ofrenda en las tumbas de los desaparecidos.

Cuando los españoles llegaron a Tlaxcala, el hermano de Tecuelhuatzín, el general Xicoténcatl Axayacatzin o El Joven, midió sus armas con los forasteros, pero fue derrotado; y entonces la República indígena tuvo que pactar con Hernán Cortés, ofreciéndole sus ejércitos para ir a tomar Tenochtitlán. La princesa, según la costumbre india, fue entregada a Cortés como un presente, y éste la regaló al capitán Pedro de Alvarado.

Tecuelhuatzín fue bautizada con el nombre de María Luisa Xicoténcatl y se desposo a la usanza india con Alvarado, a quien los indios llamaban, por ser muy rubio de color, Tonatiúh o El Sol. La princesa lo amó mucho, porque vio en él la representación humana de sus flores.

La Flor de Nochebuena

Uno de los regalos más poéticos que México ha dado al mundo es, sin duda, la flor de Nochebuena, la cuetlaxóchitl de los aztecas, que se cultivó esmeradamente en los jardines de aclimatación de Netzahualcóyotl y de Moctezuma, pues era planta de tierra caliente. Es la euphorbia pulcherrima de los botánicos, arbusto de hojas, grandes, ovales, pálidas por la parte inferior; la inflorecencia está adornada de bracteas de un hermosísimo color rojo encendido, por lo que su extraordinaria belleza y su alto valor decorativo han valido a la Flor de Nochebuena su gran popularidad y es el símbolo de la Navidad en los Estados Unidos de América.

Parece ser que la cuetlaxóchitl de los aztecas es originaría de Tasco, donde existió un lugar llamado Cuetlaxochitlán; allí fue donde los franciscanos, llegados de España, tuvieron la idea de adornar un Santo Pesebre, por los días cercanos a la Navidad del Señor, con las hermosas y grandes flores rojas, porque la flor era para los indios símbolo de pureza, y su nombre quiere decir " flor que se marchita " perecedera flor como lo es la de la pureza. De tal origen de la Flor de Nochebuena y de su empleo en los nacimientos franciscanos nos habla Fernando Ruiz de Alarcón, vecino de Tasco, y hermano del que fuera uno de los grandes dramaturgos del siglo de oro español, don Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza.

El botánico Don Juan Balme, quien describió la hermosa flor, dijo que abundaba en los lomeríos de Tasco, y en las colinas del Valle de Cuernavaca. La flor es diminuta, como la de la bugambilia, pero está rodeada por brácteas que parecen escudos o rodelas para protegerla; las grandes hojas verdes se van volviendo rojas, hasta parecer de sangre, y de ellas obtenían los indígenas, por molienda, cocimiento y filtración, un colorante de tonos encendidos, que teñía de púrpura y amaranto las fibras del algodón. Del zumo acuoso de la planta, parecida a la leche, sacaban sustancias curativas para la fiebre en preparados hábilmente concebidos.

Al iniciarse la vida independiente mexicana, en el siglo XIX, llegó a México como ministro de los Estados Unidos de América, el señor Joel Roberto Poinsett (1779-1851) quien en algunas cosas habría de ser funesto para las relaciones entre el vecino país del norte y el nuestro; pero en otros aspectos amó a México, y lo dio a conocer en su país. Fue Poinsettt quien, habiendo ido Tasco, vio en la iglesia de Santa Prisca un nacimiento franciscano, adornado profusamente por unas extrañas grandes flores rojas que le daban un suntuoso aspecto, y enamorado de esa flor, que se llamaba ya de Nochebuena, la envió a su país.

Mando el embajador estadounidense algunas flores y plantas de la cuetlaxóchitl indígena a su casa de Charlestonville en South Carolina, para que adornasen con ellas la mansión y la iglesia, por Navidad: y cuando terminó su misión diplomática en México y regresó a su patria se admiró de ver que en todo los jardines de su pueblo crecían los arbustos de la Flor de Nochebuena, que había sido aclimatada ya, con las plantas que él enviara. Entonces pensó difundir tan hermosa planta por todo el sur de los Estados Unidos, y dedicó sus últimos años a esta tarea, logrando hacer de la flor mexicana el símbolo de la Navidad en el mundo, y ganando con ello una regular fortuna: La Flor de Pascua le fue pródiga.

Por haber sido Poinsett quien difundió por el mundo la flor mexicana, ésta fue llamada también poinsettia pulchérrima, y comúnmente en los Estados Unidos se le conoce como Poinsettia o Christmas flower, representando su mercado en ese país, anualmente, un movimiento de más de 200 millones de dólares en el año de 1965. La flor mexicana adorna por Navidad todos los hogares estadounidenses; se imprime como motivo decorativo en las tarjetas navideñas; se le reproduce en diversos géneros para ornato y con ella se adornan profusamente la Casa Blanca y los edificios gubernamentales. Poinsett visitó a Tasco en 1823, y desde entonces la flor mexicana salió de su ámbito regional, para invadir el mundo entero.

La Dalia, Flor Nacional

Así como el Ahuehuete es el árbol nacional mexicano, por votación popular, la dalia es la flor nacional de México, flor que conquistó al mundo entero, al grado de que merece anualmente homenaje de muchos países. La dalias, llamada así en honor del Botánico sueco Dahl, fue conocida por los indígenas mexicanos, que la domesticaron y cultivaron con amor, como la cocoxóchitl o flor chichipoztle. Es originaría, según el doctor Francisco Hernández, de Cuernavaca y de Tepozotlán y los indios la reprodujeron y cruzaron, obteniendo numerosas variedades de la planta y de la flor, como hábiles floricultores que fueron siempre, desde y inmemoriales tiempos.

Los Aztecas dieron a la flor el nombre de xicamiti, posiblemente derivada de xicama-xóchitl, que significa " flor del camote " porque la planta se reproduce por bulbos. Los españoles la llamaron originalmente jicamite, siguiendo el nombre Azteca, y fue en 1784 cuando Vicente Cervantes envió al abate Cabanilles, director del Jardín Botánico de Madrid, en España, las primeras simientes de la cocoxóchitl. La planta maravilló al padre Cabanilles, quien la cultivo con esmero, logrando una nueva variedad, que bautizó con el nombre de dalía variabilis, en honor del botánico sueco Dahl, con quien sostenía correspondencia científica.

Dahl recibió de Cabanilles algunos bulbos de la nueva planta mexicana, aclimatada en España, y los sembró en Dinamarca, donde residía, iniciando así el cultivo de la flor en los países nórdicos de Europa, sobre todo en Holanda, donde se hizo de la dalia un gran comercio. Holanda tiene actualmente un ingreso de 50 millones de dólares por concepto del mercado mundial que hace de las dalias, que sólo son superadas por el tulipán, en el comercio florístico holandés. En Francia, donde hay tres millones de daliófilos o amantes de las dalias, anualmente se celebra en París la exposición de las dalias, que produce 500 millones de francos en una semana, tiempo que dura el mercado de esa flor mexicana, aclimatada allá.

El doctor Francisco Hernández, en su " Historia de las Plantas de la Nueva España ", hace figurar dos variedades del género Dhalia, la variabilis de Cabanilles y la coccinea, siendo ambas plantas de ornato, con algunas propiedades medicinales. También los ilustres botánicos Mociño y Sessé, en su obra " Plantae novae Hispaniae", señalaron entre las dalias acocotli quauhnahuacensis, que no es, según F. Altamirano, sino la misma dalia variabilis, respecto a la coccinea que menciona Hernández, es la llamada acocoxóchitl, o cocoxóchitl, "flor del acocote".

La dalias es un género de plantas herbáceas, de raíces tuberosas, de la familia de las compuestas, que abarca doce especies indígenas de la altiplanicie mexicana. Las flores, cuando por primera vez fueron llevadas a España, eran simples, con un disco grueso, de color amarillo y rayas escarlata: bajo cultivo, fueron producidas las flores de numerosos matices; pero sobre todo fue modificada la flor, de plana que era en estado silvestre, a una forma tubular. En Michoacán se conoce a la dalia con el nombre de charahuesa, y en el estado de México como jicamiete. El nombre de dalia ha sido adoptado por todo el mundo, menos Alemania, en donde la flor se llama georgine. En 1792 la marquesa de Bute llevó la flora mexicana de España a Inglaterra, donde también se aclimató.

En 1803 Alejandro de Humbolt, en sus exploraciones por el alto México, encontró o a 1700 metros de altitud un campo de dalias silvestres, que recogió en algunas semillas para enviarlas a Europa. Ignoraba que la flor era ya conocida desde hacía veinte años en el viejo mundo. La moda de la dalia se extendió y prosperó durante algunos años, y en 1820 De Candolle, el botánico de Montpellier, se atrevió a plantarlas al aire libre, como planta de adorno. El holandés Van Der Verg hizo que la flor se sembrase en los jardines de toda Europa.

En 1873, un floricultor holandés llevó a Europa una nueva variedad mexicana de dalias, la llamada juarezii, más conocida como " estrella del diablo " por su color subido, de fuego, y sus ligulas largas y enrolladas, que pronto se popularizó. En el Jardín de la Paz, creado en La Plata, Argentina, en 1935. México se encuentra representado por la dalia.

Millares de Orquídeas

Son tantas las especies de orquídeas que existen, todas originarias de México, la América tropical y la ecuatorial, que seguramente muchos países americanos tienen las suyas propias y exclusivas; muchas de esas especies son, desde luego, mexicanas, y sólo Chiapas tiene más de ochocientas especies propias. En Tuxtla Gutiérrez, capital del estado mexicano de Chiapas, se celebró en 1943 el primer Congreso Mundial de Orquidófilos, convocado por la sociedad americana de amigos de las orquídeas, y en el mostró Chiapas, para asombro del mundo, su colosal riqueza de orquídeas.

Sin embargo, es Colombia, país de la América del Sur, el que tiene en el mundo la mayor riqueza de orquídeas, por su variedad de ejemplares, muchos de ellos tan hermosos como verdaderas joyas vegetales. En las calles de Bogotá se venden esas flores raras como comunes, lo cual también pasa en Caracas, la capital de Venezuela. El botánico Juan Balme afirmó que existen en el mundo unas 20 mil especies de orquídeas, de las cuales la más común y proletaria es la conocida vara de San. José; pero Balme desconoció millares y millares de las orquídeas mexicanas, de las que se calcula existen en nuestro país, casi dos millones de variedades.

Muchas de las orquídeas son parásitas que se adhieren a los árboles y plantas para alimentarse del jugo o savía de ellos, sin preocuparse por sacar su sustento de la tierra. Los climas cálidos y de atmósfera húmeda son de los mejores para la propagación de cultivo de las orquídeas, que en su mayoría se dan silvestres, pero que cultivadas lo son en invernaderos. Los ejemplares más raros que se conocen alcanzan precios fabulosos: una orquídea mexicana (5 bulbos y una guía) se vendió en 10 mil dólares en los Estados Unidos de América. Son bellas especies mexicanas de orquídeas las llamadas: " oncidium tigrium ", de rayas oscuras, como la piel del tigre; Pavo Real o miltionia; Garza Real o E. parkinsonianum; y la Mariposa u odont cervantesi, que semeja alada lepidóptera que vuela entre los árboles, con sus alas llenas de caprichosos colores.

Cuando menos hay en México unas 100 especies propias y exclusivas del país, que no se encuentran entre las orquídeas de otros lugares del mundo. Los indígenas precortesianos cultivaban una especie muy bella, llamada tlilxóchitl. Por otra parte, la ciudad de México fue la primera en el mundo en que se empezaron a cultivar orquídeas en estufas o invernaderos, lográndose con tal cultivo alguna raras especies, las más bellas y valiosas. En México se ha formado un orquidario, en memoria de Eric Oslhumd, botánico sueco que escribió un verdadero tratado sobre las orquídeas mexicanas, en las que descubrió no menos de 100 nuevas especies para la ciencia que estudia esas raras flores.

Entre las orquídeas hay verdaderas maravillas de floricultura, como: la " brasso-laelio catleya", de color púrpura, con sus pétalos tan suaves como el terciopelo; la " laelio-catleya rabiana", una variedad americana de aquella misma flor, pero con pétalos blancos o de intenso color morado; la " hyperium " un híbrido de color café claro, muy apreciada en Europa por su aristocrática belleza. La famosa " orquídea negra ", que posee como ninguna un exquisito y perfume, sólo existe en tierras mexicanas, y fue descrita como maravilla maravillosa flor desde 1615, por Fray Francisco Jiménez, en su obra titulada " Los cuatro libros de la Naturaleza ". Esa famosa orquídea negra es la famosa tlilxóchitl que antes mencionamos, y una de cuyas variedades es la flor de la " vainilla ", producto alimenticio mexicano.

En Milpa Alta, un lugar cercano a la ciudad de México, hasta hace poco se cultivaba una variedad curiosa de las orquídeas en las bardas de las casas. Se trataba de la llamada " flor de calavera " o laelia autumnalis, así llamada porque la flor semeja un cráneo humano. Hay otra hermosa variedad que se cultiva al sur del Distrito Federal y es la chichitic-tepetzauxóchitl, cuyo nombre significa "ramillete rojo en el cerro ", por ser flor montuna y de un hermoso color encendido. La lelia grandiflora, enteramente blanca, fue traída de Michoacán, y un ejemplar de esa flor se vendió en 5 mil dólares en Nueva York en 1965.

Las Nasturcias

Las nasturcias fueron descubiertas en estado silvestre en la América del Sur hace ya 400 años, y su semilla fue llevada a Europa, donde se sembró con profusión, convirtiéndose en flores de jardín, muy estimadas por sus cultivadores. Con el transcurso del tiempo se descubrieron nuevas variedades de esa flor; pero hasta el año de 1931 todas las nasturcias de jardín tenían solamente cinco pétalos, igual que los habían tenido las especies silvestres encontradas en América del Sur y domesticadas en los jardines europeos. Entonces alguien descubrió en México plantas cuyas flores tenían de diez a doce pétalos, mucho más hermosas.

La semilla de esa nueva variedad mexicana de las nasturcias, llamada doble o de rayo dorado, fue llevada a los Estados Unidos de América, en donde rápidamente se popularizó, siendo cultivada en diversos colores y matices, muchos de ellos conseguidos a base de continuados cruces. David Burpee quiso encontrar otra variedad de nasturcias, con mayor número de pétalos aún que las flores mexicanas, para lo cual mandó hacer unos 40,000 injertos de plantas, cruzando el rayo dorado mexicano con todas las variedades sencillas conocidas. Todas las flores de la primera generación salieron sencillas, pero la semilla fue preservada y vuelta sembrar, siendo cuidadosamente vigilada la segunda generación.

Cuando las plantas florecieron, una de cada cuatro tenía flores dobles. Una noche, el Señor Burpee examinaba sus invernaderos, admirando su nasturcias, dobles, cuando noto que una era diferente de las demás; y en lugar de tener diez o doce pétalos y aún el doble, tenía como 50, pareciendo una begonia. Esta nueva súper nasturcia fue vigilada con esmero, pero no produjo semillas, porque las flores carecían de pistilo. Sin embargo, sembrando trocitos de su ramas en arena húmeda, echaron raíces, siendo luego trasplantadas las nuevas plantitas en la tierra de antemano preparada. Las flores dieron un poco de polen, que se empleó para hacer cruces con las flores dobles comunes, y así, valiéndose de sucesivos cruces, se logró una constante variedad de súper nasturcias mexicanas.

El Nardo

El nardo es una de las plantas de jardín más populares del mundo, estimada generalmente por la belleza de sus blancas flores y lo intenso de su agradable perfume. Es originaria de México, de donde fue enviada a Europa, España, juntamente con ejemplares de otras flores mexicanas. España envió el nardo a Holanda, en donde se cultivo con esmero y se propagó intensamente, comercializándose su cultivo. Su intenso aroma es más penetrante en las últimas horas de la tarde, siendo más perfumadas las variedades sencillas que las dobles. La planta es, liliácea, de olorosas flores, tuberosa, y en Europa se le identifica con el espicanardo.

Los bulbos del nardo requieren tierra bien drenada para su cultivo, rica en materias orgánicas; después del corte de flores, se sacan estos bulbos de la tierra, antes de que aparezcan las primeras heladas, poniéndolos a secar y guardándolos para el próximo año, en lugares bien secos y aireados. Sé obtienen flores en verano, haciendo plantaciones de bulbos escalonados, durante tres o cuatro semanas, en el verano anterior. Para tener flores en invierno los jardineros retardan la floración, poniendo las macetas en lugares fríos, durante el invierno.

Plantas enanas

Los japoneses cultivan, desde hace mucho tiempo, planta enanas, empequeñecidas por el cultivo y dispuestas ocasionalmente junto a las casas y figuras de tamaño natural. Pero en México se ha creado últimamente un sistema para producir jardines enteros en miniatura, como reproducciones muy curiosas de las grandes. Son jardines completos, con plantas diversas, todas pequeñitas, producidas a escala. El arte de lograrlos es nuevo y asombroso, y es copiado ya por otros pueblos, especialmente el de los Estados Unidos de América. Lo creó el ingeniero agrónomo mexicano, don José Sánchez de la Vega, ayudado por su esposa, y ha sido llamado de varios países extranjeros para que forme allá sus jardines en miniatura, que han hecho comentar que " Los mexicanos son los mejores jardineros del mundo ". Gracias de don José Sánchez de la Vega.