LÁPIDA DEL AUTOSACRIFICIO
Mexica. Postclásico tardío
Piedra (basalto)
59.5 x 41.5 x 29.5 cm
MNA, INAH, México, D.F.
[10-116583]
Según cuenta el mito del nacimiento del
Quinto Sol en Teotihuacan, los dioses se
juntaron para crear el Sol y la Luna. Entre
ellos, dos candidatos estaban presentes:
uno, Tecuciztécatl, quien era rico, y el
otro, Nanahuatzin, que era pobre y
buboso. Ambos se autosacrificaron como
penitencia previa a su inmolación en la
hoguera sagrada. Tecuciztécatl ofrece
punzones de coral y Nanahuatzin espinas
de maguey, como correspondía a su clase.
En el momento en que Tecuciztécatl debía
arrojarse al fuego, como el elegido pará
ser Sol, el miedo lo invade y retrocede.
Entonces Nanahuatzin, el pobre buboso,
el verdadero predestinado, se lanza lleno
de valor a cumplir su misión de morir
para dar vida al Sol. Tecuciztécatl
avergonzado se arroja también, pero como
el fuego ya estaba a punto de extinguirse,
renació color blanco cenizo, por lo que se
convirtió en la Luna. El mito brevemente
narrado nos ayuda a comprender que
en el México prehispánico, el
autosacrificio significaba retribuir, con
la propia sangre, el sufrimiento que los
dioses ofrecieron en los orígenes.
Este relieve azteca muestra a una
divinidad que lleva a cabo la ceremonia
del autosacrificio. Se encuentra sentado
con las piernas cruzadas sobre un pequeño
trono. Luce sobre su cabeza un elaborado
tocado de plumas, con atados y diversos
aderezos. Sus manos están adornadas con
muñequeras y los tobillos portan ajorcas.
Sus pies calzan los típicos cactli. Un gran
pectoral luce sobre su pecho. Con una de
sus manos sostiene un punzón de hueso
para autosacrificarse. Como fondo, una
serie de elementos que semejan corazones
apoyan la escena. Finalmente, una fecha
calendárica Matlactli-Tochtli -
10-Conejo - preside el acto. Hay que
apreciar la maestría escultórica que
representa el trabajar con planos tan bien
definidos, lo que le da al relieve un
sentido de movimiento y profundidad
difícil de lograr en este tipo de obras. LC
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