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La
Iglesia
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La iglesia su organización
y su obra
La Iglesia Católica realizó
una obra admirable, por su espíritu de caridad y capacidad constructiva.
Cada provincia tenía un obispo y cada pueblo un párroco. El primer
arzobispo de México, fray Juan de Zumárraga, fue protector de los
indios e impulso la cultura. Contaba la iglesia con el tribunal
de la Inquisición para defender la fe; quedaban fuera de su jurisdicción
los indios y los no bautizados. Las órdenes religiosas de franciscanos,
dominicos, jesuitas, mercedarios, y agustinos realizaron una extraordinaria
labor. México recordará siempre la obra de los franciscanos: fray
Pedro de Gante, fray Martín de Valencia, fray Toribio de Benavente
(Motolinia), fray Antonio Margil de Jesús y fray Junípero Serra.
Los dominicos se distinguieron en la predicación; fray Bartolomé
de las Casas, el defensor de los indios fue dominico. Fray Alonso
de la Veracruz, agustino hizo gran obra educacional. Los jesuitas
fueron redentores materiales y espirituales de los indígenas.
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La aparición de la Virgen
de Guadalupe
La mañana del 9 de diciembre
de 1531, ocurrió la primera de las cuatro apariciones de la santísima
Virgen de Guadalupe, en el cerro del Tepeyac, al indio Juan Diego,
a quien escogió como símbolo, para enviar por su conducto un mensaje
de amor y gracia al pueblo mexicano. La Señora le habló así a Juan
Diego: " Sabe y ten entendido, tú el más pequeño de mis hijos,
que soy la siempre Virgen Santa María, madre del verdadero Dios
por quien se vive. Deseo vivamente que se me erija un templo, para
en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa pues
soy vuestra piadosa madre, a ti, a todos vosotros juntos los moradores
de esta tierra..."
Juan Diego le respondió:
" Señora Mía, ya voy a cumplir su mandato..."
A partir de entonces,
el pueblo mexicano ama de tal manera a la Virgen de Guadalupe que
Hidalgo, tres siglos después, la toma como estandarte en la lucha
de Independencia. Desde entonces, casi se confunden mexicanismo
y guadalupanismo.
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Los misioneros
Vestidos pobremente con
tosco sayal, descalzos o casi descalzos, flacos y macilentos, pero
animados por una energía espiritual sobre humana, buscaban almas
que salvar, ignorantes que instruir, desventurados que proteger.
Los indios los amaron y los veneraron. Fue un espectáculo maravilloso
para los indios, ver a Cortés, prodigioso vencedor de poderes para
ellos colosales, posternar su cuerpo e inclinar su espalda, ante
esos hombres con apariencia de mendigos. Aprendieron que en el mundo
hay una fuerza superior a la de las armas y que esos hombres humildes
y miserables la traían como el más grandioso de los tesoros. Fruto
espiritual de la Colonia, por su talla de mártir y varón fue san
Felipe de Jesús, primer santo mexicano.
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La obra de las misiones
La obra de las misiones
fue titánica. A mediados del siglo XVI, los franciscanos tenían
en el centro del país 80 casas con 380 religiosos, los dominicos,
40 con 210 y los agustinos 40 con 212. Aprendieron lenguas mexicanas
y escribieron en ellas cartillas, vocabularios y libros diversos.
Conservaron la historia del México antiguo y las lenguas principales
que en él se hablaban. Cultivaron los campos, propagaron la ganadería,
estimularon el arte, enseñaron oficios, realizaron obras públicas
y cuidaron de la moralidad. Hubo muchos mártires españoles y mexicanos
en el Nuevo México; más de 30 misioneros fueron martirizados.
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Educación y beneficencia
La iglesia desarrolló
una obra incomparable de educación y beneficencia. Todas las parroquias
y misiones tenían organizada su escuela de catecismo y muchas veces
eran escuelas de lectura, escritura, aritmética y oficios. Tenían
hospitales y se ocupaban de ayudar a los pobres. Fundaron importantes
colegios. El primero creado en México y luego en Texcoco por fray
Pedro de Gante, educada y alimentaba a más de mil alumnos. El Oidor
don Vasco de Quiroga, luego obispo de Michoacán, combinó la educación
con el trabajo y la beneficencia, primero en México y luego en Pátzcuaro
y otros pueblos michoacanos. Llamaba a sus instituciones Hospitales,
porque recogía enfermos y gentes necesitadas; eran a la vez colegios
en que cientos de jóvenes y niños recibían educación, y centros
de producción con tierras, molinos, ganados, telares y diversas
industrias. El Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco era para indios
nobles y el de San Juan de Letrán para mestizos.
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