En
1926, según lo recuerda Aragón Leyva, un joven médico militar,
Donato Pérez García, contra el parecer de los médicos europeos,
que inyectaban ya la insulina en forma intramuscular, discurrió
hacerlo por la vía intravenosa en enfermos locos y paralíticos,
algunos de los cuales logró salvar. Su método fue reconocido
más tarde como el precursor del choque insulínico que estableciera
el doctor Sakel. Pérez García había observado en su propio
organismo los efectos de la insulina aplicada en la sangre,
antes de aplicarla a otros seres humanos, en lo cual había
precedido como lo hacen los buenos investigadores.
La insulina es una
hormona que segregan ciertas isletas de la glándula páncreas.
Banting y Best, de Toronto, Canadá descubrieron las propiedades
de esa hormona para mejorar a los enfermos de diabetes azucarada,
exceso de glucosa en la sangre por insuficiencia de combustiones,
debida a la atrofia natural del páncreas. Ellos mismos recomendaron
que no se aplicarse la insulina endovenosamente, sino sólo
por la subcutánea o hipodérmica, advirtiendo que era muy peligroso
hacer aquello. Pérez García, por una serie de interferencias
obtenidas de sus estudios y observaciones, pensó que no había
tal peligro.
Para no exponer
a otros con sus experimentos, él mismo sirvió de medio experimental,
y al introducir la droga en su cuerpo, directamente en la
corriente sanguínea, advirtió que se producía efectivamente
un choque, pero que éste en lugar de ser peligroso y maligno,
servía para producir estados fisiológicos que conducían a
mejorar el estado de algunos pacientes. Antes había inyectado
insulina en los perros, a los que previamente había analizado
el líquido cefalorraquídeo; observó los efectos de la droga,
y luego le inyectó glucosa con arsénico y bismuto, a los pocos
minutos extrajo el líquido de la médula espinal.
El análisis del
líquido cefalorraquídeo reveló la presencia de las dos instancias
unyectadas, las que normalmente y por otros medios tardan
semanas y aun mes para llegar a esta región del cuerpo; y
con tales descubrimientos apresuró la absorción por el organismo
de las drogas curativas, que fue muy útil en el tratamiento
de la sífilis cerebral. En 1939 obtuvo Pérez García la patente
internacional de sus descubrimientos, extendida en Washington,
y más tarde fue llamado de San Diego, California, como médico
huésped del Hospital Naval, el doctor Sakel, de Viena, lo
llamo honrosamente " creador del choque insulínico".