Gabriel A. Menéndez
El relato que aquí presentamos es la biografía de Manuel
Peláez Gorrochotegui, tal como se la narró en 1957 al historiador
Gabriel Antonio Menéndez, quien la incluyó en su libro Doheny
el Cruel.
Como todo cacique de origen popular, Peláez es un personaje contradictorio:
él se siente un benefactor del pueblo, un revolucionario, y así
se presenta al relatar su historia; pero al mismo tiempo la biografía
no deja lugar a dudas de sus esfuerzos por encumbrarse y aumentar a toda costa
su poder económico y político.
De 1910 a 1920 Peláez se mueve entre tres fuerzas regionales importantes:
las compañías petroleras, principalmente norteamericanas, preocupadas
por conservar y extender sus dominios sobre los valiosos yacimientos de la
zona; los rancheros y pequeños propietario, interesados en obtener
mejores precios por las tierras petrolíferas que ambicionan las compañías,
y finalmente los trabajadores obreros de las empresas petroleras, y campesinos
sin tierra, frecuentemente indígenas, deseosos de mejorar sus salarios
y condiciones de trabajo.
De estos tres sectores, sin duda eran las compañías petroleras
las que tenían el poder regional Aunque a veces Peláez y su
biógrafo pretendan afirmar lo contrario, lo cierto es que mientras
el cacique operó en la zona, las compañías mantuvieron
su control y a cambio de módicas cuotas lograron que sus negocios estuvieran
al margen del torbellino revolucionario.
Peláez fue, pues, un servidor de las compañías petroleras
y un agente del imperialismo norteamericano; pero también es verdad
que para servir mejor a sus patrones, el cacique necesitaba ejercer control
sobre los otros dos sectores: los rancheros y los obreros. Este control lo
lograba al presentarse como paladín de los oprimidos y como negociador
entre las compañías y los pequeños propietarios por el
precio de las tierras, y entre las compañías y los jornaleros
por los salarios y las condiciones de trabajo.
Es necesario hacer notar que esta biografía fue dictada por el propio
Peláez y que su redactor simpatizaba con el cacique. Se verá
entonces cómo, a pesar de las palabras de alabanza, los hechos hablan
por sí mismos y la historia es en realidad la confesión de un
hombre sin escrúpulos.
El cacique de las huastecas
Manuel Peláez Gorrochotegui, nacido en Temapache, cantón de
Tuxpan del estado de Veracruz, el 25 de junio de 1882 e hijo del señor
Ignacio Peláez y la señora Ana Gorrochotegui vivió casi
toda su vida en la Huasteca veracruzana bajo techo paterno en unión
de sus hermanos Ignacio -mayor que él- y Alfredo, menor. Poseían
sus padres tres ranchos en el municipio que dedicaban a la cría de
ganado mayor y algunas siembras que eran su mejor fuente de riqueza.
Sus estudios primario los hizo en Tantoyuca; Ver, en el colegio de don Mariano
Molina, de donde pasó a Tuxpan por dos años más y en
1894 fue trasladado a la capital de la República, donde ya estaba estudiando
su hermano Ignacio. Hacia 1896 ingresó en la Escuela Preparatoria de
San Ildefonso, mas habiendo fallecido su señor padre el año
anterior e intranquilo porque su madre se había retirado a uno de sus
ranchos con objeto de vigilar más de cerca sus intereses y continuar
atendiendo la educación de sus hijos, Manuel insistio ante ella a fin
de que le permitiera regresar a su lado. Así, hacia fines de 1899,
doña Ana accedió a que interrumpiera sus estudios, volviendo
al rancho a aprender a trabajar al lado de su madre