[1773-1824]
Consumador de la Independencia
Nació el 27 de septiembre de 1773 en Valladolid, hoy Mórelia,
Michoacán. Estudió en el Seminario de su ciudad natal, ingresando
luego al ejército virreinal, como alférez del regimiento provincial
de su ciudad natal. En 1809 tuvo que ver en la conspiración encabezada
por García Obeso y Michelena, para dar libertad a México, la cual
se dice que fue descubierta por él mismo, porque no se le ofreció
el mando de la tropa. En 1810, al estallar la guerra de Independencia, Iturbíde
rechazó el grado de teniente coronel que Hidalgo le ofrecía, y
marchó a México para ponerse a las órdenes del virrey,
quien lo envió contra los insurgentes.
Iturbide tomó parte en numerosas acciones bélicas contra los levantados
en armas, a partir de la famosa batalla del Monte de las Cruces; ganó
fama por su valor, crueldad, falta de escrúpulos, buena apariencia física
y modales distinguidos, que hacían la delicia de las damas. En 1820 era
coronel del ejército realista. Entonces el virrey Apodaca le encomendó
el mando del más poderoso ejército, para que fuera a someter a
Guerrero, que se encontraba dueño del sur del país; pero no habiendo
logrado someterlo, entró en arreglos con él, pensando independizar
a México y gobernarlo, por lo que quedó al frente del movimiento.
En 1821 se firmó el Plan de Iguala, formulado por Iturbide, que declaraba
la Independencia de México. El 27 de septiembre de 1821 entró
Iturbide triunfante a la ciudad de México, al frente del Ejército
Trigarante, que consumó la Independencia. Tomó inmediatamente
la dirección de los asuntos públicos, nombrando una Junta Provisional
Gubernativa, de la que fue presidente. Más tarde se constituyó
una regencia de cinco individuos, a la cual dirigió con el tratamiento
de alteza serenísima. Durante el tiempo en que formó parte de
la regencia, Iturbide dio muestras de talento y energía personal para
gobernar.
El 18 de mayo de 1822, el sargento Pío Marcha, en una revuelta callejera,
proclamó públicamente a Iturbide como emperador de México,
proclamación que se ratificó por el Congreso el 20 del mismo mes,
efectuándose la coronación de Iturbide y su esposa el 21 de julio
siguiente. Durante su breve reinado creó la Orden de Guadalupe, para
premiar a sus partidarios, la que se restableció más tarde por
Santa Anna y luego por el emperador Maximiliano. Habiendo tenido dificultades
con el Congreso, que se oponía a algunos actos de su gobierno, lo disolvió.
El 24 de enero de 1823, cuando se efectuó su jura, ya había estallado
la revolución en su contra, acaudillada por el general Antonio López
de Santa Anna, que proclamó el Plan de Casamata o de Veracruz, el primero
de febrero, al cual se unió Guerrero, estando ambos contra el Imperio.
Iturbide se vio obligado a abdicar, el 20 de marzo siguiente, desterrándose
a Florencia y a Inglaterra, siendo desde el 28 de abril declarado traidor y
fuera de la ley, por el Congreso que él disolvió. Sin embargo,
no cejó Iturbide en su empeño de regresar a México y reconquistar
el trono que tan hábilmente había creado y ocupara, de acuerdo
con Pío Marcha.
Siguió trabajando en el extranjero para regresar a México, entendiéndose
con los partidarios que tenía en todo el país. Por fin, el 4 de
mayo de 1824 salió de Londres, donde radicaba, rumbo a México;
el 14 de julio siguiente desembarcó en Soto la Marina, donde inmediatamente
se le capturó, siendo remitido a la capital tamaulipeca, donde el congreso
de esa provincia lo juzgó y sentenció a muerte, como traidor a
la patria y fuera de la ley. La pena se cumplió en Padilla, Tamaulipas,
el 19 de julio de 1824, siendo fusilado. Antes de morir arengó a sus
ejecutores, afirmando que no había sido traidor a México, a quien
había dado su Independencia. Su nombre se inscribió más
tarde, con letras de oro, en la Cámara de Diputados de la Unión;
fue retirado después, a iniciativa del licenciado Antonio Díaz
Soto y Gama.
Farías, Mora huyó a Europa y estableció su residencia en
París, donde, en medio de una precaria existencia, casi miserable, tuvo
ánimos para consagrarse a sus tareas literarias.
Publicó dos libros: México y sus revoluciones, en 1836, y sus
Obras Sueltas, en dos volúmenes, en 1838.
Desde 1828 había estado haciendo acopio de material para el primero de
ellos, que empezó a escribir en 1830 y que, conforme al plan trazado,
debería comprender una primera parte estadística, relativa al
estado general de la República y particular de cada uno de los Estados
y Territorios; y una segunda, histórica, que abarcaría