Justicia Social

La filosofía mexicana antipositivista (ya que el positivismo produjo la dictadura de Porfirio Díaz) y humanista, se tornó en política como un contenido de justicia social, que en derecho dio nacimiento a la constitución de 1917, fruto jurídico, político, filosófico, económico de una revolución que fue anterior a la Rusa, y que cada vez se sostiene con mayor certeza de que le inspiró en muchos aspectos. Al comenzar el siglo XX, México era un país de desarrollo agrícola bastante retardado, con un industrialismo embrionario una población miserable y analfabeta en su gran mayoría.

Parecía que México se alejaba entonces de sus tradiciones grandiosas, cerrando los ojos a la conciencia de su destino continental y mundial. En el último tercio del siglo anterior se habían hecho ferrocarriles, telégrafos, caminos y obras materiales de cierta significación, se habían fundado fábricas, se enviaban fuentes dividendos a Londres, París y Nueva York; pero el pueblo, mientras más bajo era su nivel, más notable era su apatía; languidecía en una calma sin entusiasmos de trabajo, sin euforia de bienestar propio.

La oleada revolucionaria de 1910, cuya cúspide no alcanzamos todavía, trajo en su convulsión reacomodo una creciente de anhelos populares, y al correr de los años, llegaron nuevas expresiones filosóficas, desconocidas entonces en otros lugares de la tierra, y que auguraron mayor progreso aún, más felicidad, aunque los políticos se encargaron de frustrar esos anhelos, con su codicia, y las leyes, tan avanzadas que nos dieron, no pasaron de ser letra muerta en muchas ocasiones. Sin embargo, aunque dolorosa y lentamente a partir de 1910, México se ha descubierto a sí mismo.

México, con el impulso revolucionario que se codificó en la Constitución de 1917, dio un salto inmediato a la organización democrática y el nacionalismo económico y cultural. Se sabe hoy que Rusia copio, en su revolución comunista, algunos ideales mexicanos, jurídicos y económicos, sociales y culturales, y lo mismo han hecho después los movimientos más o menos logrados de pueblos tan distantes unos de otros, y también de México, como China, Turquía, India, Egipto, Indonesia, Venezuela, Paraguay, Bolivia, etcétera.