PEDRO MARIA ANAYA
[1795-1854]
Defensor de la patria

Nació en Huichapan, Hidalgo, en 1795, dedicándose a la carrera de las armas, al parecer en las filas insurgentes y después al lado del general Antonio López de Santa Anna. Estando suprimida la vicepresidencia de la República y habiendo pedido permiso el mismo Santa Anna, que fungía como presidente de México, para ausentarse del poder e ir a combatir al Norte a los norteamericanos, en la invasión que hicieran contra nuestro país, el Congreso de la Unión nombró presidente sustituto al entonces general Anaya, quien gobernó del primero de abril al 20 de mayo de 1847, entregando entonces nuevamente el mando al general López de Santa Anna.

Éste decidió continuar la guerra contra los norteamericanos, para lo cual "obligó al clero a contribuir con dinero para la defensa; estableció el servicio militar obligatorio para todos los mayores de 16 años; fundó una maestranza de artillería; reclutó y disciplinó tropas; dio una ley, condenando a los desertores a la pena de muerte, y procedió a fortificar varios puntos de la capital". El 19 de agosto del mismo año de 1847, los invasores norteamericanos atacaron las lomas de Padierna, cercanas a la capital de la República, que estaban defendidas por Gabriel Valencia.

Este general era jefe de los veteranos que habían peleado en el norte del país y, Santa Anna, que estaba cerca, al mando de una división, no lo ayudó en la defensa de Padierna, porque previamente había ordenado a Valencia que abandonara ese sitio. Valencia estaba decidido a permanecer allí y Santa Anna dejó que fuera aniquilado. Por órdenes del mismo Santa Anna, las tropas nacionales que estaban en San Ángel y en sus alrededores fueron concentradas en la ciudad, quedando un numeroso contingente en el convento y puente de Churubusco, para que protegiera la retirada.

El 20 de agosto, los norteamericanos cargaron contra el convento, cuyos soldados estaban al mando del general Anaya, quien los rechazó cuantas veces intentaron el asalto, hasta que los defensores del convento se vieron obligados a capitular, por la absoluta falta de municiones. Cuando el general Twigs, después de tomar posesión del convento de Churubusco, requiriera al general Anaya para que le entregara las armas y el par-que, el ilustre defensor del convento le contestó arrogante: "Si hubiera parque, no estaría usted aquí" frase que pasó a la historia como símbolo del valor mexicano, y que es la que glorificó en la historia al general Anaya.

Santa Anna se retiró del poder, ante la derrota sufrida. Fue elegido interinamente don Manuel de la Peña y Peña, para ocupar la presidencias la que entregó luego, por disposiciones del congresos al general Pedro María Anaya, quien por segunda vez gobernó al país, del 14 de noviembre de 1847, hasta el 7 de enero de 1848. No quiso Anaya resolver nada acerca de las peticiones de territorio mexicano que hacían los norteamericanos y se retiró del poder sin haber entregado ninguna fracción del país al extranjero; pero regresó de huevo Peña y Peña a la presidencia, y él sí firmó los Tratados de Guadalupe, el 2 de febrero de 1848, por lo cual reconocía que pasaba a poder de los norteamericanos más de la mitad del territorio que entonces tenía la República Mexicana.

Anaya vivió amargado los últimos años de su vida, por las grandes derrotas mexicanas, debidas más a la cobardía de algunos de sus directivos, que a la falta de medios para luchar contra los países extranjeros. Murió en la ciudad de México, el 21 de mayo de 1854.