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El PRD o la Revolución  perdida

por Felipe Moreno

 

Todo comenzó el día en que Gustavo Díaz Ordaz citó en su despacho de Palacio Nacional al neoleonés Alfonso Martínez Domínguez y a los principales líderes sectoriales de su partido, para comunicarles que la "gran decisión" había recaído en un nombre que reunía tres características fundamentales: inteligencia, corazón y agallas. Ese era nada menos que su secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez.

Hasta esos años, 1969-1970, se remontan los orígenes del PRD. Incluso se podría decir que su gestación comenzó en la gran crisis de los años sesenta, donde el sistema político mexicano habría de experimentar ese gran parteaguas histórico que desembocó en el movimiento estudiantil de 1968.

 

Las todavía oscuras circunstancias del sexenio 64-70, que rompieron la continuidad histórica de México al llevar el PRI a Luis Echeverría Álvarez a la presidencia de la República, siguen vigentes..

 

La gran ruptura que hoy vive el PRI, y de la cual no ha podido y quizá no pueda recuperarse nunca, no es ajena a esos acontecimientos. Durante el gobierno de Luis Echeverría es que el PRI sufre su primera gran división, cuando, sin motivo aparente, el nuevo mandatario comienza a desaparecer, políticamente, al grupo que encabezaba al interior de su partido el General Alfonso Corona del Rosal.

 

A los pocos meses de haber asumido la presidencia de la República sería traicionado el poblano Gustavo Díaz Ordaz por quien había sido su Secretario de Gobernación.

 

 Meses después, tras los sucesos, también sangrientos del jueves de corpus, - 10 de junio 1971 -, caía otra pieza clave del diazordacismo. El ahora ex Senador por el Estado de Nuevo León Alfonso Martínez Domínguez, quien sería reintegrado más tarde a la política nacional por el hoy expresidente José López Portillo, se enteraba, mediante las ocho columnas de los periódicos capitalinos, que había dejado de ser el Regente de la ciudad de México. Esa fue otra gran decepción que lastimó a Gustavo Díaz Ordaz ya que al momento de ser enterado Luis Echeverría, que sería el próximo abanderado priísta a la Presidencia de México y que podía sustituir, en el momento que quisiera, a su presidente de partido, el ya candidato presidencial le manifestaba al Presidente que: " Alfonso era un político completo, hábil, institucional y profundo conocedor del sistema y que era su deseo que él manejara su campaña".

 

No cabe duda que los planes del ahora huésped de San Jerónimo eran otros. Desde su arribó a la presidencia de la República comenzó a proyectar políticamente a un grupo de jóvenes que no habían abrevado nunca en las cristalinas aguas de la Revolución Mexicana, como es el caso del actual candidato del Partido Auténtico de la Revolución Mexicana a la presidencia de México, Porfirio Muñoz Ledo y muchos otros claramente identificados por su inclinaciones ideológicas de "izquierda". Es a partir de esos años, donde se deja sentir una lucha sorda al interior del PRI. Los roces entre izquierda y derecha se agudizan y la conocida "Ley del Péndulo" comienza a sufrir modificaciones sustantivas. No obstante, Don Luis tenía un gran obstáculo: la presencia física de uno de los principales pilares de la Revolución Mexicana, el General Lázaro Cárdenas del Río. Empero, Echeverría no tuvo que esperar mucho tiempo para ver coronadas sus pretensiones: la naturaleza fue  bondadosa con Echeverría; durante los primeros años de su mandato vino la desaparición física de quien fue un protagonista fundamental de los años postrevolucionarios. Así, la vía quedaría libre para el ex embajador plenipotenciario de México en Australia, sobre todo para que se convirtiera en la cabeza  ideológica de la llamada “izquierda institucional”.

Ya como cabeza de grupo y luego de aquellas declaraciones que aterraron a los Estados Unidos de Norteamérica, cuando dijo que su gobierno sería socialista, Echeverría pasó de las palabras a los hechos arremetiendo contra la derecha revolucionaria de su instituto político, inspirado en aquel lema de "Arriba y Adelante".

 

Para fortuna de México, el tiempo no estuvo en su favor. Seis años de administración no fueron suficientes para que consolidara su proyecto de llevar a México por los caminos del populismo.

 

Desde el primero de diciembre de 1976 y, hasta la fecha, el acérrimo populismo persiste en ese objetivo, aunque muchos sostengan lo contrario.

 

Esa gran fractura en el sistema político de México, provocada en los sesentas, comenzó a ser más profunda durante la administración de José López Portillo; y más con la incorporación a las nóminas gubernamentales de un grupo selecto, exquisito que hoy pretende hacer política.

La tecnocracia, ahora tecno - política, había llegado al poder. La famosa ley del péndulo se rompió y la alianza “izquierda - derecha” que hacía del PRI un partido” invencible y dominante", dejó de operar. La aplanadora dejó de existir, dando paso a uno que otro significativo avance de la oposición, sobre todo de derecha que, al día de hoy, es un verdadero dolor de cabeza..

 

La corriente populista, ahora neo - populista, habría de echar su resto durante el sexenio de Miguel de la Madrid, donde se utilizaron, una vez más, las estrategias, tácticas y medios que permitieron llevar a Luis  Echeverría a  la presidencia de República. Los más sobresalientes herederos del echeverrismo intentaron "incendiar" la universidad para provocar otro 68. Solamente se les olvido que no es lo mismo los "Tres Mosqueteros", veinte años después.

A mediados de la administración de Miguel de la Madrid, un grupo de priístas “de izquierda”, en su mayoría descendientes y ideológicos del populismo echeverrista, surge con la embozada intención de obtener la candidatura del PRI a la presidencia de la República. Las calles y el zócalo de la ciudad de México fueron testigos de la reaparición, en la escena política, de rostros que en otras épocas brillaron durante el sexenio 70-76 y, por lo mismo, gozaban de la protección del echeverrismo.

 

Luego de las declaraciones del Senador norteamericano y Jesse Helmes, en 1986, en las que calificaba México de ser un país "donde proliferan los narcotraficantes", se comienzan a dar en México significativos movimientos para "defender la soberanía de México", como lo dijera el entonces líder del Senado Antonio Rivapalacio en uno de sus viajes al vecino país del Norte. Posiblemente engañado por esas falsas señales que motivó una congresista mexicana y recalcitrante echeverrista que, por cierto, responde al nombre de Silvia Hernández,  - en una reunión del parlamento mundial -, es que el entonces presidente del Comité Directivo del PRI en el Distrito Federal, Jesús Salazar Toledano, convoca a una marcha al zócalo. Es ahí, durante esa marcha - mitin, donde se ve, después de muchos años, a todo un grupo de priístas "progresistas" que tuvieron un papel destacado durante la administración de los años 70 - 76

Al lado de Salazar Toledano caminaron Ifigenia Martínez, Porfirio Muñoz Ledo y muchos otros echeverristas, como el actual candidato del PRI al gobierno de la ciudad de México, Jesús Silva Herzog.

El "destapador" Salazar se había equivocado y, al firmar aquel manifiesto de protesta con el PSUM en contra de la política intervencionista de los Estados Unidos, tendría que salir por primera, -  la segunda fue después de su “destape” en noviembre de 1986, de las oficinas del PRI en la capital del país.

Se deroga la ley del péndulo.

 

Los antecedentes de la  "corriente democrática" se pueden ubicar, con mayor nitidez, en aquel grupo que comenzó a reunirse en la casa del ahora ex priísta Rodolfo González Guevara en Coyoacán y cuyas ideas fueron escamoteadas por el ex Senador Porfirio Muñoz Ledo.

Al parecer, las intenciones de aquel grupo eran sanas y sólo pretendían mejorar su organización partidista. En la casa del influyente ex priísta González Guevara se diseñaron las nuevas estrategias que, para disgusto de la mayoría, Porfirio Muñoz Ledo hizo suyas. Al auto nombrarse  líder de la “corriente democratizadora”, irritó a los integrantes del grupo, provocando ser desconocido por el anfitrión. Sus posturas líderezcas no le gustaron a nadie.

Había comenzado la diáspora priísta. Los intentos por atraer a las obejas descarriadas no se hicieron esperar. No obstante los esfuerzos del hidalguense Adolfo Lugo Verduzco, entonces líder nacional del tricolor, falló en su encomienda y por tal motivo fue "sacrificado" enviándolo a gobernar su estado. Su postulación como candidato al gobierno de Hidalgo, se debió, en gran parte, al crecimiento del movimiento disidente. La corriente democrática o democratizadora al interior del PRI, también sepultó sus máximas aspiraciones: la presidencia de la República.

 

La llegada del chiapaneco Jorge de la Vega Domínguez a la dirigencia nacional del PRI, abriría una posibilidad de negociación o reconciliación. El chiapaneco gozaba de tener fama de conciliador, así lo había demostrado veinte años antes durante el movimiento estudiantil de 1968 en que, junto con Andrés Caso Lombardo, fue una pieza fundamental en el asunto estudiantil.

 

Tal vez Jorge de la Vega Domínguez hubiera alcanzado sus propósitos. Es más, se puede decir que estuvo a punto de lograrlo, pero cuando eso iba a suceder durante la XIII Asamblea Nacional del PRI, en la única y última ocasión que estuvieron presentes los expresidente de la República en un acto partidista, - recuérdese a López Portillo y a Luis Echeverría causando conmoción en el viejo auditorio nacional -, el tono del discurso de Jorge de la Vega fue cambiado. De la conciliación, por ordenes de Miguel de la Madrid, se pasó a la confrontación. Aquellas palabras en boca del chiapaneco sonaron fuerte en los oídos de los integrantes de la desaparecida corriente democrática. El PRI, dijo Jorge de la Vega: "No acepta, ni aceptará quintas columnas ni caballos de Troya". La fractura se ahondaba. El distanciamiento se agudizada, pero todavía se podía dar una solución.

 

Los últimos intentos

 

 El tiempo seguía transcurriendo. Meses después la corriente democrática haría su último intento por no salirse del PRI, pero todo era inevitable, el final había llegado. El ahora ex gobernador hidalguense Humberto Lugo Gil, entonces secretario general del CEN del PRI y Jesús Salazar Toledano, presidente de la Comisión Coordinadora de convenciones, acudieron a esa última cita que tuvo lugar en las antiguas oficinas del ICAP en Puente de Alvarado. Fue una reunión a piedra y lodo, a donde los medios de comunicación no tuvieron acceso. El resultado era evidente. El PRI se había cerrado a toda negociación y de apertura. Ese día, el temeroso Muñoz Ledo decidió quedarse en el monumento a la Revolución. En su paranoia decía, a todo aquel que quería escucharlo, que en las inmediaciones del PRI había tanques y soldados. La también temerosa Ifigenia Martínez, del brazo de otros democratizadores, caminó hasta el lugar de la cita con las autoridades priístas. A pesar de ser unas cuantas calles las que separan a la Plaza de la República con Puente de Alvarado, para los ex democratizadores y ahora perredistas, fueron los pasos más largos de su vida. El largo camino hacia la nada había comenzado.

 El resultado de la reunión a la que, con cierta dificultad pudo entrar Ifigenia, y donde ya se encontraba Ignacio Castillo Mena, disidente perredista y ex embajador de México en Ecuador, no fue nada favorable para los democratizadores. Se les puso un ultimátum, la disciplina o la calle. Según las máximas autoridades priístas, Porfirio, Cuauhtémoc y demás seguidores, habían violado las reglas no escritas del sistema.

 Fuera de aquel lugar, una lluvia como pocas. Parecía no mojar, pero los ahí presentes escurrían agua por todos lados. César Buenrostro defendía, - como canino- , una mojada caja de cartón, en donde decía, estaba todo el soporte documental para avalar la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas como candidato del PRI a la presidencia de la República.

 

La ruptura definitiva

 

Antes de la ruptura definitiva de Cuauhtémoc Cárdenas y Muñoz Ledo, la Corriente Democrática había firmado varios documentos luego del último informe de gobierno del ex gobernador michoacano al que asistieron: Luis Tello Macías y Javier García Paniagua; apareció un documento donde figuraban los nombres de: Augusto Gómez Villanueva, Gonzalo Martínez, Corbalá, Rodolfo González Guevara, Severo López Mestre, Janitzio Mújica Rodríguez Cabo, Ifigenia Martínez Hernández, Oscar Pintado Cervera, Leonel Durán, Ramiro de la Rosa, Alejandro Rojas, Luis Pliego Ortiz, Ricardo Valero y Manuel López Obrador, entre otros.

 

No obstante las "pruebas documentales" y otras evidencias, las pláticas en el ICAP fracasaron. Cuauhtémoc Cárdenas sólo buscaba que se aceptara su registro como precandidato del PRI a la Presidencia de República. Humberto Lugo Gil, entonces Secretario General del CEN del PRI, dijo la última palabra. Todo fue negativo, no hubo arreglo y, con cajas destempladas, la comitiva regresó al Monumento la Revolución, donde pacientemente esperaba Cuauhtémoc Cárdenas.

 

Porfirio y Cuauhtémoc, luego de haber escuchado a Castillo Mena, dialogaron breves minutos en una vieja camioneta Jeep Wagoner. Minutos después salían para subirse al improvisado estrado ubicado en Plaza de la República y, bajo la bóveda del Monumento a la Revolución Mexicana, tal vez inquietando el sueño eterno de sus moradores, anunciaban su salida definitiva del PRI.

 

Ese fue el momento culminante de la Corriente Democrática, el rompimiento definitivo entre la izquierda y la derecha del Revolucionario Institucional. El PRI dejaba de ser un partido equilibrado, en donde sus diferencias se resolvían internamente. Las estructuras moldeadas a lo largo de 60 años se tambaleaban y la "ropa sucia", comenzaba a lavarse públicamente. Desde octubre de 1986, la Corriente Democrática se convertiría en el principal dolor de cabeza para los dirigentes del Revolucionario Institucional.

 

El PRI había perdido la brújula. En la precipitación de los acontecimientos y alejado de todo proceso estatutario, Jorge de la Vega expulsaba de facto a los democratizadores mediante un documento donde señalaba "ya usted no colabora". La falta de permeabilidad de las estructuras priístas para absorber a las nuevas generaciones hacía más evidente su avanzado estado geriátrico. Se agudizó desde entonces la falta de ideólogos y la perdida en su capacidad de respuesta a los legítimos reclamos de las clases populares fue total.

 

El PARM primer refugio del Cuauhtemismo

 

Ante los hechos, Cuauhtémoc Cárdenas se arrojó a los primeros brazos que le fueron extendidos. Es acogido por las siglas del PARM, quien lo postula como su candidato a la Presidencia de la República.

 

El PARM estaba en crisis, acababa de recuperar su registro luego de la abrupta salida de Mario Guerra Leal; por lo mismo, Cuauhtémoc Cárdenas era un apetitoso bocado que le significaba su permanencia dentro del sistema político de México. La llegada de Cárdenas también representaba una importante oxigenación política para el partido de Cantú Rosas.

 

Tal postulación del ex gobernador michoacano habría de generar un sisma político al interior del PARM al ser "tomados por sorpresa" algunos de sus dirigentes. De inmediato se dio la escisión parmista encabezada por Pedro González Azcoaga, - alias "la migajona" -, ex secretario general del PARM y Raúl Esnaurrizar, quienes enarbolaron como bandera de lucha la restitución de la legalidad al interior de su partido.

 

La disidencia priísta habría llevado el divisionismo al PARM. De los 11 Diputados Federales parmistas, la mayoría pertenecía a Carlos Enrique Cantú Rosas presidente nacional del PARM; de todos ellos quizá sólo se salvaba el legislador Jorge Masso Masso.

 

A mediados de 1987, alentada por las llamas de la sucesión presidencial, la temperatura política del país alcanzaba altos grados. Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo en plena disidencia se movían fuera de todas las directrices priístas de la disciplina. Al cerrárseles las puertas del tricolor y las nóminas del gobierno federal, buscaban alternativas que los sacaran a flote. Después del PRI, el PARM era lo más cercano a su ex partido.

Los meses de mayo y junio fueron de escarceos y primeras pláticas. González Azcoaga y Esnaurrizar fueron los primeros puentes con los democratizadores. La propuesta de origen fue que Muñoz Ledo ofrecería al PARM una importante asesoría política. A cambio de ésta, el PARM apoyaría a Cuauhtémoc Cárdenas como su candidato a la presidencia de la República. Los encuentros con Cantú Rosas se darían hasta el mes de agosto.

 

El enlace entre estos personajes suigéneris de la política mexicana y los democratizador sería nada menos que Evaristo Pérez Arreola, eterno dirigente sindical universitario, quien históricamente ha demostrado ser ideológicamente incongruente. Pérez Arreola es todo un caso: tránsito por las filas del PCM, PSUM, la Asociación Democrática Coahuilense y el PARM. El ex dirigente universitario no da "paso sin huarache", buscó y obtuvo la presidencia municipal de Ciudad Acuña en el estrado del Coahuila.

Mientras en la sede del PRI se llevaban a cabo las pasarelas de agosto de 1987, se dieron muchas pláticas entre Cantú Rosas y los parmistas eventuales. Con discreción continuaron en septiembre, aunque también es cierto, sólo las cúpulas parmistas sabían realmente lo que estaba sucediendo. El desenlace vendría el 10 de octubre, cuando Cantú Rosas invitó a desayunar a Pedro González Azcoaga en casa de Cuauhtémoc Cárdenas. Reunión a la que también asistieron Ifigenia Martínez y Muñoz Ledo. Los planteamientos expuestos por los democratizadores fueron concretos. Cuauhtémoc Cárdenas debía quedar en libertad para poder establecer alianzas con otras fuerzas políticas. Horas más tarde, Adolfo Kunz Bolaños, ex diputado federal y entonces precandidato parmista a la presidencia de la República por el partido de "La Nueva Era", platicaba con González Azcoaga sobre los riesgos que significaban los acuerdos tomados con los recién llegados. Cantú Rosas por su parte, convocó a una junta de evaluación electoral el 12 de octubre, evento al que se quiso dar cariz de Consejo Nacional. Acto seguido, el tamaulipeco se dirigió a la casa de Cuauhtémoc Cárdenas ha externarle su incondicional apoyo.

 

Los ánimos se caldearon al interior del PARM, brotó la impugnación por parte de González Azcoaga y Esnaurrizar. Pero Cantú Rosas, a quien se puede acusar de todo, menos de tonto, tenía ya todo preparado para el 14 del mismo mes, en donde la dirigencia nacional del PARM convocaría a Asamblea Nacional en sus oficinas centrales. De ahí saldría Cuauhtémoc Cárdenas como candidato del PARM a la Presidencia de la República.

 

Esta reunión no fue " miel sobre hojuelas ". La postulación de Cuauhtémoc Cárdenas y la misma asamblea fueron severamente cuestionadas. El resultado no se hizo esperar, Cantú Rosas movió sus hilos y removió del cargo a González Azcoaga. En el lugar de " la migajona " fue puesto Oscar Mauro Ramírez Ayala, quien el año de 1992, y sin ningún éxito, intentó derrocar a su protector de la dirigencia nacional del PARM. Los hechos anteriores no estuvieron exentos de violencia.

 

Mientras los parmistas resolvía sus diferencias, Cuauhtémoc Cárdenas permanecía cerca del lugar de la reunión a la que finalmente se presentaría al filo de las tres de la tarde. La mesa estaba puesta.

El controvertido político michoacano firmaría su afiliación al PARM, rindiendo protesta como partidista y candidato de ese partido a la Presidencia de la República.

 

De esta forma, un partido insignificante, producto de la segunda fractura del sistema político mexicano, que tuvo como primer presidente al General revolucionario Juan Barragán, y que poco ruido había hecho a lo largo de su precaria existencia, ocupaba de pronto importantes espacios periodísticos por el doble acontecimiento. Destape y escisión en las filas del PARM, apuntarían los diarios nacionales.

Los acuerdos subterráneos y la aparición del FDN

 

El camino de los " democratizadores " todavía sería azaroso. La estadía de Cuauhtémoc Cárdenas, en donde dice Cantú Rosas alguna vez Porfirío Muñoz Ledo llegó compartir " El PARM y la sal ", sería breve ya que comenzaron a darse una serie de acuerdos subterráneos para sumar nuevas fuerzas políticas. El primero en caer en las garras de Cuauhtémoc Cárdenas fue el Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional -PFCRN  o ex PST-  fundado por Graco Ramírez y Aguilar Talamantes, dos personajes que antes habían militado en el PMT y luego, distanciados de Heberto Castillo, con el apoyo de Luis Echeverría Álvarez consolidarían su proyecto político en 1977.

 

A los acuerdos con Rafael Aguilar Talamantes siguieron los del PPS y otras fuerzas políticas de izquierda de menor envergadura que en total sumaban 15 o 20 grupos.

 

El distanciamiento, incluso de tipo personal, entre Heberto Castillo y Cuauhtémoc Cárdenas, hacía casi imposible la inclusión del PMS dentro del FDN. El dirigente del Partido Mexicano de los Trabajadores quería ser, y lo fue por unos meses, candidato presidencial; después de pasar por una elección interna fue postulado por un congreso el 11 de marzo de 1988.

 

Pero a los pocos meses, lo despoblado de la campaña de Heberto y el peligro de que perdiera su registro al no alcanzar en 1988 1, 5 % de los votos, hizo que Heberto doblara las manos y reconociera la capacidad de convocatoria del ex priísta Cuauhtémoc Cárdenas. El candidato del PCM, tuvo que tragarse muy pronto las palabras donde calificaba a Cuauhtémoc Cárdenas de ex priísta sostenido por partidos pro - priístas y por gente que toda su vida había sido progobiernista. Heberto decía de Cuauhtémoc Cárdenas en marzo de 1988: " esta en el PARM por pura conveniencia" y lo que es el Frente Democrático Nacional asemeja más un montón de piedras que tiene un solo fin electorero.

 

 El Reencuentro ideológico de Heberto Castillo

 

La dimisión del ingeniero Heberto Castillo como candidato del PMS y su adhesión a la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, tuvo que darse, a pesar de sus distanciamientos. No obstante, más que sumarle votos a la campaña del ex gobernador michoacano, fue el gran error histórico del llamado neo - cardenismo. De inmediato, salió a relucir la " verdadera imagen de Cuauhtémoc Cárdenas" y sus inclinaciones comunistas. El PMS, poco a poco fue haciendo de lado a los llamados partidos paraestatales, aunque, también es cierto, la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas a la Presidencia de la República fue apoyada por varios partidos, no sólo por el PMS

 

La desaparición del Frente Democrático  y los núcleos del PRD.

 

Después de los relámpagos de julio en donde el panista Diego Fernández de Cevallos dijo en aquella reunión de la entonces Comisión Federal Electoral, " se cayó el sistema ", frase que se le adjudicó erróneamente al poblano Manuel Bartlett, el sistema político mexicano vivió momentos álgidos y de una gran efervescencia política.

 

La Cámara Diputados donde el PRI tenía una raquítica diferencia de 13 diputados y Guillermo Jiménez Morales pasaba " las de Caín ", se convirtió, en un verdadero erradero, donde se dejaron sentir las más violentas reacciones y los más altisonantes comentarios. El país, representado en las cámaras, era un verdadero caldero a punto de reventar. Se cuestionó la elección presidencial, se habló de ilegitimidad del presidente Carlos Salinas; el naciente PRD comenzó por adoptar medidas más beligerantes y totalmente alejadas de los principios del derecho. Comenzó la resistencia civil.

 

La primera división que se hizo evidente en la Cámara de Diputados durante la LIV Legislatura, ocurrió cuando el grupo encabezado por Rafael Aguilar Talamantes, abandonó el llamado FDN. Así como se acordó formar este frente en octubre de 1986, poco a poco se fue disolviendo. Sobre todo después de aquella declaración de Ricardo Pascoe Pierce, cuando acusó al PFCRN y al PPS de haber optado por la autoexclusión y de estar al servicio de los intereses particulares de sistema y del gobierno. Sin hacer un análisis más serio, Pascoe Pierce acusó de entreguista a Indalecio Sáyago dirigente del PPS y a Rafael Aguilar Talamantes del PFCRN.

 

A la salida del PFCRN siguió la independencia del PPS, que de acuerdo con los resultados de la elección del 88, había registrado la mayor votación en su historia partidista.

 

La versión difundida por el PPS público su salida como consecuencia directa de los problemas entre la Corriente Democrática y el PMS, hechos que generaron una gran confusión en el proceso de postulación del candidato a la gubernatura de Baja California. En la reunión de Mexicali, en donde se discutiría la candidatura de unidad del FDN, el PRD se cerró al diálogo, ya que sólo apoyaría -como lo hizo- la candidatura de Martha Maldonado. Otros problemas se dieron en Michoacán, donde el PMS y la Corriente Democrática amañaron el plebiscito en el municipio de Jiquilpan. Otros puntos de discordancia se dieron cuando ocurrieron los primeros acercamientos con el Partido Acción Nacional.

 

Ante la negativa de la Comisión Federal Electoral de otorgar un nuevo registro como partido al PRD, se logra un acuerdo para revitalizar al agonizante PMS. Así, el 7 de mayo de 1988, el PMS cuya máxima contribución al desaparecido FDN en la LIV Legislatura fue haber aportado 18 diputados, se convertiría, junto con la Corriente Democrática, en el núcleo central de naciente PRD. Partido al que en ocasiones se le ve periférico y en otras sumamente peligroso, ya que no es sencillo dejar al margen del análisis los riesgos que persiguen a la actual política económica como son: la sobrevaluación de la moneda y el resistir las presiones del comercio internacional. Hay quien opina al interior del PRI y del PRD que sería muy peligroso mantener el estado actual de las finanzas hasta el día de la elección, Por lo mismo, no es casual lo que ocurre actualmente al interior de los principales gremios de economistas en donde se habla de una posible devaluación de la moneda

 

La sorpresa perredista del 91

 

En este contexto político, donde los " partidos paraestatales " vuelve al carril, los grupos antagónicos que aloja el PRD comienzan una " guerra " interna por controlar al partido del sol azteca. Se forman grupos y se establecen alianzas,  muchas veces poco claras para los mismos perredistas.

 

En la búsqueda del poder al interior de sus filas se olvidan de lo fundamental. Abandonan por completo el trabajo de base y desperdician un tiempo valioso. Los nuevos perredistas se pierden en el discurso y la oratoria contra el sistema y el Presidente Carlos Salinas.

 

Enfocan sus baterías hacia la discusión y no articulan a las fuerzas sociales que les otorgaron su voto en 88. Se convierten en " buenos teóricos ", pero pierden todo contacto con la realidad.

 

Al nuevo organismo partidista - el PRD - según los mismos perredistas, le faltó estructura, organización y comunicación. Como corolario de todo esto habría de venir la debacle, un resultado final y catastrófico en 1991, donde el partido del sol azteca pierde toda representatividad, sobre todo en el Distrito Federal, donde tres años antes había ganado la Senaduría y apabullado al PRI  tres votos contra uno. El PRD no logró consolidar esa voluntad política de cambio expresada en las urnas electorales del 88. Según comentarios de un destacado expresidente del PRI en la capital del país y ahora militante perredista, los dirigentes de su nuevo partido soslayaron que " en política el cambio es permanente ". Igual cosa le pasaría al PRI años más tarde, cuando en 1997 perdió ante el PRD el gobierno de la ciudad de México y, en general ante la oposición la mayoría en la Cámara de Diputados.

 

El futuro de PRD.

 

Hasta la fecha, la extraña mezcla PRD - democratizadores, asemeja una barca sin timón que navega a la deriva. En su interior las luchas se agudizan, producto de la entreveración de las más disímbolas corrientes y formas de pensar. Lo mismo hay comunistas como: Pablo Gómez, Arnoldo Martínez Verdugo, Valentín Campa; troskistas como: Pedro Peña Loza y Pascoe Pierce; maoísta y leninistas, marxistas, comunistas revisionistas como Heberto Castillo; socialistas de la talla de Graco Ramírez; hombres de izquierda como Lucas de la Garza y ex priístas como Roberto Robles Garnica, Cristóbal Arias, Moisés Rivera, César Buenrostro; sin descontar uno que otro oportunista como: Octavio Moreno Toscano y Carlos Bracho.

Alguien diría por ahí, de esa " ensalada rusa " todavía no sabemos qué va a resultar. El PRD es un PMS disfrazado, o no muy disfrazado, donde todo está perfectamente repartido. No han dejado de ser y operar como la tradicional izquierda mexicana. Aunque existen muchos profesionales de la política al interior de dicho partido, no alcanzan a ver que existen otros ciudadanos deseosos de " hacer política ". Es una “casta divina”, donde se practica el sectarismo y se toman acuerdos en las cúpulas. Es un lugar donde se ignora y ahoga el verdaderos sentimientos ciudadano y donde sólo vale la voz del “caudillo” Cuauhtémoc, el hijo de Cárdenas.

Tampoco es un partido que tenga una ideología definida, apegada a la realidad y a un enfoque nacional. Según el ex priísta José Luis Alonso Sandoval y ex diputado perredista, sería muy difícil definir qué es el PRD en estos momentos. No obstante que este partido tiene actualmente el gobierno del Distrito Federal y la gubernaturas de Baja California Sur, Zacatecas y Tlaxcala, respectivamente.

 

Al fracaso electoral de 1991, se han sumado éxitos y descalabros. El más significativo de los primeros ocurrió en 1990 en Michoacán, cuna del Cuauhtemismo, donde el PRD perdió el control de un estado donde había alcanzado 53 de las 113 alcaldías y la totalidad del Congreso Federal.

 

La pérdida de espacios políticos registrados por el PRD en los pocos años de su creación no sólo se ha debido a una pésima organización, carencia de estructuras, programa y cerrazón política para entrar por los caminos del diálogo y la concertación.

 

El PRD se ha visto dominado por una cada vez más beligerante línea política y el tono de su discurso desafiante. Por citar sólo dos casos, recuérdense las palabras de Cuauhtémoc Cárdenas el 5 de febrero de 1992 y 1993, las primeras en Querétaro y las segundas en el restaurant Covadonga de la ciudad de México. En esos mensajes no sólo se ve el propósito de ocultar la debilidad de un organismo partidista que se nutre de la mentira y el chantaje para sacar fuerza de supuestas organizaciones ciudadanas e intentar congraciarse con los diversos sectores sociales del país. En este mismo sentido es que deben verse los costosos comerciales que está pagando el PRD para difundir la más falsa de las imágenes en cuanto avances en la capital del país.

 

El PRD, no ha evolucionad, continua dominado por las mismas contradicciones que pulverizaron al PC, PSUM y PMS. En estos momentos se enfrenta a una terrible "guerra " interna donde los grupos y las " castas ", exigen el respeto a sus posiciones “políticas” y cotos del poder. Persisten en el PRD los mismo métodos y estrategias de proselitismo partidista, donde sólo las elites opinan y los demás sólo obedecen.

 

Han utilizado como principal arma de ataque, tal vez para ocultar su pobre realidad, la proclividad hacia la presión y la intimidación y así tratar de convertir un partido en un grupo especializado en el chantaje político. Más que darle una mínima coherencia ideológica a sus plataformas electorales, decir PRD, es hablar de: toma de alcaldías, casas de gobierno, palacios municipales, cierre de carreteras, marchas al zócalo, hechos de sangre en donde han perdido la vida perredistas y priístas; o de plano hablar de traición a los principios de la Revolución Mexicana.

Este peculiar estilo de "hacer política " del PRD, lo ha llevado a ser poco y llamativo como opción política a futuro y le ha restado todo atractivo como partido aglutinador.

Los precursores del PRD han dejado de ser ese motor que impulsó "las terribles " pasarelas priístas del 87, que facturaron más al PRI, y también dejaron de ser el factor que aglutinó el descontento ciudadano de 1987. Quizá por ello es que Cuauhtémoc Cárdenas, hoy este distanciado de Porfirio Muñoz Ledo y de su grupo de simpatizantes. Más todavía, que muchos de ellos estén pensando en estos momentos abandonar las filas perredistas y establecer nuevas alianzas con otras fuerzas políticas con miras a los comicios del primer domingo de julio del 2000. Parece lejano, pero todavía puede resultar un candidato para el nuevo Frente Ciudadano para las elecciones presidenciales de este año 2000. Pues el PRD ha dejado de ser aquello que se propuso aquel 7 de mayo de 1989, cuando surgió sobre la tumba de lo que fue el PMS.   

 O sea, todavía es tiempo de recapacitar en el PRD, ante la inevitable y próxima debacle de Cuauhtémoc Cárdenas en el Distrito Federal y del PRD en todo el país.

 

 

 

.   .   .   felipemoreno.com

 

 

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