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El Partido Acción Nacional busca nueva identidad

por felipemoreno.com

 

No existe duda alguna, en las próximas elecciones presidenciales está en juego el destino de México. Así se veía desde 1993, cuando el entonces diputado panista Diego Fernández de Cevallos, hizo altisonantes declaraciones con respecto a las cuotas que recibiría el partido Revolucionario Institucional por parte de la alta clase empresarial de México. Sus palabras, desde entonces, han dado lugar a un amplio debate nacional, donde el PRI aparece siempre como el malo de la película, cuando es también cierto, el partido Acción Nacional es pionero en eso que ahora es común entre los grupos empresariales en su connivencia con los partidos políticos. Quizá lo único cuestionable, como afirmará entonces el también diputado panista Víctor Orduña Muñoz, sólo sea cuestionable “el cinismo con el que ahora se manejan los priístas, para hacer públicas prácticas, usos y costumbres que, si bien eran conocidos por todos los mexicanos, nunca habían sido aceptadas tan abiertamente”.

 

Este punto medular en la vida de los partidos políticos - sin dinero no se hace política - ha salido a la luz pública debido al constante divisionismo, rompimiento, debilidad de sus estructuras y las múltiples fracturas que hoy caracterizan a la lucha política que se da actualmente en el interior de nuestras organizaciones políticas. Esta “guerra” se ha dejado sentir con mayor intensidad en los últimos siete años, a raíz de rompimiento y consecuente desequilibrio interno experimentado por el PRI, un partido político que se había mantenido en el poder cual monolito que parecía indestructible e impenetrable por otras formas de pensar y actuar que no fueran afines con los proyectos revolucionarios.

 

A la diáspora en el PRI, se han sumado muchas otras deserciones en otros organismos partidistas y es día en que la opinión pública se pregunta: ¿Hacia dónde irá nuestro sistema de partidos?

La lucha y los objetivos son claros, o perfeccionamos nuestro modelo democrático o corremos el riesgo de caer en la anarquía. México se debate actualmente entre el múlti o bipartidismo, dos formas irreconciliables de hacer política. Los partidos políticos son, o cuando menos deben serlo, organismos distintos de los poderes públicos y de las instituciones dependientes de los mismos, constituidos por idea que tiene su antítesis. Luego entonces, ¿Hacia dónde van nuestros partidos políticos, sobre todo los de “oposición”?.

 

El PAN dejó de ser una leal oposición.

 

En este contexto, llama poderosamente la atención esa enérgica protesta de Fernández de Cevallos, expuesta en la tribuna de la Cámara de Diputados el 3 de marzo de 1994

Para entender esa violenta reacción de quien fue el abanderado blanquiazul a la presidencia de la República en las elecciones de 1994, aunque él mismo lo negara días antes, es necesario hacer un poco de historia para encontrar el origen de las diferencias, ahora coincidencias entre el PRI y Acción Nacional.

Y es que, el suelo en el bicolor, - PAN -  dista mucho de ser un bello piso de mosaicos blancos y azules. Recordar la historia del Instituto Político que surgió de aquella asamblea constitutiva que tuvo lugar del 14 al 17 de septiembre de 1939, es clave para entender nuestros tiempos actuales. En aquella época sus principales ideólogos Manuel Gómez Morín y Efraín González Luna, eran fieles herederos de una de las dos corrientes más reaccionarias de la postrevolución, con  una amplia trayectoria dentro de los espacios de poder. Gómez Morín había operado como secretario del revolucionario Salvador Alvarado, ex gobernador militar de Yucatán y titular de hacienda con Adolfo de la Huerta; González Luna, aunque carecía de esa experiencia política, a cambio de ello tenía una marcada formación religiosa.

 

No obstante, a estos dos hombres debe vérseles en otro contexto, ya que en 1928, Gómez Morín también fue jefe de abogados en la embajada soviética en México y más extraño todavía que fundara en septiembre de 1939, - el mismo mes del pacto Hitler - Stalin, el partido Acción Nacional; más raro que de inmediato ese partido respaldara la candidatura de Juan Andrew Almazán, el “gallo” de la Alemania Nazi, a la presidencia de la República en las elecciones de 1940, según versiones ampliamente difundidas por el Partido Laboral Mexicano en 1985 en un libro titulado: “El PAN, partido de la traición”.

 

Los comportamientos extraños de Acción Nacional.

 

Desde su fundación el partido Acción Nacional ha tenido comportamientos y apoyos extraños, como aquellos que tuvieron lugar a partir del 29 de diciembre de 1989, cuando se señaló a Norberto Corella, como protagonista del “pangate”. La carta de Rodolfo Elizondo y los entonces legisladores: Ramón Martín Hurtado, José Manuel Mendoza Márquez y Raúl Espinosa Martínez, enviada al consejo y demás militancia de su partido, fue más que contundente. En mayo de ese mismo año el desaparecido Manuel J. Clouthier asistió a las elecciones de Panamá y de ahí voló a Washington con 100 personas más para ver al ex presidente norteamericano George Bush. Por su parte, Corella ha viajado a Panamá para impartir cursos de resistencia civil, para que el presidente Endara pudiera tumbar a Noriega. Un hecho que hizo peligrar a su partido.

Cuando ocurrió la invasión a Panamá, el hoy expanista Carlos Castillo Peraza, hoy flamante ex presidente de Acción Nacional y “periodista”, en ese entonces diputado federal, subió a la tribuna de la Cámara de Diputados para condenar la invasión que dos personajes panistas habían apoyado meses antes.

 

En los años de su fundación los comportamientos extraños fueron más de tipo ideológico que económico o político, como los recibidos por parte de José Vasconcelos. En la vida del ex secretario de la SEP, lo único que cambia es el contexto histórico, pues se mantiene ese carácter Nazi - comunista. Empero, como apunta Krauze en su obra " Por una democracia sin adjetivos", " La vertiente democrática pura, maderista, vasconcelista, laica; la que representó Gómez Morín, careció de “encanto” y requirió siempre el remolque de una mística religiosa. Basta comparar los escritos de Efraín González Luna contra Cárdenas, con los de Gómez Morín para apreciar la diferencia. El lenguaje del primero, oriundo de Jalisco, era dogmático, anticomunista, anclado en el siglo XIX. El del segundo, nacido en Batopilas, Chihuahua, era siempre matizado. Su discurso se concebía asimismo como parte de la Revolución Mexicana: la parte desvirtuada". Gómez Morín no tuvo arraigo y el remolque ideológico de González Luna, tuvo que desembocar en otros pensamientos francamente fascistas o sinarquistas.

 

Entre los fundadores del partido Acción Nacional, también destacan: Hugo Gutiérrez Vega, Rafael Preciado Hernández, Aquiles Elorduy, Daniel Kuri Brena, Ezequiel a, Chávez y Luis Cabrera.

 

Desde el mismo pensamiento de sus ideólogos se puede hablar de concepciones diferentes, ya que mientras Gómez Morín daba prioridad a la formación y avance doctrinal del partido, restando importancia a la participación electoral, González Luna consideraba a la jornada electoral como el elemento más sólido para que el partido se cimentara doctrinalmente y alcanzara el poder. Gómez Morín no pudo ver nunca su obra terminada, murió en abril de 1972. Jamás se pudo imaginar que su partido cobraría nuevos bríos a diez años de su muerte y, en su estado natal (Chihuahua).

 

Las inclinaciones clericales del PAN y sus grandes divisiones.

 

Desde los años 50 se apunta ese repunte clerical, lo admita o no Acción Nacional. Desde esos años sus inclinaciones clericales son más obvias, como también la intención de recuperar el México de finales del siglo XIX o el que quería aquel partido Católico fundado en 1906.

 

La clave de todo la tiene Luis H. Álvarez,  a quien Gómez Morín conoció en uno de sus viajes a su tierra natal. El ex-alcalde de Ciudad Juárez y caudillo de la vieja clase panista, nacido en Ciudad Camargo en 1919, representaba para Gómez Morín al luchador cívico ideal: un empresario textil liberal, honesto y moderno, preocupado por los problemas sociales, insobornable, independiente y quijotesco".

 

Sigue apuntando Krauze: "Después de dirigir la Cámara de Comercio y la Asociación Cívica de Ciudad Juárez, ingresa al PAN y se convierte en candidato a gobernador. Para sorpresa del abanderado del PRI - el candidato oficial -  Teófilo Borunda, el joven Álvarez de 35 años, alcanza buenas votaciones y, además cierto revuelo con una caravana de protestas postelectorales de Ciudad Juárez al zócalo de la ciudad de México .Dos años más tarde Alvarez es el candidato panista a la Presidencia de la República.

 

Para los años 60, ocurre una fuerte escisión dentro del blanquiazul que provoca la salida de un contingente que pretendía alinear y establecer un paralelismo entre la democracia cristiana, - que promulgó unos meses el Partido Foro Democrático de Jesús González Schmal -  y Acción Nacional. Entre los disidentes de aquellas épocas estaban: Hugo Gutiérrez Vega y Manuel Rodríguez la Puente.

 

La gran escisión de 1975, un PAN sin candidato presidencial.

 

Para el año de 1975, los conflictos siguieron a la orden del día en Acción Nacional, así como también uno que otro fuerte agarrón entre José Ángel Conchello, quien buscaba la reelección y Efraín González Morfín, heredero de González Luna. El objetivo de esa refriega era por el control del partido. Las posturas en juego fueron muy claras, la pro empresarial y electorera y la que promovía la educación y la formación ciudadana. Conchello renunció a la presidencia de Acción Nacional y González Morfín duró poco tiempo en la dirigencia. Los estertores de aquélla no repararon en la renuncia de quien fuera después dirigente de Acción Nacional en el Distrito Federal, estos llegaron mucho más lejos, al grado de no ponerse de acuerdo en el nombre del candidato presidencial  de Acción Nacional, dejando el camino libre al candidato del PRI, José López Portillo y Pacheco. José Ángel Conchello, lejos de caer en la pasividad que lo caracterizó hasta días antes de su trágica muerte, asumió la línea beligerante y más agresiva, empleando como principal arma de ataque la crítica al gobierno. A la mitad de su periodo como presidente nacional del PAN, Conchello respalda la doctrina del “Club de Roma” - “los límites del crecimiento” -  y agrega: "El Club de Roma nos obliga entender que nos acercamos a un momento cardinal en la historia, y que tenemos que aceptar sacrificios individuales y cambios políticos". Apoyado por empresarios regiomontanos - el Grupo Monterrey -  Conchello pretendió dar madruguete, lanzando a Pablo Emilio Madero, ex  presidente del Partido Foro Democrático, como candidato a la presidencia de México.

 

Las intenciones de quien pensaba de la misma manera que el desaparecido Obispo de Morelos, Sergio Méndez Arceo, no prosperaron. Quizá el también obispo Manuel Talamás Camandari, tuviese una o dos cosas que decir al respecto.

 

La máxima dirigencia panista desconoció a Conchello como líder de los parlamentarios panistas, a la vez que descalificó públicamente toda actividad realizada por el disidente. Los apoyos al combativo, Pablo Emilio Madero, “hombre generoso” para los integrantes del Partido Foro Democrático, se vinieron por tierra. Ante las graves confrontaciones internas, la dirigencia panista decidió no postular candidato al sexenio 1976 - 1982. Cabe hacer aquí un paréntesis en memoria de José Ángel Conchello. Cuando ocurrió el accidente donde el Senador panista perdiera la vida, el momento político en México era álgido, se discutía en el Senado el caso del Fobaproa, donde, a contrario de lo que se pudiera pensar, la postura de José Ángel Conchello no era favorable para los integrantes del “Grupo Monterrey”, muchos de ellos inmersos en ese penoso caso.  

 

Es altamente sintomático que sólo en esa fecha, - 1976 -  los panistas no hayan postulado candidato a la presidencia y que cambiaran de dirigencia en tres ocasiones. Por el CEN  de Acción Nacional pasaron: Efraín González Morfín, Raúl González Schmal y Manuel González Hinojosa, en su carácter de máximos dirigentes. A su lado y como secretarios generales desfilaron: Bernardo Batiz Vázquez, Raúl González Schmal y Adolfo Christlieb Morales.

 

El abandono de la línea doctrinaria

 

A partir de 1976, la debilidad se hace más evidente en las filas panistas y se comienza a vislumbrar cierto abandono en sus aspectos doctrinarios. La ortodoxia tradicional comenzó a ceder terreno, la vieja guardia bajo la guardia, y poco a poco se vio replegada ante los embates de la nueva corriente calificada por ellos como: “oportunista” y “proempresarial”, donde hoy sobresalen: Felipe González, gobernador de Aguascalientes y uno que otro despistado alcalde panista.

 

Al llegar a los inicios del sexenio 82 - 88, el perfil panista había cambiado. Sus rasgos originales y las filas blanquiazules se alimentaba haya con prominentes miembros del sector empresarial y uno que otro banquero resentido por la nacionalización de la banca.

El ascenso de la nueva clientela política pronto encontró espacios de dirección, sobre todo en algunas entidades del país. Fernando Canales Clariond, - gobernador actual - se apoderó de Nuevo León; Adalberto Rosas de sonora; Francisco Barrio del estado que ya gobernó,- Chihuahua -, Eugenio Elorduy de Mexicali, y Ricardo Villa Escalera de Puebla.

"La presencia del sector empresarial en la política mexicana ha originado una nueva corriente en el seno del PAN a la que se conoce como neopanismo. Surge aquí un nuevo tipo de militante: el hombre de negocios, - ideólogo - , financiador, que ocupa puestos clave en la dirigencia nacional del PAN". Lo cómico de Acción Nacional es que no se define como partido de clase pro empresarial, sino de clases. Ahora sus nuevos dirigentes forman parte de los nuevos sectores sociales politizados de la pequeña y gran burguesía. Los profesionales liberales y los empleados de empresa han sido desplazados por los propietarios, ejecutivos y directores de grandes compañías. Por eso resulta más que lógico que un hombre que estuvo al servicio de una de las compañías refresqueras del mundo sea su actual candidato a la Presidencia de México.

Esta militancia empresarial se ha fusionado con los grandes principios liberales y del puritanismo religioso, característico del Partido Acción Nacional.

Sorprenden realmente las coincidencias que existen entre los planteamientos ideológicos y políticos, así como de reforma económica del PAN, con los de las organizaciones cúpula del sector empresarial; concretamente el Consejo Coordinador Empresarial y la Coparmex, como lo señala Abraham Nuncio en su obra “La Sucesión Presidencial en 1988”. Más aún, donde la justicia social, ni siquiera es tocada como mera referencia. 

 

El ascenso del neopanismo

 

Los triunfos alcanzados en elecciones municipales, en especial en la década pasada, afianzaron el avance de la nueva corriente panista, - neopanismo - representada en la persona de Carlos Castillo Peraza. Con su arribo a la dirigencia nacional del Acción Nacional, y sus subsecuentes relevos: Felipe Calderón y  Luis Felipe Bravo Mena, debe entenderse que llegó la línea dura, religiosa, narcisista y fascista, auténtica réplica del partido que ideo Gómez Morín sobre los huesos de Efraín González Luna. Línea dura, pero en opinión de muchos panistas, “conciliadora”, marcada en la era moderna por el chihuahuense Luis H. Álvarez.

 

A principios de 1987, se dio otro relevo en la dirigencia de Acción Nacional y su trascendencia radicó en el hecho de que se entrelazó con el evento político más importante para el país en esa época de grandes cambios, movimientos y rupturas el interior del PRI.

En el preámbulo de la sucesión presidencial de Miguel de la Madrid, comienza otra era en Acción Nacional encabezada por el sinaloense Manuel J. Clouthier, quien imprime a las desgastadas estructuras panistas energía y vitalidad con el lema de: “la nueva mayoría” y en donde abiertamente, al despertar de la actividad cívico - político - empresarial, ésta corre al parejo de la proyección electoral de Acción Nacional. Circunstancia que ahora se puede ver más nítidamente en ciertas regiones del norte de México, donde la Coparmex ha tenido una marcada participación, a pesar de que se diga al interior del PAN, que en ese partido sólo se aceptan filiaciones individuales y no de grupos. Lo cierto, por sólo citar un ejemplo reciente, es que en la pasada campaña al gobierno de Sinaloa, muchos tuvieron que ver las Cámaras de comercio en la prevención política de Emilio Goicoechea Luna, uno de los tantos abarroteros amarchantados en Acción Nacional. 

 

Los empresarios se disputan el futuro de México.

 

El señalamiento del ex candidato presidencial del PAN en 1993, Diego Fernández de Cevallos, fue  y sigue siendo preciso. Calificar el origen de los recursos económicos de los partidos políticos es un tema que al día de hoy continua siendo motivo de grandes debates. Más aún, cuando ahora es obvio como el PRD, por esa vía de la publicidad pagada, pretende convencer a millones de mexicanos que son la mejor opción. Quizá en aquellos días del 93 el PRI y exageró la nota con aportaciones multimillonarias y en dólares, cosa que, al momento actual, se ve con más fondo que forma.

 

El irritamiento de los pianistas en voz de Fernández de Cevallos  tenía su lógica y pudo ir más allá de la simple indignación, sólo que el ex senador y ex perredista Porfirio Muñoz Ledo, no habló ni dijo más. Porfirio Muñoz Ledo no mordió el anzuelo y no lavó más ropa sucia en la Comisión Permanente de la Cámara Diputados en aquella ocasión. Era obvio que el  PRI, según la bancada panista, no saldría bien parado. Pero también hubiese sido el caso de Acción Nacional en caso de que se hubieran dado a conocer las componendas que hubo en 1994 entre Carlos Salinas y Acción Nacional, época mejor conocida como la era de las grandes concertacesiones hacia el PAN.   

 

Si se analiza esa gran escisión panista de 1975, - similar a la de 1992, en donde los foristas acusan a su partido de haber abandonado la línea pragmática de su partido -, donde la fracción de González Morfín, dominante a la hora de la elección de 1976, acusó al “partido” de Conchello de estar financiado por el “Grupo Monterrey” en un intento de capturar el partido Acción Nacional para usarlo como punta de lanza política”, el boumerang lanzado por Fernández de Cevallos en 1993 puede causar ahora un gran daño a su partido. En esa crítica situación de 1975, apunta el politólogo Octavio Rodríguez Araujo en su obra: " La reforma política y los partidos en México": “se llevó a cabo una convención nacional para elegir candidato a la presidencia de la República para el periodo 1976-1982". En esa ruptura, "los disidentes tacharon al partido de haber sido convertido en instrumento del Grupo Monterrey", de "la falta de identidad panista", de muchos miembros del partido y de muchos candidatos, y González Morfín, - después de calificar negativamente a la LOPPE -, declaró que “debe reconocerse como claramente contraria al bien de México y del partido la participación electoral de Acción Nacional de acuerdo con la Reforma Política".

 

Luego entonces, en todo este mar de declaraciones y comentarios, en donde los principales análisis y comentarios los ha acaparado el partido oficial, sería conveniente preguntarse a ¿qué hay o hubo detrás de las palabras de Fernández de Cevallos respecto a  las sumas millonarias de ciertos empresarios hacia el PRI y, más aún qué fue  lo que verdaderamente provocó la salida de distinguidos panistas de sus filas en 1993, hasta verse obligados a fundar un nuevo partido ante la cerrazón de Luis H. Alvarez? O, ¿Será cierto que en el fondo de todo este asunto, los empresarios se preparaban para disputarse el futuro de México desde esas fechas?

 

El PAN y las prerrogativas gubernamentales.

 

Hasta mediados de los años 70, el PAN había sido un partido que vivía de las aportaciones económicas de sus mismos dirigentes. A partir de esa fecha, la confluencia de varios factores ampliaron sus posibilidades financieras; las reformas electorales del momento, abrieron el abanico partidista al aumentar el número diputados en el Congreso de la Unión, pues se dio paso a la representación de las minorías. De esta manera, el blanquiazul incrementó sus curules y consecuentemente sus fuentes de ingresos, ya que cada legislador está obligado a participar con el 33,-  ahora el 20, por ciento de sus dietas -. Otras formas de hacerse de recursos se inicia con los sorteos de automóviles, que vinieron a complementar los tradicionales donativos extraordinarios en época de elecciones y la venta de publicaciones, que no precisamente se venden como “pan caliente”.

 

Ante la cercanía de los comicios federales de 1979, se dieron los primeros visos de rompimiento en el PAN, motivados por las prerrogativas gubernamentales hacia los partidos políticos en materia económica. A pesar del rechazo de algunos comités regionales, se aceptaron los apoyos referentes a la franquicia postal, el acceso gratuito a los tiempos en Radio y Televisión, el papel y la impresión de propaganda durante las campañas políticas.

Cabe señalar que el contexto económico de los 70, significó para el sector empresarial un paulatino deterioro de sus intereses, por lo que, en busca de opciones, vieron propicio y necesario participar más activamente en política; el PAN comenzó entonces a incorporar en sus filas, de forma más abierta y descarada, a hombres de empresa, situación que se consolidaría plenamente luego del 1º de septiembre de 1982, cuando José López Portillo, entonces Presidente de México, estatizó la banca, dejando fuertemente resentida a la clase empresarial que hoy ha aprendido a vivir de los chantajes políticos y los Fobaproas.

 

El nuevo perfil de la militancia blanquiazul.

 

Desde los inicios de la pasada década, el perfil del militante panista amplió sus razgos con la incorporación, no sólo de miembros de la iniciativa privada, sino también de numerosos integrantes de los sectores medios urbanos, como son: comerciantes, profesionistas, empleados de cuello blanco, etcétera.

Sí, desde antaño algunos de sus candidatos a cargos de elección popular costeaban, en buena medida, los gastos de campaña, ahora, con la postulación de “notables empresarios”, este mecanismo se ha visto más ha alentado. Sólo por citar algunos ejemplos, quizá los más ilustrativos, baste con citar a los abanderados de ese instituto político a las gubernaturas de Nuevo León, Fernando Canales Clarión; Adalberto Rosas en Sonora; Emilio Goicoechea Luna en Sinaloa, Ricardo Villa Escalera en Puebla; Felipe González en Aguascalientes, Alberto Cárdenas Jiménez en Jalisco, Rodolfo Elizondo en Durango, y en el caso de Vicente Fox, ex gobernador de Guanajuato, quien ahora busca la presidencia de la República.

 

En las nuevas y cambiantes circunstancias, las estrategias de proselitismo y tácticas de lucha también han sido modificadas por parte del partido Acción Nacional, tomando como punto de apoyo constante los importantes  recursos emanados por alguno de sus acaudalados militantes como el propio Goicoechea Luna y José María Basagoiti , ambos miembros destacados de la cúpula empresarial que despachan en Concanaco y que, según versiones de los mismos dirigentes blanquiazules, son otorgados a título personal y no como aportaciones de un sector u organización patronal como puede ser la Coparmex. Su ingenio en el usufructo del dinero para fines políticos los llevo a la creación de una sociedad denominada “los amigos de Fox”, para evadir la fiscalización del IFE.

 

El robustecimiento de las finanzas del PAN ha tenido mucho que ver con la recomposición de sus fuerzas internas en los últimos doce años. Lo cual ha dado lugar a la creación de dos bloques, neopanistas por un lado y tradicionalistas “en fuga”. Estos últimos al día de hoy casi exterminados. No obstante esta significativa bonanza, no faltaran las voces que vinculen a este partido con fuertes intereses de importantes grupos políticos y financieros extranacionales, pues sus actos públicos así lo demuestran.

 

Actualmente, además de las aportaciones señaladas, el PAN se allega recursos provenientes de las cuotas que se perciben de los miles de panistas que se desempeñan como funcionarios públicos en diversos niveles: Diputados, Senadores, Alcaldes, Regidores, Legisladores locales y gobernadores.

 

Según estimaciones de la cúpula panista, las cuotas de los legisladores federales, gobernadores y otros militantes del blanquiazul suman varios millones de pesos mensuales. Sumas suficientes para mandar edificar un nuevo y costoso edificio para su sede nacional en la ciudad de México, en estos tiempos de crisis.

Desde su punto de vista, la decisión del PAN de “no aceptar otras prerrogativas” se debía al hecho de no estar reglamentadas por la ley, pero una vez salvado ese obstáculo no se ha visto que Acción Nacional haya tenido algún inconveniente para no aceptar el subsidio que marca el cofipe.

En 1987, año del surgimiento del PRD,  todavía se oponían rabiosamente a las prerrogativas estatales, reiterando que a cambio intensificarían sus promociones económicas entre la población a través de sorteos y aportaciones de su militancia y simpatizantes.

 

¿Quién pasó primero la charola?.

 

No obstante, a la vista de muchos, la posición de Fernández de Cevallos en el uso de los recursos públicos, fue sólo un intento por justificar lo que no se pudo tapar con un dedo. Es decir, la guerra desatada en contra del partido Revolucionario Institucional, por el hecho de haber "pasado la charola" entre los grandes empresarios de México, es hoy una realidad  que se le ha revertido al partido Acción Nacional. Según se desprende de las declaraciones políticas del ex Senador hidalguense Orlando Arvizu, ex vicepresidente de la Fundación Cambio XXI, apuntó: "no debe olvidarse que durante mucho tiempo se dijo que quien recibía los apoyos económicos fuertes del sector financiero era el partido Acción Nacional; pero que tras la oferta empresarial hacia el PRI, fue precisamente el PAN el primero que puso “el grito en el cielo". También es cierto lo dicho por el hidalguense en el sentido de que "la verdadera competencia política no se va a dar solamente en el aspecto económico, porque el problema no es ver quien tiene más peso o pesos, sino quien gana más votos".

 

Los prospectos de Acción Nacional a las urnas  en el 94.

 

En este contexto de "guerra" interempresarial al interior de los dos partidos más importantes de México, las declaraciones del empresario Juan Sánchez Navarro, al semanario Proceso en 1993, pueden abrir un cauce distinto al desarrollo de los acontecimientos, sobre todo si se recuerda aquella entrevista del ex dirigente del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas con empresario regiomontanos.

 

Por los antecedentes que se tienen a la mano, se puede deducir que todos los partidos, quizá con excepción el PPS, todos están ávidos por encontrar coincidencias en estos grupos de poder económico, como si ahora la política se definiera en los altos círculos financieros y económicos de la nación.

 

Cualesquiera que sean los resultados de esta "gran consulta" para calificar los recursos financieros de los partidos políticos, Acción Nacional se encuentra cada vez más cerca del poder que otorga la presidencia de México. 

Desde la XXXV Convención Nacional celebrada en octubre de 1986 en San Luis Potosí, donde el PAN resolvió participar en los comicios presidenciales de 1988, se dio una interesante recomposición de fuerzas a su interior. A diferencia de otros años, el PAN llegó al año preelectoral precedido de una marcada actividad contemplada no sólo en el ámbito propio de los comicios estatales, en donde, por cierto, ha seguido dando notables sorpresas y significativos avances, sino también en el despliegue de diversas estrategias que dejan atrás la antigua fórmula blanquiazul de hacer política y que lo mismo le ha llevado a dejar de tomar palacios municipales, campañas de desobediencia civil, bloqueos de carreteras, cierre de puentes fronterizos y manifestaciones de protesta más allá del Río Bravo.

 

A nadie escapa el hecho de que el PAN ha venido logrado importantes avances electorales desde mediados de la pasada década, teniendo como un sustento al llamado neopanismo, - localizado en especial en las entidades norteñas del país - con su beligerante innovación en la forma de hacer proselitismo y atraerse nuevas bases sociales de apoyo.

 

No obstante, el neopanismo también ha sido fuente generadora de serias discrepancias entre la dirigencia nacional y algunos líderes regionales y estatales que, como el caso de Chihuahua y Puebla, que no coincidieron en 1987 con las tácticas políticas empleadas.

 

El PAN, seis candidatos en 61 años.

 

A la fecha suman seis las ocasiones en que el partido Acción Nacional, en sus 61 de existencia ha participado en elecciones por la Presidencia de la República. Su primer candidato fue el Efraín González Luna postulado el 24 de noviembre de 1951, para los comicios de 1952. En las elecciones de 1958 Acción Nacional postuló al chihuahuense Luis H. Alvarez, nominado el 24 de noviembre de 1957. En 1963, como si se tratara de establecer un rito sexenal, la candidatura del bicolor se decidió también un 24 noviembre, siendo elegido esta vez José González Torres.

 

En 1970, todo cambió. Resultó abanderado Efraín González Morfin, quien fue postulado el 9 de noviembre de 1969. A partir de ahí, nada ha sido iguala el interior del partido Acción Nacional. Se han agudizado los antagonismos internos, las facturas, divisiones y se ha llegado a rompimientos como el encabezado en 1992 por Pablo Emilio Madero, Jesús González Schmal, entre otros.

 

A raíz de las profundas disputas del momento, en 1975  la convención panista decidió no participar en las elecciones presidenciales de 1976.

 

Para la jornada electoral de 1982, la candidatura estuvo personificada por el  presidente del partido Foro Doctrinario y Democrático Pablo Emilio Madero, postulado el 27 de septiembre 1981.

 

La nominación del 87, también tuvo lo suyo. Las manecillas del reloj panista apuntaban hacia los hombres que en los últimos años habían saltado al entarimado panista, ganándose el reflector de las cámaras. Ya nadie discutía al interior del PAN que la vieja guardia panista había sido desplazada por la impetuosa militancia neopanista, por lo que las elecciones de 1988 fueron para muchos el gran parte aguas y la confirmación de las nuevas directrices adoptadas por Acción Nacional En la era Clouthier el PAN se muestra cauteloso, nadie quiere sacar la cabeza. El mismo Diego Fernández de Cevallos llegó a declarar: “ ni aspiro ni suspiro” mientras otros también hacían cálculos sobre el hombre que los representaría en las urnas electorales de 1994.

 Ruffo y Medina, descartados en el 94

 

Por lo pronto, de una larga lista donde los mismo se ve a gobernadores y destacados militantes, los analistas panistas descartaron a dos Para ellos los mandatarios estatales de Baja California y Guanajuato, Ernesto Ruffo y Carlos Medina Plasencia no tienen ninguna posibilidad. El impedimento en el primero no lo ubican en el ámbito constitucional, ya que para ellos Ruffo es mexicano con todos sus derechos y obligaciones.  En el caso de Medina Plasencia tampoco son impedimento sus inclinaciones religiosas.  Lo que observan los panistas es que ninguno de los dos tiene el control del congreso del estado y, esa es la única vía legal que tienen para separarse del cargo y optar por una candidatura mayor.

Francisco Barrio pudo ser

 

Si acaso el único con esas posibilidades era el chihuahuense Francisco Barrio Terrazas, quien acababa de llegar a la gubernatura de su estado. No obstante, Barrio finalmente no contó en las listas ni fue aceptado.

 

Los análisis que se hagan sobre el PAN, de aquí en adelante y más todavía después de ver al empresario panista Vicente Fox como candidato a la Presidencia de la República, deberán estar más enfocados hacia las personas, ya que en Acción Nacional ya no se establecen compromisos ideológicos o doctrinarios, sino económicos y, sobre todo, pragmáticos.

El PAN no es el PRI, no hay destapes ni pronunciamientos, por lo mismo, pudieron ser candidatos: Rodolfo Elizondo, Alfredo Ling, Diego Fernández de Cevallos, Adalberto Rosas, Emilio Goicoechea Luna, Vicente Fox y cualesquier otro panista con presencia nacional.

En el PAN si cabe la frase: CUALQUIERA PUDO SER.

 

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