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El Juego de Pelota mesoamericano era la expresión de la lucha diaria entre la noche y el día,
entre Tezcatlipoca y Quetzalcóatl. Las canchas para el Juego tienen diversos tamaños, desde aquéllas con más de 150 metros de largo, como es el caso de Chichén Itzá, hasta de pocos metros de extensión. Los jugadores usaban protectores en la cintura, manos y muslos y en ocasiones llevaban máscaras, como se ve en algunas regiones de Oaxaca.
El ritual del juego era importante ya que simbolizaba el acontecer cósmico, la lucha entre los poderes diurnos y nocturnos; era la lucha
constante entre los dioses que estaba acompañada con el sacrificio y la
decapitación, tal como se ve en Chichén Itzá o en El Tajín
y en relatos como el Popol Vuh. |