El Pasaporte de Ernesto Zedillo
(Forum No.58 septiembre de 1997)
Por: felipemoreno.com

Una de las preguntas que se formula todos los días uno de cada mil mexicanos es:¿Cuál es o debe ser el perfil de un auténtico presidente de la República? Para encontrar la respuesta no es necesario elaborar ni grandes estrategias ni sofisticados escenarios como los que hoy pululan por las páginas de grandes y pequeños diarios nacionales. Los elementos primordiales que requiere un hombre común y corriente para convertirse en un verdadero presidente de la República o en un estadista al estilo Mitterrand, De Gaulle, González o García, se encuentran a la vuelta de la esquina. Tan a la vista están que, hasta Manuel Camacho Solís entre otros distinguidos tecnócratas ya los vieron con tan sólo un guiño de ojos y desde hace muchos años.

Sí, lo anterior es sencillo. Para ser el número uno de los mexicanos sólo existe un camino: desterrar las voces que incluso al interior de los mismos Pinos y de colaboradores muy cercanos, siguen hablando de un Presidente que ya se pasó de acotado o que poco sabe en materia política. Ernesto Zedillo, dicen quienes lo ven, ya fue rebasado por sus propios límites y, en la actualidad, únicamente está detenido por un nuevo modelo o forma de gobierno donde la prudencia cada día se confunde más con debilidad. Y más ahora que su partido, el PRI, no tiene la mayoría en la Cámara de Diputados; lo cual, francamente nadie lo entiende v quizá ni el mismo presidente Zedillo. Y menos todavía cuando en todos los lugares políticos de México se habla del grupo gobernante que encabeza Emilio Chuayffet.

Quizá lo anterior sea tan cierto como auténtica es la matrícula de los políticos que recientemente serán incorporados o reincorporados al gabinete zedillista y cuya filiación de fondo es hankista-delmacista o abiertamente chuayffetista.

No obstante esta realidad, existen voces que argumentan, incluso ven otro panorama para México, donde la crítica tiene que ser detenida por sus mismos críticos ante lo que cada día será más real y más real y más evidente. Un país, quiérase o no, alejado del viejo esquema donde la impunidad era la premisa fundamental de toda administración priista. Esta, quizá con las excepciones de Joseph Marie Córdoba Montoya, Carlos Salinas de Gortari y uno que otro distinguido salinista, se haya despedazado ante los indestructibles muros de la historia. Esto último puede explicar muchas cosas; por ejemplo el por qué de ciertas resistencias al cambio político, o el por qué de las constantes fluctuaciones y presiones sobre el peso mexicano y, desde luego, los bru tales embates contra nuestra economía; lámpara de Diógenes que se convirtió de pronto en nuestro talón de Aguiles.

Hoy, todo en materia política es caos y desorden. No obstante y en contra de quien sostenga lo contrario, México avanza en su largo peregrinar democrático a pesar de no contar con el adecuado desarrollo político. Sí, creyó usted bien, a pesar de todo, se avanza en sentido democrático. Sí, a pesar de Ernesto Zedillo se mantienen vigentes las diez reglas fundamentales del poder político en México. Estas permanecen inalteradas y, de no dar mar cha atrás luego de las elecciones del 6 de julio de 1997, las primeras columnas de un liderazgo que surgirá después del año 2000, han sido levantadas. Hoy dicho edificio muestra sus primera piedras que son únicamente pedazos de mineral que tocará a otros pulirlos, hasta darles la forma adecuada a los tiempos modernos.

Pronto, todos los mexicanos -incluso el mismo Zedillo- podrán darse cuenta que un presidente de la República en México debe, ante todo ser líder, ya que la imagen de un primer mandatario -a contrario sensu de lo que muchos pensaban hasta hace unos meses es la imagen de la nación. Hoy, con los triunfos del PAN y del PRD en congresos locales, municipios y estados, México es más democrático. No importa que todo ello sea a costa Zedillo en el tricolor. "Traidor" a su alma mater de la desaparición de toda una clase política que siempre calificará a su Presidente y primer priista del país, como un mero traidor hacia sus siglas partidistas.

Lo anterior es y será al tiempo, un hecho real. Empero, el haber salido victorioso en esta primera prueba, todavía traerá obstáculos ya que en esta guerra de poder, todavía le faltan muchas batallas al presidente Zedillo, quien deberá resolver muchos acertijos antes de entregar el poder en el año 2000 en manos de la oposición. Pues como se le vea, Zedillo está prácticamente copado por dos grupos políticos y uno tecnocrático, con los cuales siempre correrá el riesgo de ser el jamón del sandwich político.

El primero de sus riesgos tiene que ver con la comunicación; es decir, en todas sus acciones siempre deberá imperar una certeza poco vista hasta el momento. Estamos hablando de para poder entrar con sus gobernados, siempre de manera clara, abierta sin metáforas o paradojas que la ciudadanía no entiende o bien interpreta equivocadamente, quedando Zedillo en medio de un caldo para el cultivo de rumores, chistes y paradojas.

El lenguaje de un líder siempre debe ser claro franco y directo; más cuando se trata de un primer mandatario o un estadista. Y, en esto, Ernesto Zedillo debe entender que nunca lo será. Ya que siempre será básico que un presidente muestre su firmeza en sus decisiones. Nunca debe mostrar debilidad, miedo o incertidumbre como ha sido hasta estos momentos.

Si al tomar una determinación el Presidente comete un error, como ya pasó desde que nombró a su inexperto gabinete o con los parches que te ha puesto a la PGR y a la Secretaría de Gobernación, ya no mencionemos al PRI; estos errores siempre debieron ser corregidos sobre la marcha, nunca como se dio desde un principio, siempre regresando al punto de partida, pues dichos retrocesos tan uniformemente ocurridos siempre implicarán un serio y severo retroceso que ya tuvo drásticas repercusiones más allá de la imagen de un partido como el PRI y sobre e( mismo presidente Zedillo, si se le sigue considerando como la pieza fundamental de dicho instituto político.

Ernesto Zedillo ya vio que actuar con titubeos y vaivenes sólo le provoca juicios adversos, indecisiones, temores infundados, críticas que ya no sólo se traducen en falta de experiencia u oficio político sino que van más allá. Es decir, Zedillo como el líder siempre debió despertar admiración y confianza entre sus gobernados o seguidores luego de aquellos olvidados y lejanos resultados del 21 de agosto de 1994.

En México como en ninguna otra parte del mundo, un presidente se debe a su pueblo y los mandatos que el mismo le imponga. Se gobierna para todos o ninguno. Hoy, este punto está en veremos, ya que la oposición gobierna y legisla más allá del 50 por ciento.

A pesar de lo que hoy se siga argumentando, a Ernesto Zedillo de aquellos ¡17 millones de votos! Cada día le quedan menos. Es más, muchos de aquellos sufragantes en el 94, se estrellan en las paredes de sus casas diciendo: ¡por quién! Y para qué votamos el 21 de agosto de 1994.

El león no salió ni rugió; simplemente se escondió o no pudo evitar una avalancha democrática que hoy se antoja irreversible. Y si, aunque sea tarde, más vale apuntalar ese avance democrático que se dio más en favor del PRD que del PAN. Sí, que bueno que la puerta se abrió antes que la confusión y la desilusión hicieran presa a todos los mexicanos de acciones impredecibles.

Hoy la credibilidad del Presidente sólo puede ser cuestionada por los miembros de su partido, aspecto por demás intrascendente a en el recetario de un presidente de la República o de un líder político, ya que dicha credibilidad siempre estará por los suelos ante los prisitas que llegarán a tacharlo de traidor a su alma mater, cuando Zedillo apenas si sabía lo que significaba el PRI.

A estas alturas de la sucesión presidencial de Ernesto Zedillo no bastarán los ajustes y reajustes que se hagan en su gabinete. A tal punto están las cosas al interior del equipo zedillista que la legalidad obtenida por Zedillo aquel lejano 21 de agosto hoy se ha convertido en la más abierta de las impopularidades, cual veneno, siempre letal, sólo comparable con la ilegitimidad que siempre tuvo Carlos Salinas de Gortari, aunque la de Zedillo sea ante los integrantes de su partido. Es decir, hoy a pesar de que Ernesto Zedillo es el Presidente más legal de los mexicanos en 66 años priístas, también es por la fuerza de las circunstancias políticas y legislativas, el más débil de todos los mandatarios mexicanos luego del ingenuo Francisco I. Madero. Sobre todo por los rumores y los vicios de un sistema decadente, donde siempre se le otorgará mayor valor a las voces de los resentidos y tránsfugas de un sistema que siempre han cuestionado, e incluso sentenciado, a más de un presidente de México por impopular, fraudulento, corrupto, inepto o fugaz, como Pascual Ortiz Rubio o Pedro Lascurain, por ejemplo. En este sentido y no otro es como deben ser interpretadas las recientes campañas desestabilizadoras contra México, los ataques contra el peso y los embates contra nuestra economía o las leyes extraterritoriales de Estados Unidos de América hacia México y los mexicanos. En este contexto deben ser ubicados también los rumores del viernes 3 de noviembre de 1995

sobre un golpe de Estado, las altisonantes declaraciones del perredista Porfirio Muñoz Ledo, para que se impulse una nueva y profunda reforma democrática, entre otros comentarios que bien pudieran ser los primeros mensajes para un hombre como Ernesto Zedillo que sólo tendrá la obligación de rendirle cuentas a la historia y a nadie más. Si Ernesto Zedillo ha tomado a Juárez como símbolo, como se vio la misma noche del 6 de julio de 1997, debe emularlo en todo o dejarlo descansar en paz para siempre.

El aval para Zedillo es único y parece que ya lo entendió, como también ya lo hicieron otras fuerzas sociales que al igual que el EZLN -nuevamente en ebullición- hasta hace unos días pregonaban su remoción. Sí, a pesar de que no sea lo mismo por los miembros del PRI, su instituto político.

A este voto de confianza y en pos de un liderazgo real y sin interferencias, Ernesto Zedillo deberá seguir sumando otros ingredientes fundamentales como la honestidad que nunca podrá ser sinónimo de honradez. Es decir, Zedillo debe comenzar a reelaborar su papel de líder priísta; el papel del hombre por el cual votaron más de 17 millones de ciudadanos, y a quien quieren ver ya tomar las riendas de un país, sin compartir y menos repartir el poder, respetando en todo a sus adversarios políticos sin permitirles mayores canongías o beneficios metaconstitucionales.

México es un pais de un solo hombre y no sólo Zedillo lo sabe. Ese secreto es compartido hoy con Cuauhtémoc Cárdenas, quien gobernará al Distrito Federal a partir del 5 de diciembre. Así hay que verlo y entenderlo. Zedillo, al igual que sus opositores, debe darse cuenta que es, ante todo y por encima de panistas, perredistas, petistas o verde ecologistas, el presidente de los Estados Unidos Mexicanos con todas sus prerrogativas y facultades, o sea, un individuo como lo será Cuauhtémoc Cárdenas en el Distrito Federal, dos ciudadanos a quienes la historia habrá de juzgar en tan sólo tres años.

Para muchos mexicanos, Zedillo debe convertirse en el auténtico presidente de México, el que no manda decir a través de subordinados que él manda. El, Zedillo debe entender finalmente que es el único que manda en el Ejército y, por lo mismo, se sobre entiende que en el liderazgo de Zedillo el que debe mandar es uno y nunca otros, como pudiera ser el caso de Porfirio Muñoz Ledo. Si Ernesto Zeditto debe saber que un Iíder de verdad nunca se manda decir en forma abyecta o prefabricada que él manda como muy recientemente se lo ha hecho sentir el secretario sustituto de la CTM, Leonardo Rodríguez Alcaine.

Es cierto, cuando Zedillo fue postulado como candidato sustituto del Partido Revolucionario Institucional, no era conocido al interior del priismo; sin embargo, la maquinaria del Revolucionario Institucional lo sacó adelante. 0 sea, ésta, quiera o no, es su alma mater política y su principal apoyo político. En este sentido, luego de haber declarado que sería "un priista pasivo", ha rectificado no a medias. Por lo mismo se le ubica donde siempre, pues nunca entendió que debía actuar como lo hicieron Felipe González, William Clinton, Francois Mitterrand o Helmut Kohl, quienes no sólo manejan las riendas de su país, son fueron y serán a la vez líderes de sus respectivos partidos, sin menos cabo de otra fuerzas sociales políticas. De no haber sido así, de quién iba a ser líder Mitterrand.

La lección está ahí, ¿de quién va a ser líder Ernesto Zedillo cuando hoy el PRI es minoría?

En esta guerra por el poder, donde hoy ciertos grupos le disputan el liderazgo a Ernesto Zedillo en la Cámara de Diputados y se ven personajes políticos asesinados y otros tras las rejas o bien en el ostracismo político, el Presidente debe tomar nuevamente fa iniciativa. Actitud que muchos mexicanos, no sólo los hombres de empresa, comercio o finanzas, quieren ver desde el i de diciembre de 1994.

Hoy, todos los mexicanos quieren saber quién manda en México, con serenidad, paciencia y fuerza espiritual. Ya sea Zedillo o Joseph Marie Córdoba Montoya. Hoy, nadie puede dudar cuando se dice que Ernesto Zedillo ya no cuenta con la fuerza moral de todos los mexicanos, pues no son los mismos aquellos que votaron por el PRI el 21 de agosto de 1994.

Las tendencias ya no se pueden revertir. Ernesto Zedillo no puede dar marcha atrás, todo debe ser cuesta arriba y en favor de la democracia. Aunque les duela a los miembros de su partido, ya que así se lo están exigiendo las circunstancias. Es probable, pero no importa, que en esta odisea todo el país se vista de azul o de amarillo pero México requiere una urgente transición democrática y, sobre todo, pacífica.

Esto último, en un sexenio que se vislumbra perdido para el PRI-gobierno, quizá sea lo Único que pueda aportar un presidente a México.

Si, doctor Zedillo, aunque lastime a los priístas de viejo o nuevo cuño esa es la única medicina para un México hambriento de sed y justicia. Y, como creemos, si este enfoque es el correcto, esta terapia intensiva será a la vez su obligado pasaporte hacia la posteridad. No importa que se diga o llegue a decir, por voces interesadas y en el corto plazo, que Ernesto Zedillo traicionó a su partido.

¿Acaso no es democracia lo que exigen el PAN, PRD, EZLN y las llamadas organizaciones no gubernamentales? Esa, señores, sólo se logrará una vez que todos hayamos enterrado, de una vez y para siempre, al mal llamado PRI-gobierno. Aunque mañana se llame PAN-gobierno o PRD-gobierno.

Si alguien tiene una idea mejor, aquí esperamos sus sugerencias.