Pueblo chico, infierno grande (Enero 7 de 2008)

Por Felipe Moreno

Hace ya algunos meses llegó a mi espacio de Internet la noticia sobre un "Blog". De inmediato despertó mi interés pues se trataba de un espacio editorial donde comenzaban a verterse ideas, recuerdos, historias y acontecimientos sobre un lugar considerado mágico por mucha gente.
Real de Catorce enclavado en la sierra del norte de San Luis Potosí es un territorio particularmente agreste como extensa es su historia. Las narraciones y leyendas relacionadas con esta porción del majestuoso territorio de México son, más allá del tiempo, algo vivo, abundante, inagotable en riquezas, tal y como fueron desde hace siglos los lugares donde la minería sentó sus reales en el nuevo continente descubierto por los españoles.
¿Cómo fue Real de Catorce en sus mocedades, antes de llegar a ser el mítico bastión de la extracción de plata mexicana? De su historia poco se conoce en nuestros días, hasta pudiera decirse o sentirse una especie de consigna o decreto para mantener tapado o enterrado todo lo relativo a la vida y milagros de sus primeros moradores. De sus tristezas y alegrías, su amor por aquellas tierras y lugares poco se sabe y menos se difunde. Catorce, como se le conoce es un oasis seco, donde muchos turistas han llegado y regresado con sus ánforas vacías. Hasta los buscadores de Peyote han retornado con las bolsas llenas de insatisfacciones. Pocos han tenido el privilegio de experimentar uno que otro "viaje astral" por la ridícula suma de cincuenta pesos, siendo que el Peyote sólo puede ser utilizado por los Huicholes con un carácter ceremonial. Más allá de dichos usos, su consumo y su venta es un delito federal, acciones no atendidas por las autoridades municipales, estatales y del orden federal. La ley en Real de Catorce se reduce al ejercicio de la voluntad de unos cuantos nuevos caciques asentados en el lugar. Mismos que, ante el abandono o desdén del gobernador Marcelo de los Santos Fraga, lo mismo ministran y ordeñan las actividades comerciales y los presupuestos gubernamentales. El poder económico y político es sólo de ellos. Su fuerza es de tal magnitud que ni la misma Iglesia Católica los puede superar. Baste como muestra de tal poder un hecho; la antigua Casa de Moneda de Real de Catorce ya no se encuentra bajo su jurisdicción, mucho menos la Presidencia Municipal, ahora en manos de una persona cuyo conflicto de intereses es más que manifiesto. Todo el turismo que llega a Real de Catorce, tiene que pasar por su hotel, y cuando existe sobre cupo ella misma ordena a cual otro se tendrá que recurrir. El negocio es: totalmente redondo y redituable políticamente.
Cuando se visita un pueblo, eso lo decía y sigue diciendo uno de los mejores gobernadores que ha tenido el Estado de San Luis Potosí, tres sitios no pueden ser pasados por alto: sus mercados, sus iglesias y sus panteones. Qué come la gente, cómo venera a sus dioses y cómo entierra y respeta a sus muertos. Esa es la síntesis de todo pueblo.
Mi amigo Guillermo Fonseca Álvarez, un potosino de reconocida trayectoria y calidad humana dentro y fuera del Estado de San Luis Potosí, siempre se daba tiempo para evocar y derrochar un vasto cúmulo de anécdotas y de historias para todo aquel que bien tuviera la atención de escucharlas y guardarlas, por si algún día a la historia pudieran hacerle falta. Sobre todo cuando uno o más seres humanos abusaran de su ignorancia.
La historia de Real de Catorce, a la cual un grupo de gitanos o gambusinos pretenden darle otros giros muy distintos, es la misma que motiva el presente comentario.
Colocar en el lugar que tuvo y tiene cada uno de sus actuales y anteriores moradores es la idea final, por respeto a un lugar donde lo más valioso de su historia permanece en el mismo sitio, donde muchos de sus fundadores decidieron ser enterrados, seguramente para estar más cerca del cielo y las estrellas que noche a noche los alumbran.
La historia no es sólo el recuento de hechos fríos, perdidos o acotados por el paso del tiempo. La historia de Real de Catorce se encuentra inscrita en la del Estado de San Luis Potosí. Un recuento de hechos, sucesos y acontecimientos que suelen llegar a producir una serie interminable de sentimientos encontrados.
San Luis Potosí ha estado siempre presente en las principales etapas del México de ayer y de todos los tiempos. Ni la Colonia, ni la Independencia y mucho menos la Revolución pudieron borrar su nombre de la historia. Cada sitio, cada lugar, cada rincón de San Luis Potosí tiene presente a los hombres y mujeres de ayer, hoy, mañana y siempre. Se trata de una entidad donde la historia circula por sus cerros, planicies, calles y avenidas.
Citemos como ejemplos al Club Liberal "Ponciano Arriaga", o detengámonos en la vieja prisión que alojó a Don Francisco y Madero. Escuchemos el sonido de las locomotoras o el golpeteo de sus ruedas sobre los rieles, para jamás olvidar que por ahí pasó y se dio una de las etapas más trascendentes del progreso.
San Luis Potosí se denominó así por ser realmente un Potosí, donde el sudor en la frente de los trabajadores no tuvo diferencias tan marcadas ni se equiparó con los grados de explotación vividos en el sur sureste de México hasta antes de 1910.
El pueblo que no tiene historia, no tiene pasado y mucho menos puede tener presente, ya no digamos futuro. La historia no parte jamás de los tiempos presentes.
Real de Catorce, ojala y así fuera, es o debería ser noticia. Pasemos pues a la descripción de una serie de hechos que mal dibujan el presente de un pueblo mágico y grande, tan sólo por su historia.
Recién estuve por el altiplano mexicano y visité Real de Catorce. Una excursión siempre agradable tan sólo por la ilusión de conocer un "pueblo fantasma". El misterio de Catorce sigue jalando gente y la seguirá atrayendo, hasta que no se le conozca y se le visite físicamente.
El acceso al pueblo es tedioso, a pesar de no sentirse la empinada cuesta. Un camino empedrado que desemboca, metros arriba sobre el nivel del mar, a la que parece ser "la cueva del lobo". El Túnel de Ogarrio es la puerta entre lo presente y lo pasado. Entre la ilusión y la desilusión. Fantasía y realidad se entrelazan a lo largo de un recorrido de dos kilómetros.
Por fin estamos al otro lado del túnel. Buscamos a los fantasmas, no los encontramos. Recorremos las calles, ni siquiera existe la nomenclatura. La fila de autos nos impide detenernos, hasta que llegamos a un lugar donde se puede estacionar el automóvil. Descendemos y comenzamos a caminar, tratamos de admirar el resplandor perdido. Basura, heces humanas y animales se interponen en nuestro camino. Caballos sueltos o montados, perros, chivos y puercos son nuestros principales anfitriones. Ninguno de ellos habla español, no nos entendemos. Caminamos por las empinadas calles del lugar, no existe lugar digno para pararse y degustar algún alimento. La carencia de servicios sanitarios también es alarmante. De inmediato se acabó la magia, comenzó la decepción. Que lugar tan horrible, en vano fue tanto esfuerzo para llegar. Igual y una salmonelosis está en camino. Es tiempo de ver, lo que se pueda ver, entre centenares de puestos provenientes del comercio ambulante.
No obstante esta primera impresión y lo desagradable de "su gente", ahí está la magia de Catorce. ¿Quienes vivieron ahí por tantos años? ¿De quién fue la Casa de Moneda? ¿Por qué la iglesia se dedicó a San Francisco de Asís? ¿Por qué y cuando fue abandonado el pueblo de Catorce? ¿Por qué el cerro lleva el nombre "del quemado"? ¿Quién vivió en determinada casa y en determinada calle? ¿Quiénes están enterrados en el pueblo? ¿Quién toreo en esa plaza de toros? ¿De quién fue el palenque? ¿Cómo fue la vida en Catorce durante el siglo XVII, XVIII, XIX y XX? ¿Quiénes viven ahora, de donde son y porque llegaron? ¿La historia legendaria del Peyote? ¿Cómo es que los Coras Huicholes supieron de ese lugar? ¿Por qué se le considera mágico? ¿Cuánta plata se extrajo? ¿Cuáles son los principales mitos y leyendas del lugar?
La historia de Real de Catorce, San Luis Potosí, es realmente apasionante. Lo malo para el turista es que alguien la tiene escondida y secuestrada, para anteponer a su grandeza meros fines comerciales.
Las autoridades del Estado de San Luis Potosí, léase el señor gobernador Marcelo de los Santos Fraga debería voltear un poco los ojos hacia ese lugar que bien administrado podría ser convertido en una auténtica mina de oro y puntal turístico en el desarrollo del Estado. Hay que pasar el túnel de la fantasía para ver la realidad, donde unos cuantos y de manera pírrica, están haciendo su agosto.

Aunque pareciera existir algo gordo en torno a la ex Casa de Moneda, actual Casa de la Cultura de Real de Catorce; donde recientemente fueron "invertidos" 13,000.000.00 (Trece Millones de Pesos) para su "remodelación", y sin que a la fecha (8 de enero de 2008) aparezcan cerrojos, aldabas de hierro forjado y el carrete para sacar agua de la noria, implementos que podían ser vistos sin tenerse que buscar. Más aún, se comenta la súbita desaparición de la virgen -obra del siglo XVII- expuesta a la entrada del túnel de Ogarrio, y que muchos visitantes tuvieron el gusto de admirar.

Sin duda, al gobierno de Marcelo de los Santos Fraga, le toca investigar. Comencemos por el arquitecto responsable de la restauracion de la Casa de Moneda, de apellido Acevedo y por la autoridad municipal, en lo que ya parece ser una amnesia colectiva. Nadie vio, nadie sabe nada, pero todo eso estaba en su lugar.