Mártires de La Reforma
M. Payno y J.A. Mateos
Mártires de la Reforma narra los asesinatos de tres grandes dirigentes
liberales que murieron por órdenes del general conservador Leonardo
Márquez (1820-1913). Melchor Ocampo (1814.
1861). la máxima figura del liberalismo michoacano, conoció
a Juárez en Nueva Orleans cuando ambos estaban desterrados por Santa
Anna. Presidió el congreso que redactó la Constitución
de 1857 y, como ministro del gobierno juarista, expidió en Veracruz
las leyes de Reforma. Por este hecho los generales reaccionarios le dieron
muerte, cuando Ocampo se había retirado ya de la política.
Santos Degollado (1811-1861) era secretario del Colegio de San Nicolás
(hoy Universidad de Michoacán) cuando al iniciarse la invasión
de 1847 entró a combatir como soldado raso. Por méritos en campaña
ascendió hasta general. Nombrado ministro de Guerra por Juárez,
organizó a base de contingentes populares el Ejército liberal
que triunfó en Calpulalpan sobre los conservadores, militares de carrera.
Salió a vengar la muerte de Ocampo y fue vencido y asesinado en el
Monte de las Cruces.
El más joven de los tres, Leandro Valle (1833-1861) fue uno de los
Niños Héroes que defendieron Chapultepec. Combatió en
la guerra de Reforma, y en una batalla le salvó la vida al general
conservador Miguel Miramón, su antiguo condiscípulo en el Colegio
Militar. General de brigada a los 27 años y comandante del D..F. Valle
fue también derrotado y muerto por el siniestro asesino a quien sus
contemporáneos llamaron el Tigre de Tacubaya.
Como otros textos reproducidos en Cuadernos Mexicanos, los de este número
aparecieron en E/ libro rojo (1870), obra colectiva en que se intentó
llevar al nuevo público lector una visión de nuestra historia.
Manuel Payno (1810-1894), periodista, diplomático, varias veces ministro
de Hacienda, inició en México la novela folletinesca con E/
fistol del diablo (1846). A los 81 años publicó la mejor novela
de nuestro siglo XIX: Los bandidos de Río Frío. Juan A. Mateos
(1831-1913) combatió en las guerras de la Reforma y la Intervención.
Sobre ellas escribió grandes folletines como EI Cerro de las Campanas
y EI Sol de Mayo. Vivió tanto como su amigo Payno y alcanzó
a publicar en 1911 La majestad caída (Porfirio Díaz). la primera
novela de la Revolución.
Melchor Ocampo
Una emboscada
Una noche, cerca de las once, don Melchor Ocampo salía de la casa de
una persona con quien tenía íntima y respetuosa amistad. Cuando
cerró tras sí la pesada puerta del zaguán, un hombre,
embozado hasta los ojos con un capotón negro, pasó rápidamente,
y después otro. Ocampo no hizo caso y siguió lenta y tranquilamente
hasta la esquina. Atravesó la bocacalle, y entonces advirtió
que los dos embozados se habían reunido y marchaban delante a pocos
pasos, a la vez que otros dos venían detrás, a algunas varas
de distancia. Comprendió, aunque tarde, que había caído
en una emboscada. Si retrocedía a la casa de donde salió, o
seguía a la suya, se hallaba siempre en el centro. Registró
maquinalmente sus bolsas y encontró que no tenía armas; pero
sí un reloj de oro, unas cuantas monedas y un lapjcero. Siguió
su camino derecho, pero muy despacio y sin dar muestra alguna de que había
observa do a los que le seguían, y decidido a entregarles el reloj
y el poco dinero que traía.
¡La rara casualidad! En todo el largo tránsito que la vista podía
abarcar no había ningún sereno, ni un alma se encontraba en
la calle. En este orden. Ocampo y