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Los pueblos prehispánicos concebían el universo en tres niveles: el celeste, el terrestre y el inframundo.
El primero estaba formado por trece escaños y el inframundo por nueve. El nivel terrestre tenía un centro fundamental por lo general expresado a través del templo principal, centro en donde habitaba el dios viejo o del fuego llamado Huehuetéotl-Xiuhtecuhtli y de donde partían los cuatro rumbos del universo: el oriente, lugar por donde sale el sol, identificado por el color rojo y el glifo "caña", regido por el dios Xipe-Tótec; era la parte masculina del universo.
El poniente, de color blanco y con el glifo "casa", regido por Quetzalcóatl; era la región de las mujeres conocida
como Cihuatlampa. El norte, de color amarillo o negro, cuyo glifo era el "cuchillo de sacrificio", estaba regido por el
Tezcatlipoca negro; era la región del frío y de los muertos. El sur, al que correspondían el color azul y el glifo "conejo",
regido por Tláloc (Huitzilopochtli en la versión
mexica),
lugar del sacrificio conocido como Huitztlampa; era la región
relacionada con lo húmedo. |
