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FRAY
BERNARDINO DE SAHAGÚN:
HISTORIA GENERAL
DE LAS COSAS DE LA NUEVA ESPAÑA.
LIBRO VII, CAPÍTULOS
X, XI, XII Y XIII
Capítulo X: De la gavilla o
atadura de los años, que era después de que cada uno de los cuatro caracteres
había regido cada uno trece años, que son cincuenta y dos, y de este lo
que en este año de cincuenta y dos hacían.
1. Acabada la dicha rueda
de los años, al principio del nuevo año que se decía ome acátl,
solían hacer los de México y de toda la comarca una fiesta o ceremonia
grande, que llamaban toxiuh molpilia; y es casi atadura de los
años, y esta ceremonia se hacía de cincuenta y dos en cincuenta y dos
años, es a saber, después que cada una de las cuatro señales había regido
trece veces a los años.
2. Decíase aquella
fiesta toxiuh molpilia, que quiere decir, "átanse nuestros
años", y porque era principio de otros cincuenta y dos años,
decían también xiuhtzitzquilo, que quiere decir, "se torna
el año nuevo", y en señal de esto cada uno tocaba a las yerbas,
para dar a entender que ya se comenzaba la cuenta de otros cincuenta
y dos años para que se cumpliesen ciento cuatro años, que hacen un
siglo.
3. Así que entonces
sacaban también lumbre, y cuando ya se acercaba el día señalado para
sacar nueva lumbre, cada vecino de México solía echar, o arrojar en
el agua o en las acequias, o lagunas, las piedras o palos que tenían
por dioses de su casa, y también las piedras que servían en los hogares
para hacer comida, y con lo que molían ajíes o chiles, y limpiaban
muy bien las casas y al cabo mataban todas las lumbres.
4. Era señalado
cierto lugar donde se sacaba y se hacía la dicha nueva lumbre, y era
encima de una sierra que se dice Uixachtlan, que está en los
términos de los pueblos de Itztapalan y Colhuacan, dos
leguas de México; y se hacía la dicha lumbre a media noche, y el alo
de donde se sacaba fuego estaba puesto sobre el pecho de un cautivo
que fue tomado en la guerra, y el que era más generoso.
5. de manera que
sacaban la dicha lumbre de palo bien seco, con otro palillo largo
y delgado como asta, rodándole entre las palmas muy de presto con
entrambas palmas como torciendo; y cuando acertaban a sacarla y estaba
ya hecha, luego incontinenti abrían las entrañas del cautivo y sacábanle
el corazón y arrojábanlo en el fuego, atizándole con él, y todo el
cuerpo se acababa en el fuego.
6. Y los que tenían oficio
de sacar lumbre nueva eran los sacerdotes solamente, y especialmente
el que era del barrio de Copolco tenía el dicho oficio, él
mismo sacaba y hacía fuego nuevo.
Capítulo XI: Del orden que
guardaban en sacar la lumbre nueva en el año cincuenta y dos y todas
la ceremonias que para sacarla hacían.
1. Está arriba declarado
que en la sierra de Uixachtlan solían hacer fuego nuevo, y
el orden que tenían en ir a aquella sierra es éste: que en la vigilia
de la dicha fiesta, ya puesto el sol, se aparejaban los sacerdotes
de los ídolos y se vestían y se componían con los ornamentos de sus
dioses, así que parecía que eran los mismos dioses;
2. y al principio de la
noche empezaban a caminar, poco a poco y muy despacio, y con mucha
gravedad y silencio, y por esto decían teonenemi, que quiere
decir, caminan como dioses;
3. partíanse de México y
llegaban a la dicha sierra ya casi cerca de media noche, y el dicho
sacerdote del barrio de Copolco , cuyo oficio era de sacar
(la) lumbre nueva, traía en sus manos los instrumentos con que sacaba
el fuego; y desde México por todo el camino iba probando la manera
con que fácilmente se pudiese hacer lumbre.
4. Venida aquella noche
en que (se) había de hacer y tomar lumbre nueva, todos tenían muy
grande miedo y estaban esperando con mucho temor lo que acontecería,
porque decían y tenían esta fábula o creencia entre sí, que si no
se pudiese sacar lumbre que habría fin el linaje humano, y que aquella
noche y aquellas tinieblas serían perpetuas, y que el sol no tornaría
a nacer o salir; y que de arriba vendrían y descenderían los tzitzimime,
que eran unas figuras feísimas y terribles, y que comerían
a los hombres y mujeres.
5. Por lo cual todos se
subían a las azoteas, y allí se juntaban todos los que eran da cada
casa, y ninguno osaba estar abajo.
6. Y las mujeres preñadas
en su rostro o cara ponían una carátula de penca de maguey, y también
encerrábanlas en las trojes porque tenían y decían que si la lumbre
no se pudiese hacer, ellas también se volverían fieros animales y
que comerían a los hombres y mujeres.
7. Lo mismo hacían con los
niños, porque poníanles la dicha carátula de maguey en la cara, y
no los dejaban dormir poco ni mucho; y os padres y las madres ponían
muy gran solicitud en despertarlos, dándoles cada rato de empujones
y voces, porque decían que si os dejasen a ellos dormir que se habían
de volver ratones.
8. De manera que todas las
gentes no entendían en otra cosa sino en mirar hacia aquella parte,
donde se esperaba la lumbre, y con gran cuidado estaban esperando
la hora y momento en que había de aparecer y se viese el fuego;
9. y cuando estaba sacada
la lumbre, luego se hacía una hoguera muy grande para que se pudiese
ver desde lejos; y todos, vista aquella luz, luego cortaban sus orejas
con navajas y tomaban de la sangre que salía y esparcíanla hacia aquella
parte de donde parecía la lumbre.
10. Y todos eran obligados
a hacerlo, hasta los niños que estaban en las cunas, porque también
les cortaban las orejas; porque decían que de aquella manera todos
hacían penitencia o merecían, y los ministros de los ídolos abrían
el pecho y las entrañas del cautivo, con un pedernal agudo como un
cuchillo según está dicho arriba.
Capítulo XII: De lo que se
hacía después de haber sacado el fuego nuevo.
1. Hecha aquella hoguera
grande, según dicho es de la lumbre nueva, luego los ministros de
los ídolos, que habían venido de México y de otros pueblos, tomaban
de aquella lumbre, porque allí estaban esperándola, y enviaban por
ella los que eran muy ligeros y grandes corredores, y llevábanla en
unas teas de pino hechas a manera de hachas; corrían todos a gran
prisa, y a porfía, para que muy presto se llevase la lumbre a cualquier
pueblo.
2. Los de México, en trayendo
aquella lumbre, con aquellas teas de pino, luego la llevaban al templo
del ídolo de Huitzilopochtli y poníanla en un candelero hecho
de cal y canto, puesto delante del ídolo, y ponían en él mucho incienso
de copal;
3. y de allí tomaban y llevaban
al aposento de los sacerdote que se dicen mexicanos y después a otros
aposentos de los dichos ministros de los ídolos, y de allí tomaban
y llevaban todos los vecinos de la ciudad;
4. y era cosa de ver aquella
multitud de gente que venía por la lumbre, y así hacían hogueras grandes
y muchas en cada barrio, y hacían muy grandes regocijos.
5. Lo mismo hacían los otros
sacerdotes de otros pueblos, porque llevaban la dicha lumbre muy de
prisa y a porfía, porque el que más podía correr que otros tomaba
la tea de pino y así, muy presto, casi en un momento llegaban a sus
pueblos, y luego venían a tomar todos los pueblos de ella;
6. y era cosa de ver la
muchedumbre de los fuegos en todos los pueblos, que parecía ser de
día, y primero se hacían lumbres en las casas donde moraban los dichos
ministros de los ídolos.
Capítulo XIII: De cómo toda
la gente después de haber tomado fuego nuevo, renovaban todos sus vestidos
y alhajas, donde se pone la figura de la cuenta de los años.
1. De la dicha manera hecha
la lumbre nueva, luego los vecinos de cada pueblo, en cada casa, renovaban
sus alhajas, y los hombres y mujeres se vestían de vestidos nuevos
y ponían en el suelo nuevos petates, de manera que todas las cosas
que eran menester en casa eran nuevas, en señal del año nuevo que
se comenzaba;
2. por lo cual todos se
alegraban y hacían grandes fiestas, diciendo que ya había pasado la
pestilencia y hambre, y echaban en el fuego mucho incienso y cortaban
cabezas de codornices, y con las cucharas de barro ofrecían incienso
a sus dioses, a cuatro partes del mundo, estando cada uno en el patio
de su casa, y después metían lo ofrecido en la hoguera, y después
comían tzouátl, que es comida hecha de bledos (huautli,
lo que ahora conocemos como amaranto o alegría) con miel, y mandaban
a todos a ayunar y que nadie bebiese agua hasta mediodía.
3. Siendo ya medio día comenzaban
a sacrificar y a matar hombres cautivos, o esclavos, y así hacían
fiestas y comían y renovaban las hogueras.
4. Y las mujeres preñadas
que estuvieron encerradas y tenidas por animales fieros, si entonces
acontecía parir, ponían a sus hijos estos nombres: Molpilia, etc.,
en memoria de lo que había acontecido en su tiempo, y a las hijas
Xiuhnénetl, etc.
5. En tiempo de
Moteccuzoma hízose aquella fiesta ya dicha, el cual mandó en
todo su reino que trabajasen de tomar algún cautivo que tuviese el
dicho nombre, y fue tomado un hombre de Huexotzinco, muy generoso,
el cual se decía Xiuhtlamin; y lo tomó en la guerra un soldado
de Tlaltilulco que había de nombre Itzcuin, por lo cual
después le llamaban a él Xiuhtlamin – mani, que quiere decir
tomador de Xiuhtlamin; y en el pecho del dicho cautivo se hizo
la lumbre nueva y su cuerpo todo se quemó, según era (la) costumbre.
6. Esta tabla arriba
puesta es la cuenta de los años, y es cosa antiquísima. Dicen que
el inventor de ella fue Quetzalcóatl.
7. Procede de esta
manera, que comienza del oriente, que es donde están las cañas (y
según otros del mediodía, que es donde está el conejo) y dicen ce
ácatl, y de allí van al norte donde está el pedernal, y dicen
ome técpatl; luego van al occidente donde está la cas, y allí
dicen yei calli, y luego van al ábrego, que es donde está el
conejo, y dicen nahui tochtli; y luego tornan al oriente, y
dicen, macuilli ácatl, y así van dando cuatro vueltas, hasta
que llegan a trece, que se acaban donde comenzó; y luego vuelven a
uno, diciendo ce técpatl, y de esta manera dando vueltas, dan
trece años a cada uno de los caracteres, o a cada una de las cuatro
partes de mundo, y entonces se cumplen cincuenta y dos años, que es
una gavilla de años, donde se celebra el jubileo y se saca lumbre
nueva en la forma arriba puesta. Luego vuelven a contar como de principio.
8. Es de notar que
discrepan mucho en diversos lugares del principio del año. En unas
partes me dijeron que comenzaba a tantos de enero; en otras que a
primero de febrero; en otras que a tantos de marzo.
9. En el Tlatilulco
junté muchos viejos, los más diestros que yo pude haber, y juntamente
con los más hábiles de los colegiales se altercó esta materia por
muchos días, y todos ellos concluyeron que comenzaba el año el segundo
día de febrero
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