Opina Fastlicht que la mutilación debe
haber sido muy dolorosa y que en ocasiones inutilizaba al
diente así tratado. Los personajes en quienes se practicaba
la mutilación dentaria conocida como incrustación, deben de
haber padecido graves dolores, que soportaron por el bien
parecer o por verdadera necesidad. Para aminorar tales dolores,
algunos indios de Oaxaca, usaban cierto hongo silvestre como
anestésico y el padre Sahagún cuenta que los teochimecas comían
y tomaban en lugar de vino el hongo nanacátl, quien tenía
virtud inebriante. Pardal dice que los dentistas recibían
entre las tribus nahuatlacas el nombre de Tlancopinaliztli
y en el Vocabulario de Molina de 1955, se les llama Tlantzitziqualia.
En los testimonios antiguos se recalca
la práctica de la higiene bucal y dentaria de los indígenas
tenían, cuando los europeos no aprendían todavía a asear su
boca ni a cuidar sus dientes, preservándolos de numerosas
dolencias.
El Manuscrito Badiano, compuesto por el
indio xochimilca Martín de la Cruz, primer libro de medicina
herbolaria que se publicó en el nuevo mundo, contiene varias
referencias al uso de las cenizas como raspante dentario,
que mezcladas con miel formaban un buen dentífrico. La maravillosa
blancura de la dentadura de los indígenas mexicanos, aún los
actuales se debe a la cal y al tequesquite con que preparan
el maíz que cuecen para formar el nixtamal de las tortillas.
La cala, el tequesquite, las cenizas,
el hollín, la sal, el alumbre, los polvos de cobre, huesos,
conchas, caracoles, carbón, algunas piedras y animales, eran
empleados frecuentemente por los médicos aztecas para curar
a sus enfermos, no como amuletos u objetos mágicos, sino por
sus propiedades curativas, como los de las hierbas que usaban
a pasto. Los brujos agregaban a esos remedios probados sus
toques mágicos, amuletos y brujerías; que aún llegaban a influir
en las costumbres generales. Por ejemplo, cuando un niño azteca
empezaban a caérsele los dientes de leche, los recogían y
echaban a un agujero de ratón, para llamar a otros