El ritual y las ofrendas * El alimento de los dioses


PIEDRA DE SACRIFICIO

Mexica. Postclásico tardío
Piedra (basalto)
92 x 78 x 28 cm
MNA, INAH. México, D.F.
[10-81578]


Los rostros de los dioses expresan la concepción de un mundo mágico, oculto y terrible; son presencia de una realidad que vivía y moría y fueron creados por el hombre que, motivado en parte por el miedo y en parte por la esperanza, buscaba respuestas a la necesidad innata de trascender.

Para concretar la comunión del hombre con las divinidades, el rito hace las veces de enlace; y no en pocas ocasiones los ritos representan a los mitos que dieron origen a los dioses. El ritual mesoamericano, con su mosaico cultural tan extenso, es de una complejidad extraordinaria. Todo estaba impregnado de un profundo sentimiento religioso, por lo que el ritual formó parte inherente e indisoluble en la vida del hombre que quería comunicarse con sus dioses. Igualmente, los ritos eran una necesidad colectiva y un instrumento de control de los jerarcas hacia la sociedad. Eran también un instrumento de poder y excusa para dominar a terceros: como en el caso de las Guerras Floridas, en que los prisioneros eran destinados a ser figuras centrales en los ritos de sacrificio humano, como se verá más adelante. Los ritos que se celebraban al inicio de cada mes del calendario ritual o Tanalámatl, variaban en forma, contenido y duración dependiendo de la divinidad invocada; pero uno, el ritual del sacrificio humano, guardaba la esencia primigenia de morir para nacer; de morir para satisfacer al dios. Esta piedra de sacrificio o techcatl, es una de los pocos ejemplares que se conocen. Sobre el vértice se colocaba a la víctima, la que era sostenida de pies y manos por varios sacerdotes; su tórax se proyectaba hacia arriba por la presión de la punta de la piedra sobre su espalda, lo que permitía al Gran Sacerdote efectuar la inmolación con más facilidad. Esta piedra representa a una serpiente bicéfala, ondulante. LC