La observancia médica y la investigación
científica fueron los dos puntales de la enseñanza médica
de Montaña, que habrían de impulsar en América la medicina
moderna. En tanto que los médicos de la época se conformaban
con supeditar los fenómenos fisiológicos del hombre a las
funciones directivas de la psique, que en él habitaba, Montaña
prestó atención preferente en sus lecciones a los conceptos
funcionales que acerca de la salud y de la enfermedad había
llegado a formarse, según lo dice J. Joaquín Izquierdo, como
resultado del estudio y adecuada comprensión del espíritu
con que fueron escritos los libros hipocráticos.
Consecuencias naturales de tal criterio,
fueron que Montaña no viera en la Semiótica más que una interpretación
funcional de los síntomas, y que pensara que en los enfermos
las alteraciones de los humores y de los sólidos debían ser
interpretadas por relación a las fuerzas, mecanismos y causas
de los actos o fenómenos que en ellos se apreciarán. En cuanto
a las enfermedades, rechazó las definiciones y clasificaciones
puramente verbalistas que acerca de ellas se hacían; repudió
las fantásticas teorías humorales en boga, y negó que existieran
los días críticos fijos, que los métodos seguían admitiendo,
de acuerdo con los antiguos.
En cuanto a métodos terapéuticos, condenó
las inútiles y perjudiciales sangrías, los purgantes fuertes,
los llamados antipútridos y los pretendidos alexifarmacos;
pero comprendió que había medicaciones biológicas capaces,
en pequeñísimas cantidades, de alterar toda la masa corporal.
Por eso y otros muchos aspectos, corresponde a las "Praelectiones"
un lugar único en la historia de la medicina en México. Ni
en todo el período de vida de la Antigua Facultad Médica de
la Real y Pontificia Universidad de México (1580-1833) ni
en las décadas que siguieron a la creación del Colegio de
Medicina (1838), es posible encontrar otra producción que
siguiera se aproxime a la de Montaña, por la amplitud, altura
y relativa modernidad de sus conceptos y propósitos.
La obra de Montaña tuvo digno reconocimiento
de parte de la Sociedad Médico Quirúrgica de Cádiz, en España,
que lo eligió como uno de sus socios. Por otra parte, sus
trabajos fueron no sólo conocidos, sino altamente apreciados
en Inglaterra y Estados Unidos, en un medio de habla inglesa
entonces bastante remoto de la Nueva España, por la cultura
y las relaciones científicas. Por todo ello, y como lo dice
doctor Izquierdo -el mejor biógrafo de Montaña-, éste "debe
ser tenido como el precursor mexicano más temprano, en la
serie de promociones que en el medio patrio han tenido a la
meta como común de lograr que la medicina sea ante todo de
observación, y cada vez más científica, como resultado de
la adopción de las técnicas y de los métodos de investigación".