El ritual y las ofrendas * El alimento de los dioses


MAQUETAS

Mexica. Postclásico tardío
Cerámica
32.2 x 15.8 x 18.8 cm
MNA. INAH. México. D.F.
[10-223673]

Mexica. Postclásico tardío
Cerámica
53.6 x 25.4 x 2 x .3 cm
MNA. INAH. México, D.F.
[10-136916]

Mexica. Postclásico tardío
Cerámica
32.5 x 21.4 x 15.7 cm
MNA, INAH, México, D.F.
[11-4918]

Mexica. Postclásico tardío
Cerámica
39.5 x 23 cm
Museo Regional de Puebla, INAH
[10-6914]

Mexica. Postclásico tardío
Cerámica
28 x 14.5 cm
Museo Regional de Puebla, INAH
[10-496416]


La construcción de templos es inherente a la necesidad de efectuar los ritos en determinados espacios. Otra de las características que unifican culturalmente a Mesoamérica, es precisamente la edificación de pirámides escalonadas y truncadas, en cuya parte superior se instalaba el templo dedicado a determinada deidad. En ocasiones éstos eran dobles, como el caso del Templo Mayor de Tenochtitlan, ya que en él se veneraban dos importantes deidades: Tláloc y Huitzilopochtli.

Otra construcción característica es aquella de planta circular o con el techo cónico que se dedicaba al dios del viento, Ehécatl- Quetzalcóatl, para permitir que el viento pudiera circular; o la edificación de altares de cráneos llamados tzompantli, en los que se ensartaban las cabezas de los decapitados en ciertos ritos; o la erección de canchas de Juego de Pelota para representar ritualmente la lucha cósmica entre el día y la noche. Las características formales de cada edificación respondían a las necesidades del culto, a los requerimientos de cada ritual.

La costumbre de representar ciertos templos en miniatura, ha ayudado a reconstruir en gran parte algunas de las características de la arquitectura mesoamericana. Tal es el caso de las cinco maquetas de cerámica que mostramos. En ellas se aprecian las constantes formales de las construcciones aztecas; es decir, la escalinata frontal, ya sea doble o sencilla; las alfardas a los lados de éstas y que rematan en forma de cubo en la parte superior del edificio - que puede tener varios cuerpos - y el templo en la cumbre de la pirámide. La figura 48 es de un realismo impactante; en ella se aprecian detalles, además de los descritos, como son los vanos y el dintel de la puerta de acceso al interior del templo; la decoración de cráneos en el cuerpo superior y el remate de almenas en forma de cortes de caracol decorando el techo. A la entrada del recinto, recibe la piedra de sacrificios. Por la decoración, es factible que sea la representación de un templo dedicado a Huitzilopochtli. La figura 49 es una construcción de techo cónico, por lo que posiblemente esté asociada al culto a Quetzalcóatl; no pudiendo identificar la dedicación del templo de la figura 50, pero que muestra las características arquitectónicas ya descritas y que son comunes a las construcciones aztecas.

Otro grupo de maquetas de origen mexica y que pertenecen a la colección del Museo Regional de Puebla son de una exquisitez extraordinaria por el tratamiento plástico de los detalles. En ambas se conservan las características arquitectónicas descritas en las otras tres piezas; con la salvedad de que éstas muestran un par de columnas, cuyo fuste decorado sostiene el dintel de acceso al templo en la parte superior de la pirámide propiamente dicha. Altos techos almenados rematan ambas construcciones: el templo grande muestra restos de pigmento en su mayoría rojo, mientras en la pequeña predomina el azul. La delicada decoración polícroma que aún se conserva en ellas merece ser estudiada detenidamente, con el fin de determinar la vocación de cada una.

La función de estas maquetas no es del todo clara; quizá son simplemente la representación de templos de especial reverencia y fervor. LC