La mendicidad no se conoció en el México precortesiano, pues los individuos que se veían acusados por extrema escasez, sólo en épocas de penuria general, en que se perdían las cosechas, o por las guerras, aligeraban su situación emigrando del lugar donde acaecía la estrechez o se vendían como servidores o esclavos a los señores. Sin embargo, la caridad pública, que era conocida ya, se movía para auxiliar a los necesitados, en diversas formas. Esta caridad obedecía en el México antiguo a un sentido moral y religioso, como en Europa actuaba por el imperio religioso del cristianismo; y sólo La Colonia conoció la asistencia. En el México precortesiano era frecuente que, junto a los templos hubiera colegios en que se educaba y nutría a los niños huérfanos, "hasta que se hallaban aptos para las artes"; y también había trojes destinadas a guardar granos en las cosechas abundantes, de donde se sacaba lo necesario para el consumo del año, repartiéndose el sobrante entre las personas de escasos recursos, "así casados como solteros y enfermos". Había además Hospitales en Tenochtitlán, Texcoco, Tlaxcala y Cholula y asilos para ancianos nobles y guerreros inválidos.
Pasada la conquista, en los primeros años de La Colonia, la asistencia pública comenzó a ejercerse en la Nueva España, como un asunto de la caridad española, ejercida por los particulares pudientes y las asociaciones religiosas. Consistía tal asistencia en curar a los enfermos, ciegos y ancianos desvalidos, a quienes se daba consuelo espiritual también, para que sobrellevaran cristianamente sus desgracias, sin desesperación alguna, socorriéndolos además la caridad pública en lo indispensable para que pudieran cubrir sus necesidades más apremiantes e imperiosas.
Entre los oidores que formaron la Segunda Audiencia de la Nueva España, vino en el año 1530, el licenciado Vasco de Quiroga, ilustre letrado que había sido escogido por el Rey Carlos V para viajar a México a auxiliar a los indios, explotados por los encomenderos, y a corregir los abusos que había cometido la Primera Audiencia. Don Vasco, tan pronto como se puso en contacto con los indígenas mexicanos, conoció sus necesidades y trató de remediarlas: apenas un año después de haber llegando a la Colonia, formuló un proyecto para resolver los problemas de los aborígenes, que comunicó a Madrid en carta fechada en 1531.
A Don Vasco le interesaron, más que la población indígena de las grandes ciudades, las que permanecían en el campo y en las minas, y preferentemente la que había huido a las montañas y los bosques, para escapar al yugo español, y que se encontraba en condiciones precarias de vida. Comprendió que debía iniciar la organización de los naturales por esos grupos que más sufrían, por lo que su acción tuvo carácter neto de asistencia social, muy diferente de la antigua caridad española. Y pensó que deberían ser alojados los naturales en pueblos, que llamó hospitales, regidos por específicas orientaciones, las que concreto, según parece, inspirado en la famosa obra "Utopía" de Tomás Moro.
"Por desgracia (dice el doctor Jesús Díaz Barriga), la magnífica simiente que constituyeron éstos hospitales no llegó a fructificar en forma definitiva, ni mucho menos a imprimir el carácter general de la asistencia en el país, durante los siglos posteriores; ésta recibió la influencia exagerada de las ideas religiosas que dominaban en aquella época y llegó aser una forma de caridad, o más bien de limosna, hecha por las asociaciones religiosas y por los particulares, no por obligación humana, ni siquiera por amor al prójimo, como lo pregonó don Vasco de Quiroga, sino por amor a Dios, y frecuentemente con las miras de hacerse las personas caritativas notorias y amables en esta vida y de sentirse merecedoras de recompensas en la otra".
Con el tiempo, la acción de la caridad también perdió profundidad y extensión, al reducirse a atender a los necesidades más apremiantes de algunos pobres, a limitarse casi exclusivamente a tratar a grupos de enfermos y sostener algunos ciegos, ancianos e impedidos; y al intentar cubrir las urgencias inmediatas de un corto número de huérfanos. La caridad Colonial, durante los tres siglos de la dominación española, fundó en lo que hoy es el Distrito Federal, 16 pequeños hospitales, 2 asilos y un Monte de Piedad, y en el resto del territorio nacional, 74 hospitales de cupo reducido.
Pero a pesar de todo, la idea de Don Vasco de Quiroga, nueva en el mundo, de ejercer el auxilio a favor de los necesitados como una función social de educación, preparación y capacidad para hacer que por sí solos solieran de su indigencia y pudieran seguir sosteniéndose, quedo como una dádiva de México al mundo, que más tarde hizo nacer la verdadera asistencia social, ejercida por el mundo moderno ampliamente.