Incertidumbre, el futuro político de San Luis Potosí

Por Felipe Moreno

Desde 1959, el Estado de San Luis Potosí no enfrentaba otra crisis política Las declaraciones del entonces Presidente de la República, Adolfo López Mateos hablarían por sí solas. El mexiquense diría en aquella ocasión: “Un cacique dura hasta que el pueblo lo aguanta " estas palabras fueron suficientes para propiciar un gran descontento popular que terminó de motivar la caída del gobernador potosino Manuel Álvarez, incondicional del ex poderoso cacique Gonzalo N. Santos, y poner en su lugar al político y periodista Francisco Martínez de la Vega.

La eterna licencia de Florencio Salazar Martínez.

Lo que ocurría en aquellos momentos de 1993 en la " Cuna de la No Reelección ", tiene sus orígenes el 25 de mayo de 1987, cuando el gobernador Florencio Salazar Martínez, solicita licencia al Congreso del Estado para separarse del cargo - según dijo por 10 meses -, lapso que sólo cubrió el formalismo - ritual acostumbrado en estos casos. Se tuvo que dar así, para encubrir una renuncia tácita y evitar, de esa manera, el convocar a elecciones extraordinarias. El Congreso del Estado, de clara matrícula jongitudista, se pronunció entonces a favor de Leopoldino Ortiz Santos, quien al momento de su designación se desempeñaba como ministro de la Suprema Corte de Justicia. El interino, uno de los más fuertes contendientes de Salazar Martínez a la postulación priísta en 1985 y sobrino del legendario cacique Gonzalo N. Santos, sería el primero de una larga lista de mandatarios sustitutos, en un período muy corto; misma que, parecía interminable, no obstante el hecho de haber pasado ya por la gubernatura un mandatario de seis años - Horacio Sánchez Unzueta - y otro que, parece culminará su mandato -Fernando Silva Nieto - aun siendo como es de extracción Camachista. Se dice esto así, por el hecho de que el primero de ellos es heredero directo de la corriente política que encabezó en San Luis Potosí el desaparecido Salvador Nava Martínez y, en el caso del segundo, por tratarse de un mero apéndice o “lacayo” del matrimonio Sánchez Nava.

Desde la llegada de Leopoldino Ortiz Santos al gobierno de San Luis Potosí y la estrepitosa caída de Fausto Zapata en 1993, han pasado por esa silla, Gonzalo Martínez Corbalá y Teófilo Torres Corzo, sin descartarse, en estos años, la posibilidad de un próximo interinato, dada la gran división que presenta una sociedad que no ha encontrado en sus partidos políticos el espacio idóneo a sus inquietudes políticas y sociales. Ni el PRI, ni el PAN y mucho menos la " invención " Nava Partido Político” o PRD, han sido capaces de aglutinar las demandas de sus admiradores.

Excelente candidato, pésimo gobernante

Florencio Salazar le hizo honor a la frase: " de excelentes candidatos, pésimos gobernadores ". En efecto, había llegado a su natal estado luego de una extensa y prolífica carrera política; fue la esperanza de los potosinos por muchos años, pero desgraciadamente a los pocos días de asumir el cargo su carácter cambio. Salazar Martínez ya nunca fue el mismo que acostumbraba pasearse por las plazas y jardines de San Luis Potosí, y que lo mismo saludaba a la gente o se sentaba a tomar un café en " La Parroquia ".

Florencio poco a poco fue perdiendo el apoyo de las bases, luego el de los sectores de su partido y, finalmente perdió la confianza del Presidente de la República quién, ante la magnitud de los problemas y la poca capacidad de convocatoria para resolverlos, tuvo que " sugerirle " la renuncia. Ningún potosino pudo encontrar en Salazar Martínez esas supuestas dotes de gran conciliador, con enormes cualidades y con profundos nexos con los grupos empresariales del estado.

Al final, Salazar Martínez no pudo consolidar ninguna expectativa real, perdiendo a sus " amigos " y alejándose de quienes lo apoyaron. Su amplia experiencia en posiciones partidistas y cargos de elección popular nunca se vieron.

Nunca tuvo una base real de poder.

Desde el primer momento, Salazar Martínez se vio falto de poder, su campaña política la realizó sin el apoyo del PRI, del que sólo utilizó las siglas. El distanciamiento con Carlos Jongitud Barrios, quien había dejado de ser gobernador recientemente y mantenía el control absoluto del estado, no le permitirían consolidarse.

Sus errores irían creciendo hasta hundirlo. Salazar Martínez no aprendería nunca. Por sus oídos nunca pasarían las palabras de un viejo sabio de la política potosina, como fue don Antonio Rocha Cordero, quien siempre le sugirió a sus discípulos gobernadores: - Salazar Martínez nunca lo fue - nunca entrar en contradicción con los ex gobernadores.

Las pugnas entre el gobernador y los grupos de presión política que mantenían el control del estado de San Luis Potosí no se hicieron esperar. En las elecciones para renovar las alcaldías, el gobernador intentó colocar a su amigo el empresario Guillermo Medina de los Santos, mientras que el líder vitalicio de Vanguardia Revolucionaria del Magisterio, Carlos Jongitud forzaría la candidatura del profesor y presidente del CDE estatal Helios Barragán. Si bien el gobernador y anteriormente abogado patronal logró colocar a su candidato, el SNTE - que por esos días dirigía en cuerpo y alma la máxima representante del jongitudismo: Elba Esther Gordillo Morales - obtuvo la delegación del PRI en el estado de Yucatán. Algo parecido aconteció en el Congreso local donde la mayoría de sus integrantes se mantuvieron siempre distantes del gobernador.

El principio del fin.

La falta de capacidad negociadora y la desesperación política de Salazar Martínez propiciaron la represión. El 1o de enero de 1986, al tomar posesión de la alcaldía capitalina “su amigo” Medida de los Santos, la policía actuaría en contra de los manifestantes que representaban a diversos sectores de la población, con lo cual la oposición representada por el Frente Cívico Potosino se fortalecería.

En 1983, este frente, a través de una coalición electoral con el PAN y el PDM, llevaría a la presidencia municipal de la capital potosina al desaparecido Salvador Nava Martínez, hombre que acaudillaba a la oposición y que ahora en su ausencia, pretendió dirigir - sin éxito - su viuda, la señora Concepción Calvillo a través del llamado " Nava Partido Político ".

El acontecimiento que precipitó la caída de Salazar Martínez tuvo lugar en la penitenciaría local, donde la muerte de algunos internos, en circunstancias aún no aclaradas, la desaparición de otros y la impunidad que el gobernador otorgó al director del penal, quién según versiones huyó en el propio avión de Salazar Martínez, ocasionaron su esperada remoción, no sólo de la silla potosina, sino también del escenario político nacional.

Llega el primer interino.

En 1985, Leopoldino Ortiz Santos llega con una misión específica: conciliar las profundas diferencias existentes al interior de los diversos sectores de la sociedad potosina.

La tarea del integrante del poder judicial no sería sencilla, ¿Cómo remontar los errores de un nombre que había sido considerado en su momento como el candidato más idóneo, frente a otros como Fausto Zapata, Fructuoso López Cárdenas y Gonzalo Martínez Corbalá?

No obstante, con Leopoldino Ortiz Santos al frente del gobierno estatal, la maltrecha situación política obtendría un repunte para el PRI en las elecciones del 5 de agosto de 1990, donde dicho partido, con una abstención del 80%, se llevó todo. Incluso, Alberto Miguel Martínez Mireles, entonces presidente estatal de Acción Nacional, el lunes 6 por la tarde aceptaba, sin reticencias, la derrota de sus candidatos. Empero, el panismo no perdería las esperanzas de obtener la gubernatura en 1991 con Salvador Nava Martínez a la cabeza.

Acción Nacional revisó minuciosamente sus relaciones - ahora rotas -, con el doctor Nava y ponderó las conveniencias de allegarse otras fuerzas que anteriormente habían calificado de " pequeñas " y sin presencia en la entidad. Tomaron como bandera electoral los desaciertos en el gobierno interino. El blanquiazul tenía un año para hacer dos campañas: llevar a la silla estatal a Salvador Nava y desgastar hasta donde fuera posible la imagen del gobierno priísta, para lo cual fueron bien recibidas las críticas al gobierno de Ortiz Santos, con quien había operado como funcionario en el gabinete de Salazar Martínez y posteriormente con Fausto Zapata.

En su momento, el priísta Julio Hernández López fue señalado como el principal promotor del desprestigio político que sufría Ortiz Santos. El entonces Secretario de Programas Especiales del CEN del PRI durante el paso de Luis Donaldo Colosio por esas instalaciones partidistas, junto con el PRD, aseguró que en su estado se habían violado los derechos humanos de un campesino de la zona huasteca que supuestamente había sido desaparecido, cuando en realidad lo único que hizo este campesino fue auto - exiliarse en los Estados Unidos; para ser más claros, irse de brasero. Tal exageró la nota el bisoño priísta que llegó a invocar la protección federal para el campesino emigrado.

Ortiz Santos, gobernador sin pena ni gloria.

Para mediados de 1990 el agua le llegaba a los aparejos a Ortiz Santos. Se insistía constantemente en su relevo y su misión de apaga fuegos había quedado más en mito que en realidad. Después de más de tres años, todavía se percibían los humos políticos que dejaron los incendios del Palacio Municipal de San Luis Potosí. luego que enardecidos simpatizantes de Acción Nacional reclamaban el robo de la alcaldía para su partido. En ese momento se midieron las fuerzas y el saldo fue rojo. De la violencia verbal se pasó a la violencia física y el panorama se anulaba para los gobiernos emanados del PRI. Leopoldino Ortiz Santos estaba en una encrucijada: volver al Poder Judicial, de donde tal vez nunca debió salir, o renovar una licencia ante éste para seguir al frente del gobierno del estado.

El 5 de julio de 1990, todo transcurría en abierta normalidad en San Luis Potosí, pero alrededor del mediodía, informes de la capital del país pronosticaban que pronto serían gobernados por otro " importado ": Fausto Zapata, ex delegado político en Coyoacán, ex senador, embajador y siempre emisario del echeverrismo. En esta ocasión ni los mismos priístas potosinos se sintieron protagonistas, sino simplemente espectadores de su propio destino. La situación dio paso a la confusión y en un alarde de conciencia cívica " empezaron espontáneamente a cerrar filas en torno de algo que no permitiría alterar la soberanía de su estado y menos la conseguida paz social que desde las épocas de López Mateos, había dado a San Luis Potosí el gobernador Manuel López Dávila, quien habría de tomar posesión en medio de un gran desplazamiento militar.

El mismo obispo Zimansky encontró saludarle y deseable que Ortiz Santos concluyera su interinato. Virgilio Garza Herrera, entonces Presidente del Centro Empresarial Potosino, se declaró en el mismo sentido y recordó que las elecciones de diputados locales en agosto de 1990, deberían ser pacíficas e inalterables.

El PRI estatal, comandado por Carlos Jiménez Macías y Joaquín Álvarez Ordoñez, de inmediato se pusieron del lado del gobernador y primer priísta del estado. El alcalde panista de San Luis Potosí Guillermo Pizzuto, reconociendo sus relaciones institucionales con Ortiz Santos, pronosticó que no se iría y, en esta auténtica concertación, las voces del liderazgo potosino conminaron a esperar a que fuera el Congreso del Estado, durante la sesión extraordinaria que se llevó a cabo el 25 de julio, para que fuera esta LII Legislatura la que marcara y decidiera los acontecimientos. Previa auscultación del Congreso se daba por hecho que Leopoldino Ortiz Santos se quedaría en su lugar para que los tiempos políticos en San Luis siguieran fluyendo hasta llegar al cauce de la primera magistratura del estado a un gobernador electo mediante sufragio y ese tiempo debería ocurrir hasta julio de 1991. En esa oportunidad, fueron canceladas las intenciones demandar como interino a Fausto Zapata.

La historia de los decesos políticos en los mandos estatales potosinos, hablaba y lo sigue haciendo, de la imperiosa necesidad de no ajustar la selección de candidatos a meros vínculos personales. La problemática de la entidad, debía ser la base para el reclutamiento político.

Lo que se esperaba sería un trámite rutinario entre la prórroga de la licencia de Ortiz Santos y la llegada del próximo gobernador, o sea la conclusión de un cuatrienio sin pena ni gloria, comenzó a convertirse en una verdadera odisea para el priísmo potosino y en angustia para el priísmo nacional. Los intereses que se habían mantenido en un impasse, comenzaron a mostrar cierta inquietud y los grupos de poder, por su parte, mantenía una calma aparente a flor de piel; pero debajo de aquella epidermis comenzaban a acelerarse las contradicciones sociales, sobre todo las de aquellos que buscarían alcanzar la silla estatal un año más tarde. No resulta ocioso decir que ipso facto los potosinos se remitieron a dar con el origen de donde saldría aquel borrego que se convertiría en una realidad un año más tarde y que finalmente sus investigaciones tendrían que parar en donde el ex senador potosino Fernando Silva Nieto mantenía y mantiene excelentes relaciones.

 

Pronto fueron acomodándose las piezas del rompecabezas: Fausto Zapata sería enviado a medio calentar la silla, para pavimentarle el camino al ex senador Silva Nieto y dentro de un año eminentemente electoral como es el de la sucesión presidencial, hacer un cambio de posiciones. La estrategia que se comentaba en esos momento no tuvo éxito ya que el priísmo nacional decidió enviarlo como su abanderado a la contienda por la gubernaturas constitucional. Detrás de Fausto Zapata quedarían muchos distinguidos priístas. El sempiterno francotirador Gonzalo Martínez, Corbalá que finalmente llegaría por la vía del interinato, Fructuoso López Cárdenas, a quien se le abriría el caso " Culhuacanes " para evitar su arribó y desprestigiarlo políticamente en su estado; Carlos Jiménez Macías, quien declinaría meses más tarde el privilegio de ser el sustituto de Martínez Corbalá y Jesús Silva Herzog, quien se autodescartaría por no tener arraigo potosino.

El ambiente comenzaba a enrarecerse, Acción Nacional endureció sus posiciones y el mismo Alberto Miguel Martínez Mireles, entonces presidente estatal del PAN y quien aceptó la derrota de sus candidatos en 1991, llegaría a expresar: " el vasallaje de la población, -toda del estado -, ha terminado, en las próximas elecciones vamos por una mayoría parlamentaria y por el poder del ejecutivo estatal, nadie nos lo arrancará ".

Por su parte, el " ilustre " Florencio Salazar haría llegar, vía oficialía de partes, al Congreso del Estado, su solicitud de licencia definitiva para separarse del cargo de Gobernador Constitucional. Así, como quien escribe a un pariente, el que fuera gobernador constitucional se despedía del pueblo potosino que un día lo viera como su esperanza.

El vía crucis de Fausto Zapata

Parecía que a Fausto Zapata se le caería la postulación priísta. Empero sus promotores estaban empeñados en que llegara. En medio de una gran incredulidad y repudio el emisario del echeverrismo llegaba a tierras potosinas mostrando un amplio y exitoso currículum en donde se resaltaban sus múltiples cargos diplomáticos, pero a la vez una muy precaria, por no decir nula, participación en la política de su estado. Las estrategias del priísmo no repararon en las consecuencias que podría traer esa postulación. El PRI ganó en San Luis, pero el Frente Cívico Potosino alegaba en las instancias nacionales serias irregularidades.

 

El deceso político de Fausto Zapata había llegado. La decisión de Ramón Aguirre Velázquez en Guanajuato, quien olímpicamente aventó la gubernatura al no presentarse tomar posesión, agilizaría los acontecimientos. Habían transcurrido escasos treinta días de aquel suceso y sus efectos comenzaron a sentirse en San Luis Potosí. Sus consecuencias fueron de tal magnitud que los efectos todavía se sienten en el sistema político mexicano. Las especulaciones continúan de boca en boca tratando de encontrar una salida lógica al problema que le ocasionó la renuncia de Ramón Aguirre al PRI. No era lo mismo y no es lo mismo aceptar una derrota, como la de Baja California y Chihuahua, en donde se perdió abiertamente: que no ver a un ganador en el lugar correspondiente y para el cual fue electo por el pueblo Guanajuatense.

La caída de Aguirre Velázquez, motivó una reunión entre Cuauhtémoc Cárdenas, Luis H. Álvarez y el desaparecido Salvador Nava Martínez, la cual tuvo lugar en una suite del también desaparecido Hotel Reforma en la ciudad de México. Era marcado el interés de Nava Martínez y su seguidores para impedir la llegada de Fausto Zapata, o bien que llegara, pero que no pudiera gobernar. También fueron prolíficos los intentos del sistema por sostener a Fausto Zapata. La sola presencia del entonces Procurador General de la República, Ignacio Morales lechuga, en tierras potosinas y sus pláticas con integrantes de la oposición, habrían de fracasar. El veracruzano Morales Lechuga, como se recuerda, salió de San Luis en medio de una lluvia de cacerolazos.

Desde el mismo día en que tomó posesión como gobernador constitucional sus días estaban contados. San Luis Potosí tenía desde ese 23 de septiembre de 1991, dos gobernadores, uno moral, otro constitucional. A pesar de las reiteradas pláticas e invitaciones al diálogo y la concordia política, la posibilidad de un acuerdo PRI-coalición no se pudo dar.

La mañana del 26 de septiembre era una más, común y corriente, con un viento gélido, como aquellos que suelen soplar por el altiplano mexicano. No obstante, para muchos potosinos quizá fue diferente, llena de temor, dudas o bien de espera ante sucesos que actualmente no encuentran el justo medio.

Para la unción de Fausto Zapata en la magistratura del Estado, hubo una excelente organización y un gran despliegue de seguridad frente y fuera del escenario al que asistió el presidente de la República como testigo de calidad. Al auditorio " Miguel Barragán " también acudió, como suele suceder en estos casos, una gran cantidad de políticos, siendo significativamente notoria la ausencia de importantes miembros de la iniciativa privada potosina que esa vez no acudieron al cambio de poderes.

No obstante los consejos que seguramente le dieron, Fausto Zapata fue incapaz de sostenerse en el cargo. La soberbia lo perdió y seguramente pensó que en Los Pinos todavía despachaba su ex jefe Luis Echeverría.

A las 19 horas de aquel 26 de septiembre, la Plaza de los Fundadores de San Luis Potosí, estaba a reventar en espera de él " guía moral " de los potosinos. Cualquier semejanza con la Plaza Roja de Moscú o la palestra de Mussolini, quedó aclarada cuando una " espontánea " tomó el micrófono y en Alemán, comenzó a entonar el " Canto a la Libertad " que se escuchó en Polonia, Alemania, Varsovia, Checoslovaquia, Hungría y en todos aquellos lugares que vivieron de cerca el infierno Nazi. Así, con esa similitud con la que Mussolini se regocijaba frente al mausoleo del Rey Víctor Manuel II, recordando la filosofía de Vico, el doctor Salvador Nava Martínez se exaltaba frente a los millares de manos que con la V de la victoria en ambas manos le hacían loas al que ellos consideraban su gobernador. No importaba credo, raza, profesión, color, ni olor, pues a los aromáticos y finos perfumes se mezclaba a veces en el ambiente un olor a sudor del nombre del campo o la fábrica; y en otras más se llegaban a rozar las terzas pieles de la realeza potosina con la de aquellos que en su único discurso Fausto Zapata llamó, quizá parodiando a José López Portillo, los desposeídos.

Las proclamas Nava sí, Zapata no iban y venían. Líder amigo, el pueblo está contigo; duro, duro, duro; consignas que se decía sólo pertenecían a la izquierda, se dejaron escuchar en la boca de una sociedad que antaño rayó en el conservadurismo.

Esta mezcla de razas, al margen de las luchas políticas, tiene sus puntos de coincidencia. En esos momentos, como ahora, navismo, panismo y priísmo significan lo mismo, no son excluyentes. Todo los bandos buscan rescatar los valores de una sociedad: la potosina.

No obstante lo señalamiento precisos de primer mandatario Carlos Salinas ese 26 de septiembre ante vecinos de la Colonia 1o. de mayo, en la capital del estado donde afirmó: " en estos momentos es cuando no debe olvidarse que la política es la posibilidad de transformar diferencias, tensiones y enconos que podrían, de no utilizarse la concertación política, conducir a solucione sin salida. Hay que convertirlo en posibilidad de desarrollo y más democracia. Ello exige de cada uno el más alto grado de responsabilidad. Ha llegado el momento de superar, en definitiva el atraso político y económico que ha lastimado a San Luis Potosí y que ha postergado la solución de los graves problemas de esta entidad ". Fausto Zapata no entendió, pretendió entrar a palacio con el uso de la fuerza y tuvo que recibir el pago correspondiente a tal desacierto.

Y siguieron los errores.

El Echeverrista, siguió cometiendo errores. Sólo trece días duró la efímera gubernatura de Fausto Zapata. El escenario: un estado efervescente políticamente, con una oposición muy combativa, un proceso electoral repleto de irregularidades y cifras extrañas. Detrás de todo esto, la imagen de un país y la credibilidad de un sistema político. Con estos antecedentes, la caída de Ramón Aguirre en Guanajuato y de Fausto Zapata en San Luis Potosí, eran inevitables.

La promoción de Martínez Corbalá.

Así, con la remoción del ex ahora ex diplomático Fausto Zapata, el entonces director del INFONAVIT, Gonzalo Martínez Corbalá era citado en Los Pinos para ser informado: " te vas ", a donde, " a San Luis Potosí ", cuando, " esta misma tarde debes tomar posesión como gobernador interino de San Luis Potosí ", la noticia no provocó mayor extrañeza en Martínez Corbalá, ya que de la misma manera había sido comunicado que se haría cargo del INFONAVIT.

La llegada del ingeniero Martínez Corbalá aminoró la situación, el termómetro político comenzó a bajar considerablemente y Salvador Nava Martínez, quien tenía pensado arribar a la ciudad de México el 1o, de noviembre de 1991, en pleno informe presidencial, no rebasó los límites del Estado de Querétaro. La lucha había terminado, por unos meses. Martínez Corbalá, debía convocar, en un plazo no mayor de dieciocho meses, a elecciones para gobernador constitucional de San Luis Potosí.

No obstante la excelente gestión del ex director del ISSSTE en tierras potosinas, el tiempo se le agotaba al priísmo. En la desesperación por encontrar candidato, ya que después de lo ocurrido a Zapata ningún priísta quería participar, el priísmo intentó aprovechar la fuerza de Martínez Corbalá. No obstante el buen cartel del gobernador interino, sus problemas comenzaron con la defección de Eligio Quintanilla, presidente municipal de Ciudad Valles, un priísta que había buscado en tres ocasiones esa posición y al no obtenerla decidió buscarla por el partido Acción Nacional. Al caso Quintanilla se sumaron muchos más que poco a poco fueron complicando la situación política potosina.

 

Los problemas políticos de San Luis se agravaron y la " guerra " contra el Navismo, algo que parecía superado volvió a ser tema de comentario y preocupación hasta en las mismas instancias nacionales. Los errores de Martínez Corbalá continuaron con la promoción de Horacio Sánchez Unzueta como presidente del CDE del PRI: un político de 40 años y plenamente identificado con el hoy ex regente Manuel Camacho Solis desde su paso por las aulas en el Colegio de México. El priísmo potosino se sintió muy lastimado por la promoción de Horacio Sánchez, al CDE. Su promoción se dio de la misma manera en que solía hacerse hace treinta años, ya que el yerno de Salvador Nava no contaba en su haber con un expediente político. Esta situación fue de peso para el Gobernador y el priísmo potosino quienes de inmediato comenzaron ha padecer el divisionismo al interior de sus filas. Y no sólo eso, también comenzaron a resentir las embestidas del Navismo, pues para los potosinos no es un secreto que la promoción de su yerno al PRI estatal exacerbaría al doctor Nava, de quien llegaron a extremar sus allegados, con esa promoción es como si el sistema quisiera inmiscuirse en su entorno familiar. Ya con antelación, el mismo Fausto Zapata habían nombrado a Sánchez Unzueta jefe de asesores en su paso por la delegación Coyoacán. Se dice que en esos momentos lo querían utilizar como puente con el Navismo, es decir, una especie de interlocutor.

El termino del armisticio.

Ante tales hechos, a Nava le " salen los espolones " y provoca que el pueblo lo elija gobernador el mismo día que toma posesión Fausto Zapata. El PRI está en ceros, Horacio Sánchez Unzueta es repudiado por priístas y navistas. Nunca debió haber entrado, la pagará Gonzalo, se comentaría en tierras potosinas.

En un año Martínez Corbalá no hizo nada para recuperar espacios políticos, incluso se comentaría " entregara el gobierno a sus opositores ", después de haber sido un paladín de la izquierda y un priísta institucional. En San Luis Potosí se insistía, es Nava el que lo sostiene. Las visitas de Nava eran muy frecuentes al palacio de gobierno. Tenía derecho de picaporte. No había duda, Salvador Nava era un gobernados sin cartera.

El panorama para el priísmo era complicado. En plena época preelectoral, se agudizaban sus divisiones internas y la falta de trabajo partidista debilitaba a su partido. Incluso el potosino - tamaulipeco Julio Hernández López llegó a agitarle el estado a Martínez Corbalá al pretender tirar a Sánchez Unzueta del CDE potosino con el " movimiento por la democracia ", la esperanza de los priístas era que, al igual que otros gobernadores como Gonzalo N. Santos y Antonio Rocha que no formaron cuadros, el Navismo se debilitara. Pese a sus intervenciones quirúrgicas Salvador Nava, quien moriría meses más tarde de Cáncer, gozaba entonces de cabal salud.

Pero de pronto el suelo se movió en el altiplano mexicano y lo que era un rumor sobre el estado de salud del guía moral del Navismo se confirmó. Su deceso, quiérase o no, modificó el panorama de la política potosina. No obstante los comentarios que se dejaron escuchar al interior de las filas panistas y navistas que una vez sin Nava desaparecería el Navismo, las preocupaciones no han desaparecido en las filas priístas. Todos los militantes del tricolor, incluso en sus instancias nacionales, se mantenían igual o más preocupados que antes.

Al interior del priísmo había y sigue existiendo un gran temor, y nadie quería ser candidato a gobernador de San Luis Potosí. Entre los posibles candidatos persistía la idea de ser derrotados en las urnas y ver de esta manera acabada su carrera política, aún sin la presencia del Nava en las urnas. De los que podían ganar, ninguno quiso ser. Los estragos que provocaron las administraciones de Florencio Salazar y de su sucesor Leopoldino Ortiz Santos, son heridas que todavía no han sanado entre los potosinos.

La anterior se hizo más evidente cuando el PRI decidió postular como su candidato a la gubernatura al ingeniero Gonzalo Martínez Corbalá, del depuesto Fausto Zapata, quien tenía la intención de convertirse en gobernador constitucional. Los potosinos no pudieron resistir esa metamorfosis y menos aceptaban ser gobernados por el interino del interino, nombramiento que recayó en el líder del Congreso Local, Teófilo Torres Corzo, un hombre de pocos alcances políticos. El desorden no se hizo esperar. Acción Nacional comenzó a impugnar la presencia de Torres Corzo y la candidatura del sucesor de Zapata, por considerar que se trataba de una reelección política.

Las pretensiones de Martínez Corbalá desencadenaron las más variadas reacciones. Lo que parecía un plácido verano para el ex director del INFONAVIT, de pronto se convertiría en un crudo invierno para el interino potosino. En contra de la " Reelección " de Martínez Corbalá estuvieron: Acción Nacional, el Frente Cívico Potosino, el PRD y otras organizaciones políticas y cívicas como pueden ser: DHIAC y ADESE.

Desde el sábado 10 de octubre de 1992, los potosinos se sintieron defraudados, el mandatario designado por el Congreso se negaba a culminar su obra, reconocida por todos, para intentar prolongar su mandato.

La entrada de Teófilo Torres Corzo a la silla estatal, acabó por prender la mecha. Los potosinos dijeron no al neo - reeleccionismo. El PRI estaba metido en otro problema, no pasaría esa candidatura y tampoco, debido al debate nacional que suscitó su promoción, podía regresar a la gubernatura. Sobre los argumentos jurídicos, pesaron más los históricos y los políticos. Sin lugar a dudas, se trató de un exceso de confianza del priísmo tomando como base el excelente trabajo del interino.

Los potosinos no cuestionaban a Martínez Corbalá, se oponían a la llamada neo - reelección. Fue un exceso de confianza subestimar la fuerza del Frente Cívico Potosino. Los priístas pensaron que ya sin Nava, las reacciones que ocasionaría la postulación del interino serían mínimas y fáciles de controlar.

Actualmente, los potosinos se lamentan del desperdicio que significó tener un gobernador de seis meses. Teófilo Torres Corzo logró superar la mala impresión que provocó cuando fueron golpeados los navistas entre los que se encontraba la viuda de Nava cuando asumió la gubernatura.

Qué pasa en San Luis en la víspera de los comicios.

Empero, el expediente San Luis todavía no es un caso cerrado. Persiste la inestabilidad política que los llevo a tener cuatro gobernadores en catorce meses; por lo mismo, no eran descabelladas las veersiones que hablaban de la suma de un cuarto interino a la larga lista de interinatos. Esta tesis pudo funcionar después del 18 de abril, día de las elecciones extraordinarias. Un hecho que no se dio pues los resultados de los comicios no fueron impugnados por ninguna de las tres fuerzas políticas que se disputaron la gubernatura.

En el fondo, las elecciones del 18 de abril de 1993, descansaron sobre la buena fe y avaladas por una sola palabra difícil de alcanzar: legalidad.

No obstante el hecho de contar con una " novedosa " La Ley Electoral y un Consejo Ciudadano” que les dejara a los potosinos Gonzalo Martínez Corbalá, las tres fuerzas políticas de mayor a arrastre en el estrado, éstas se mantenían instaladas en el triunfalismo a ultranza. Los diversos intereses políticos persistieron en sus posturas y los enfrentamientos, más de tipo personal que político, no se alejaron de las urnas, sobre todo entre los militantes del Nava Partido Político y el partido Acción Nacional.

Por lo mismo, en los comicios del 18 de abril de 1993, estaban en juego factores más de tipo subjetivo que objetivo. En el caso de la candidata del Nava Partido Político, PRD y PDM, Concepción Calvillo, sus aspiraciones estuvieron más enfocadas al recuerdo y la nostalgia que hacia un verdadero proyecto político. Su deambular por tierras potosinas fue penoso y sin un rumbo definido. Nunca tuvo conciencia propia, nunca se le vio una idea propia. Siempre dio lectura a lo que otros querían que dijera y cuando no podía hacerlo, siempre encontró cerca de ella al expanista Guillermo Pizzuto, quien se convirtió en su mejor intérprete. Su campaña de proselitismo estuvo sustentada con el lema " La Cosecha de la Dignidad " y de la misma manera que lo hizo su esposo, el ofrecimiento político radico en " La libertad ", la justicia y la democracia.

Las vertientes del fenómeno potosino en 1993

El fenómeno político potosino presenta varias vertientes interesantes, pues siempre dependerá como decíamos líneas arriba, de factores más subjetivos que objetivos, como pueden ser: la lealtad a la figura de Nava representada en su viuda; el rechazo o el apoyo a la llegada de un chihuahuense a vecindado en San Luis Potosí y yerno de Nava, con una considerable carrera política en el estrado; o los efectos negativos que pudieran ver los potosinos que en su paisano Jorge Lozano Armengol, quien defeccionó del Frente Cívico Potosino, donde algunas vez fue su presidente, para buscar su propio espacio político. Aunque los navistas siempre lo acusen de traidor.

En las elecciones potosinas para un quinto gobernador siempre estuvieron en juego una serie de sentimientos encontrados. El voto del 18 de abril fue más sentimental que racional ya que la figura de Salvador Nava - de alguna manera - arropó a los tres aspirantes a la silla potosina.

Entre la población existió un " temor " a manifestar sus verdaderas inclinaciones políticas. En el fondo se percibió cierto entusiasmo por el voto y, sobre todo, a terminar con esa cadena de interinatos que sólo trajeron al estado una mayor inestabilidad y atraso económico.

No obstante, ninguno de los tres candidatos lleno esas expectativas. En el fondo, la capital de San Luis Potosí, - donde se concentra, junto con la Huasteca el grueso del electorado - todo se debatió entre priísmo y panismo, donde éste último tuvo que compartir sus votos con el Navismo. Hoy, más que nunca el mosaico potosino asemeja en la capital del estado, una sociedad más plural, donde las fórmulas priístas, panistas o navistas, no han podido encontrar sus consensos.

Nadie sabía que iba a pasar en San Luis Potosí, en 1993, donde el conflicto suegra - yerno que se manejo en los diarios nacionales nunca se dio en el contexto local. Siendo que la lucha política en el estado se centro entre el PAN y el Nava Partido Político, al grado de que hoy Acción Nacional gobierna la capital del Estado.

El conflicto que se pronosticaba nunca tocó lazos familiares y tampoco fue irreversible, por lo mismo la señora Concepción Calvillo de Nava siempre rechazo esa versiones y no renunció a la contienda política.

Una cosa es cierta, después de la muerte de Salvador Nava Martínez nada es igual en San Luis Potosí. Ni su viuda es Nava, ni Sánchez Unzueta - el yerno - es Fausto Zapata. Ahora las condiciones políticas son diferentes, se cuenta con mejores instrumentos electorales y sobre todo con un Consejo Ciudadano que deberá vigilar y avalar la legalidad de las elecciones, para cerrar, de una vez y para siempre, el expediente del interinato abierto el 25 de mayo de 1987.

Así ha sido hasta el día de hoy, no obstante se dice en San Luis Potosí, “el yerno del doctor Salvador Nava Martínez - el chihuahuense Horacio Sánchez Unzueta, permanece atento e informado de todo y cuanto ocurre en el Estado, ya que al embajador de México en el Vaticano, es informado por Fernando Silva Nieto, la marioneta a quien le dejó encargado el gobierno del Estado.