Ciudad

de

México

 

CIUDAD DE MÈXICO

 

Cuajimalpa

Desde 1490, Cuajimalpa tenía su escudo, que fué plasmado en el Códice Mendocino, conocido también como la colección de Mendoza, por haber sido un manuscrito pictográfico elaborado por encargo de Don Antonio de Mendoza, primer Virrey de la Nueva España, para ser remitido al emperador Carlos I.
El códice Mendocino consta de 71 hojas de papel pergamino y fué divido en tres partes: La primera es una crónica de hechos relevantes, desde la fundación de Tenochtitlan, en 1325, hasta la culminación del reinado de Moctezuma Xocoyotzin, el último emperador Azteca, en 1520.
La segunda relata mediante dibujos los tributos de cada año, pagados por 371 poblaciones al señor Moctezuma. Es precisamente este sello de los tributos en el que se tomo para constituirlo en escudo descifrando su significado Nauatlato.
La tercera describe la vida, usos y costumbres de los mexicanos de esta época. “Cuau” (itl): árbol, madera. El verbo transitivo “Xima”, que por ser complemento de una cosa, significa carpintear o trabajar la madera. Una “l” formativa y la proposición locativa “pan” que significa sobre o encima.
Lugar donde se corta y labra la madera.
El jeroglífico está formado por un árbol de tres ramas, derribado en el piso, con tres astillas triangulares que simboliza su labranza. A lo largo del tronco aparece clavada un hacha de cobre de manufactura Tlepaneca.
Al iniciarse el siglo XXI se consideró respetar nuestras tradiciones y edificar un mundo nuevo con base a ellas, se pretende con esto preservarlas sin traicionarlas.
Con este escudo, se pretende tener un vínculo coherente entre el pasado y el porvenir. No consideramos un deber entregarnos pasivamente a la perpetuación rutinaria del pasado.
Si sentimos orgullo de nuestro pasado, tenemos la obligación de superarlo, es decir, de renovarlo, pero sin sepultarlo. Consideramos necesario forjar un presente que a su vez sea digno de ser legado como tradición, a nuestros hijos.
Por eso hemos querido renovar nuestro escudo sin que pierda su perfil del pasado.
Queremos seguir conservando el concepto moral que representan nuestros bosques, pero queremos subrayar la importancia que otorgamos a la existencia de nuestros pueblos, que son los fundadores y destinatarios finales de nuestros esfuerzos. Por eso quitamos el hacha clavada en el tronco de nuestro árbol simbólico, porque nuestra demarcación ha dejado atrás la tala de sus bosques.
Nosotros queremos que nuestro escudo siga siendo un símbolo que nos unifique y nos obligue por igual a luchar por todos. Los símbolos son estaciones de un largo peregrinar, cada etapa se liga con las que le anteceden. En cada una está viva, permanente, vigente, nuestra apetencia de redención colectiva.
ANTECEDENTES HISTÓRICOS
Época Prehispánica:
Los orígenes históricos de Cuajimalpa de Morelos re remontan al año de 1342 cuando los Tepanecas, pueblo asociado a los Otomíes, se estableció en esta región, siendo así los primeros habitantes del actual territorio.
Los Tepanecas permanecieron cerca de cien años en los bosques de Cuauhximalpan, controlados política y administrativamente por Azcapotzalco. Este dominio duró hasta 1447, cuando los pueblos situados en el Valle de México se rebelan e integran la Triple Alianza que formaban Texcoco, Tenochtitlan y Tacuba, para liberarse del yugo Tepaneca; sus tropas derrotan en Huixquilucan a las de Azcapotzalco obligándolos a refugiarse en Cuauhximalpan y hasta 1432 les permitieron regresarse a sus lugares de origen.
La conquista definitiva se realizó en 1437 durante el gobierno del Tlatoani Mexica Izcóatl (Serpiente de Obsidiana) que conquista Cuauhximalpan, siendo transferido al reino de Tlacopan.
El 8 de noviembre de 1519 entraron a Tenochtitlan las tropas castellanas al mando de Hernán Cortés. La noche del 30 de junio de 1520, tras una cruenta batalla fueron impelidos a huir por los irritados guerreros indígenas, refugiándose el domingo 1° de julio de ese año en Cuauhximalpan para descansar algunas horas, como lo señala el Lienzo de Tlaxcala.
Años después, tras el triunfo de los españoles, Hernán Cortés incorporó (junto con otros pueblos indígenas) a su señorío, el estado y marquesado del Valle.
Cortés fundó algunos pueblos como Santa Rosa, Santa Lucía y dió mayor importancia a otros que ya existían, tales como: Cuauhximalpan, Chimalpa y Acopilco agregándoles un nombre español junto con el indígena por varias razones, tambien aseguró el tránsito de sus hombres a lo largo del camino México-Toluca y de paso hizo que prosperaran sus asentamientos agrícolas y ganaderos. Estos lugares los pobló principalmente con indios amigos.
En 1534 otorgó tierras al pueblo y le llamó San Pedro Cuauhximalpa. En esta ocasión también concedió tierras a varias poblaciones de la región como San Lorenzo Acopilco, San Mateo Tlaltenango y San Pablo Chimalpa, las cuales desde ese momento, aparecen listadas entre los bienes de Cortés aprobados por la Corona Española, como parte de su reino particular.
Don Hernán Cortés era un católico muy devoto de San Pedro. Dicen sus biógrafos que desde la adolescencia, en que padeció una enfermedad muy grave, su familia imploró su salvación al apóstol San Pedro. Desde entonces, cada año festejaba su día en la iglesia o en su casa. Por esa razón a su primogénito lo bautizó con el nombre de Pedro.
Época Colonial:
La Cuajimalpa colonial fué un minúsculo pueblo, del que dependían otros más reducidos. Sus pobladores se dedicaban a aserrar, labrar y quemar madera. Por lo extenso de sus bosques, en síntesis era una aldea de leñadores y carboneros. Otras ocupaciones menos importantes fueron la agricultura y la ganadería, ejercidos a nivel familiar.
Por ser Cuauhximalpa región de los pueblos que vivían de labrar maderas y hacer carbón, allí rigió la ordenanza real de Señalamiento y Corte de los Montes que se contrae a la ley 14, título 24 del libro 7° de lo Novísima recopilación, disposiciones que en su 1° y 2° artículos en que obligaban a los ayuntamientos y pueblos de cada lugar a la vigilancia y reconocimiento de los montes y cuyo artículo 3° decía “No se permite talar o cortar los montes si no es bajo las reglas siguientes:
1° Para proveer de la leña necesaria y hacer el carbón sólo se cortará de los árboles bien formados, dejando en ellos horca y perdón, es decir el tronco con dos de las ramas madres por donde se críen, medren y se mantengan.
2° Las maderas que los vecinos necesiten para reparar y fabricar sus casas, templos o molinos, sólo se podrán cortar los árboles que estén en sazón, dejando la mejor pica y guía que tuviere el árbol para su medra, y si fuese necesario cortarlo desde el tronco se dará licencia por escrito por el regidor o comisario para hacer estos cortes, siendo obligación del que lo haga reponerlos con nuevas plantas.
Artículo 4° Los dueños de los montes particulares replantarán cada año los árboles que durante el transcurso del mismo hayan cortado, con apercibimiento de que si no lo hacen, el propietario pagará los gastos que en este trabajo se eroguen.
Artículo 10. El gobierno acordará un premio a los pueblos o particulares que a más de la reparación de los árboles presenten cada año plantíos logrados de tres tantos más de árboles que hayan cortado”.
Las leyes de Novísima Recopilación siguieron vigentes durante muchos años del México independiente.
La Arquitectura Colonial:
La Arquitectura Colonial en Cuajimalpa se manifestó en la construcción de la Parroquia de San Pedro Cuajimalpa , entre los años de 1628 y 1755, en que se declaró formalmente terminada.
La iglesia San Pedro Cuajimalpa sufrió varias modificaciones que la hicieron más grande , pero no menos hermosa. En 1785 se levantó una de sus torres (la que da al norte); la otra, orientada al sur, data de 1925.
La iglesia comenzó a funcionar como vicaria foránea dependiente de la parroquia de Mixcoac. Entre sus territorios artísticos se encuentran, un antiquísimo San Miguel y Una Virgen de Guadalupe, copia fiel de la original, así como otros cuadros y esculturas.
La Venta de Doña Marina:
Otras actividades económicas importantes durante el periodo colonial fue el establecimiento a la orilla del Camino Real a Toluca, a la altura de Cuajimalpa, La Venta de Doña Marina, conocida así por su antigua dueña, Marina Gutiérrez Flores de la Caballería, esposa de Alonso de Estrada, tesorero real de la Cuidad de México y donde se atendía a los viajeros ofreciéndoles hospedaje, comida, cambio de caballos y reparación de carretas y diligencias.
Los posteriores dueños entraron en conflicto con las comunidades indígenas que ofrecen el mismo servicio en las ventas del Tianguillo y La Pila, que igualmente servían de abrevadero a los animales. Estas ventas eran un lugar seguro y en ellas sus huéspedes estaban a salvo del ataque de los salteadores .
A partir del 4 de mayo de 1884, fecha en que corre por primera vez el ferrocarril que una México con Toluca, la Venta de doña Marina empezó a decaer ya que los viajeros preferían recorrer este trayecto en tren y no en diligencia.
Hoy en la Venta hay numerosos restaurantes que venden antojitos mexicanos.
Monte de las Cruces:
El Monte de las Cruces debe su nombre a la multitud de estos signos que se encuentran por todas partes, señalando los lugares en que algunos pasajeros fueron asesinados por bandidos y también los sitios en que la Acordada ajustició a numerosos forajidos.
Ahí se encuentra el pequeño monumento que señala el sitio en que estuvo el Cura Hidalgo el día de acción contra el coronel realista Trujillo, el 30 de octubre de 1810.
Esta montaña fue a lo largo del siglo XIX, hasta el establecimiento de la República, guarida de insurgentes y escondite de bandidos, lugar de asaltos (de frecuentes y memorables atracos, como lo señala Ignacio Manuel Altamirano), y de cobardes asesinatos, como los de Santos Degollado y Leandro Valle.
En el siglo XXI , es el sitio preferido de deportistas y numerosas familias que lo usan para celebraciones y entrenamientos.
Desierto de los Leones:
"El acueducto que conduce el Agua Delgada de los Leones y del Desierto que surtió la parte norte de la Ciudad de México, comienza arriba de Chapultepec, pasa al norte de éste, quiebra por la calzada de la Verónica y entra en la Ciudad doblando al oriente en la Tlaxpana hasta llegar al torrente de la Mariscala donde se hallaba la caja repartidora.
Destruidos sucesivamente los arcos al embellecimiento de la gran avenida hasta la Tlaxpana y continuándose el derrumbe en La Verónica, pronto desapareció la arquería que contaba más de 900 arcos y medía 6 kilómetros de largo en 1892".
Hoy el Desierto de los Leones, como es llamado aquel histórico lugar, es un parque Nacional de la Delegación Cuajimalpa. Fue declarado por decreto presidencial el 27 de noviembre de 1917.
Una Resolución Presidencial publicada en el Diario Oficial de 6 de mayo de 1981, reconoció los derechos y títulos de los comuneros de San Mateo Tlaltenango, en vista de los certificados expedidos por el Archivo de la Nación el 27 de abril de 1916 y el 15 de enero de 1971.
Sobre el Desierto de los Leones dicha resolución expresa que hubo queja de los vecinos de San Mateo por tierras que les habían dado como ejidos invadidas por don Manuel Torres, propietario de la hacienda contigua y que el Conde de Gálvez había aprobado las diligencias de mensura el 12 de julio de 1689, practicadas por Oidor don Pedro de Labastida, por lo que se entregaron 500 varas de tierra por cada viento y por orden judicial del 27 de abril de 1690 se dio posesión al pueblo de San Mateo los terrenos de la Loma Pachuquilla que según el Diario Oficial el 19 de diciembre de 1922, por vía dotatoría se dio al poblado una superficie de 250-00-00 hs. que se tomaron de la hacienda Buenavista para beneficiar a 138 jefes de familia, ya que el poblado se encontraba en posesión de las tierras.
En usufructo de las tierras concedidas, la Real Cédula, incluía la loma de Pachuquilla que los naturales de San Mateo pidieron al Alcalde Mayor del Estado y Marquesado del Valle don José de Asso y Otal se les hiciera Merced de los remanentes de agua que bajan de un ojo de agua que estaba en el Desierto y pasa por el pueblo de Santa Rosa Xochiac y la hacienda de Buenavista, esto se concedió por resolución el 20 de diciembre de 1762 que ya desde el 4 de enero de 1624 el Rey Felipe V les mercadeó los terrenos montuosos que van desde el cementerio a la barda del convento.
Consideró la Resolución Presidencial de 1981 que el Desierto de los Leones fué declarado Parque Nacional pero nunca se expidió decreto expropiatorio, por lo que pueden coexistir los derechos de propiedad comunal con la circunstancia de Parque Nacional, en términos del Articulo 65 de la Ley Forestal. En caso de que existan propiedades particulares enclavadas dentro de los terrenos comunales a que se refiere la Resolución Presidencial de reconocimiento y titulación, deberán quedar excluidas de está área, siempre que reúnan los requisitos establecidos por los artículos 193 fracción II y 252 de la Ley Federal de la Reforma Agraria y demás relativos de la Ley y sus Reglamentos.
CUAJIMALPA EN EL SIGLO XIX
La Independencia:
El siglo XIX fue para Cuajimalpa escenario de algunos acontecimientos de relevancia. El 30 de octubre de 1810, se escenificó la batalla del Monte de las Cruces. Hecho fundamental en la Historia de México, porque fue el primer combate que los Insurgentes libraron en campo abierto contra el ejército realista y al obtener la victoria, esta fué celebrada en la Venta de Cuajimalpa dentro del Antiguo Mesón de San Luisito. Ahí Hidalgo, Allende y los demás jefes de Independencia tomaron la difícil determinación de no lanzarse sobre la capital del virreinato y retroceder para continuar incendiando la flama de la Independencia en toda la Nueva España.
Finalmente Hidalgo decidió no tacar la Cuidad de México, argumentando que se acercaba Calleja con su ejército y lo podía atacar por la retaguardia. Además de que únicamente le quedaban 30 balas de cañón y su ejército había sufrido muchas bajas que generaron la deserción de sus seguidores. No todos los dirigentes aceptaron esta decisión, pero por ser Hidalgo quien dirigía el ejército, hizo que la orden fuera obedecida y en la mañana del 3 de noviembre de 1810, se inició el abandono de Cuajimalpa rumbo a Aculco en el Estado de México.
Hidalgo fué capturado y fusilado más tarde, pero su obra fué seguida por uno de sus alumnos más destacados en el Colegio Nicolaita de Valladolid y José María Morelos y Pavón fué quien habría de darle al movimiento de Independencia una estructura política en el Congreso de Chilpancingo y la Constitución de Apatzingán.
Durante los once años que duró la guerra de Independencia, el comercio y las comunidades se vieron afectadas por grupos guerrilleros que operaban en la región afectando a pueblos y familias de Cuajimalpa.
México Independiente y la Reforma:
Durante este siglo (XIX) "La Venta" en Cuajimalpa atendió a todo tipo de viajeros. Entre los más lustres se encuentran William Bullock, naturista inglés que escribió “Diez años de residencia y viaje en México”, en 1824, Mathie de Fossey, colono francés autor de “Viaje de México”; en 1841, Paula de Kolontz, condesa Austriaca, quien acompaño a la emperatriz Carlota y la Marquesa Calderón de la Barca, esposa del primer embajador de España en México y reconocida por su calidad literaria.
En el periodo que abarcó la Reforma Juarista, Cuajimalpa fué escenario de algunas batallas entre los restos del ejército conservador y las fuerzas liberales que, a pesar del triunfo, sufrieron pérdidas lamentables como la captura de fusilamiento de Melchor Ocampo, Santos Degollado y Leandro Valle, en el mes de junio de 1861, dándose la ejecución de los últimos en el Monte de las Cruces, muriendo todos a manos de las fuerzas conservadores encabezadas por Leandro Márquez y Félix Zuloaga.
Otro hecho sobresaliente que se dió en esta etapa fué cuando Maximiliano llegó a la capital y quiso conocer algunas provincias del interior, de camino a Toluca, el 29 de octubre de 1864, se detuvo en Cuajimalpa donde pernoctó habiendo asistido a una misa en el Convento del Desierto de los Leones. Con el viaje del emperador hubo una ganancia: el camino a Toluca fue mandado a reparar y con ello se vio beneficiada Cuajimalpa.
Al término de la Guerra de Reforma y de la intervención francesa, las montañas y bosques de Cuajimalpa se convirtió en el refugio ideal de salteadores y bandoleros. Su presencia en la zona duró hasta el régimen Porfirista, cuando fueron eliminados.
CUAJIMALPA EN EL SIGLO XX
Época Prerrevolucionaria:
A principios del siglo la población del municipio de Cuajimalpa ascendía a poco más de 5000 habitantes, de los cuales 1600 vivían en la cabecera Delegacional.
Siendo presidente municipal don Pedro Segura (1884-1910), fue aprobada la introducción del agua a la población por cañería moderna, obras que fueron inauguradas durante la gestión de don Pedro Cortés (1919-1913).
Época Revolucionaria:
La Revolución de 1910, trajo graves problemas a Cuajimalpa. En su territorio boscoso se produjeron numerosos combates entre Zapatistas y Carrancistas. En constante sobresalto (unas veces por temor a los bandidos y otras por miedo a las atrocidades de las acciones enemigas), Cuajimalpa no pudo dedicarse de tiempo completo al trabajo. Asimismo las tropas que pasaban de camino a Toluca, a menudo secuestraban a la gente de ciertos recursos y pedían por ella rescates impagables. Al no ser cubierta la cantidad solicitada, en ocasiones la mataban para robar sus pertenencias.
Como todas las poblaciones que circundaban la Ciudad de México, Cuajimalpa fue ocupada varias ocasiones por el Ejercito Zapatista. Miles de hombres del ejercito del sur combatieron el 12 de febrero de 1915, contra los Carrancistas en Cuajimalpa y Santa Fe, siendo rechazados aquellos, quienes se refugiaron en el Desierto de los Leones. Al siguiente día, los Carrancistas continuaron su contraataque sobre la línea de Cuajimalpa y Santa Fe, obligando al general Quintanilla y a sus 600 hombres a entregar las armas.
El 28 de enero de 1916, se libró un nuevo combate en Cuajimalpa entre Carrancistas y Zapatistas. Los Carrancistas no sabían qué hacer para terminar con el Zapatismo; el ejercito campesino mal armado con sus grandes sombreros y la estampa de la Virgen de Guadalupe resurgía por todos lados con su lema “Tierra y Libertad”.
Las acciones que se desarrollaron en Cuajimalpa durante la época de la Revolución fueron relatadas por el historiador Alfonso Taracena en su libro “La Verdadera Revolución Mexicana”, donde relata la historia de Valentín Reyes, un revolucionario que venía del pueblo del Ajusco y que aún es recordado por los viejos de la región por las tropelías que cometió.
A partir de los años treinta, la Ciudad de México entró de lleno en el proceso de desarrollo que años más tarde la habría de consolidar como una de las grandes metrópolis del mundo.
Al término del mandato presidencial del general Lázaro Cárdenas, Cuajimalpa todavía era una región rural, más próxima en todos los órdenes a la provincia que a la gran metrópoli. En ese entonces, sus hombres y mujeres comenzaban a trabajara en la Ciudad de México vendiendo su fuerza de trabajo. Solían ir a Santa Fe, a Las Lomas y a Tacubaya.
En los años cincuenta el país empezó a crecer económicamente aún más y a acrecentar su tasa demográfica. El desarrollo económico seguía proviniendo del modelo de sustitución de importaciones y de una fuerte atención del mercado interno cuya mayor concentración tenía como sede la Ciudad de México.
Así arrancó una etapa de acelerada expansión del área urbana, tanto por las necesidades de economía como por las del propio crecimiento natural de la población y por el aumento de la migración de las zonas rurales hacia la ciudad.
El crecimiento ya no sólo provino de la aparición de nuevas colonias razonablemente planeadas sino que, por un lado, ante la demanda se multiplico la oferta de nuevos fraccionamientos que ya no ofrecían la calidad de los anteriores ni se estructuraban alrededor de la ciudad en forma adecuada y por el otro, se aceleraron los fenómenos de expansión ilegal en tierras ejidales y antiguos pueblos.
Como resultado de este crecimiento en 1964, el entonces regente Ernesto P. Uruchurtu, tomó la determinación de prohibir nuevos asentamientos o fraccionamientos dentro del Distrito Federal.
Esta prohibición generó un nuevo fenómeno que contribuyo a desordenar el desarrollo de la ciudad, al desviar la dinámica poblacional hacia los vecinos municipios del Estado de México y hacia poblados aledaños del Distrito Federal.
De esa manera, en Cuajimalpa surgieron desarrollos de vivienda residencial entorno a la cabecera Delegacional, Contadero y el Fraccionamiento Vista Hermosa, así como el establecimiento de algunos asentamientos irregulares en algunas laderas de los cerros y barrancas.
Con los sismos de 1985 y su secuela de destrucción en la zona centro, se aceleró el ritmo de descentralización de los servicios hacia el poniente y sur de la ciudad y fue entonces cuando esta región empieza a constituirse en un polo de desarrollo emergente en el Distrito Federal, con el establecimiento de grandes consorcios en la parte noreste de la Delegación, constituyendo a Cuajimalpa en una zona de gran atractivo para la inversión.


 

 

 

 
Delegaciones
1.- Alvaro Obregón
2.- Azcapotzalco
3.- Benito Juárez
4.- Coyoacán
5.- Cuajimalpa
6.- Cuauhtémoc
7.- Gustavo A. Madero
8.- Iztacalco
9.- Iztapalapa
10.- Magdalena Contreras
11.- Miguel Hidalgo
12.- Milpa Alta
13.- Tlahuac
14.- Tlalpan
15.- Venustiano Carranza
16.- Xochimilco