Prólogo

A ti...

Un 8 de enero de 1925, doña Matilde San Vicente trajo al mundo a una niña, a la que pusieron por nombre Guadalupe. La ciudad en que esa nueva mexicana vio la luz fue la antigua, noble e histórica Ciudad de México, cuando aún era un municipio libre y soberano. La auténtica disciplina de su padre, don José Pérez Rentería, marcó el ejemplo para que Lupita heredará una personalidad honesta y acuciosa en cada una de sus actividades; y su madre, ascendencia racial y geográfica de la zona volcánica de Ozumba, colindante con Nepantla y Yecapixtla, que murió dos años después del nacimiento de la pequeña, le proyectó, en su recuerdo, la esencia nacionalista necesaria para amar inteligentemente a su país, México.

La formación académica y de fórmulas sociales de Guadalupe quedaron a cargo de su abuelita, doña Vicenta Suárez viuda de San Vicente, quien puso el empeño propio de las mujeres mexicanas para que su nieta cultivara las cualidades humanas que la caracterizan, y que hoy en día es difícil encontrar, dejándole una personalidad fuera de serie, mostrando cotidianamente el orgullo de ser una mexicana de tiempo completo.

La educación escolar de Lupita Pérez San Vicente se enmarcó en herencia de nuestros antepasados, respirando desde sus estudios primarios la historia de la Ciudad de México, de esta antigua metrópoli sede de los gobiernos, de la administración, la religión, cultura, de la Independencia y Soberanía de la Patria. Tantos años conviviendo con edificios, calles y costumbres del hoy Centro Histórico de la Ciudad de México, provocaron que en su mente se grabara aquel verso inolvidable, del poeta potosino, Manuel José Othón, y que escuchábamos muchas veces de los labios de Lupita con atención infinita:

"yo no voy como cualquiera por la calle caminando
   yo me voy enamorando de la calle a mi manera ".

Guadalupe nos enseñó que los archivistas mexicanos cambian su vida por la vida de los muertos, como lo describiera el historiador español Jaime Delgado, y ella, Lupita, cambió su vida por la historia de su ciudad, de su país y de sus conciudadanos.

Nuestra maestra, ha manifestado que todo profesional de la historia debe poseer inteligencia, honestidad y aptitudes de desarrollo personal, pero también debe tener talentos; sí, pero primero debe tener al maestro que lo guíe, como nosotros, y somos muchos y de diferentes generaciones los que tuvimos al insustituible guardián de la gastronomía mexicana y de la memoria de la patria, a la Dra. Guadalupe Pérez San Vicente.

Dentro de sus actividades profesionales, y sentimentales, se encuentra la extraordinaria labor realizada en beneficio de las tradiciones gastronómicas de México, ¿quién no saboreó platillos mexicanos con sólo escuchar las conferencias de Lupita? El sentarse con ella a la mesa era descubrir un sinnúmero de datos y recetas de cocina que abarcan toda la república mexicana.

El conocer, estudiar la cultura gastronómica nos ha quedado como parte del cúmulo cultural, ya que, nuestra Lupita, se dedicó cotidianamente a difundir y organizar eventos gastronómicos con el firme propósito de consolidar esa parte del patrimonio cultural en la educación de los mexicanos, y en verdad lo logró, como parte de la valoración de nuestras tradiciones.

Su nombre, talento y presencia siempre cordial, amena y amorosa; su trabajo en beneficio de los demás, de la historia y cultura ha propiciado, con la publicación de este libro, un homenaje y Reconocimiento a la amiga y maestra, a la mexicana que con su labor en los convites del Centro Histórico logró la reunión de los restauranteros del Centro Histórico y que muchos ciudadanos conocieran tanto el centro de la ciudad como sus lugares y sus rincones tradicionales.

Por eso, en el año de 1997, después de que sus amigos, alumnos, colaboradores y admiradores -alentados por Guadalupe Gómez Collada y José Enrique Bravo Gordillo quienes preocupados por la difusión de la antigua Ciudad de México hicieron realidad los sueños de tener el primer programa de radio dedicado al Centro Histórico, denominado Ritos y Retos de Centro Histórico- le organizamos aquel homenaje en el Claustro de Sor Juana en septiembre de 1996, la reflexión sobre la mujer, sobre la mexicana a la que había conocido personalmente en la Vocalía Ejecutiva del Consejo del Centro Histórico de la Ciudad de México, cuando el Vocal Ejecutivo Arquitecto Luis Ortiz Macedo le daba posesión como Secretaría Histórica, allá por el mes de agosto de 1986, me obligaba a tratar de conocer su tarea gastronómica, ya que su obra archivística e histórica la había asimilado durante 10 largos años de convivencia, discusiones y aprendizaje continuo.

Fue entonces cuando revisando algunos textos y programas para la realización de los Convites Histórico Gastronómicos de Centro Histórico para 1997, encontré varios textos, artículos, capítulos de libros, que nunca se publicaron, y grabaciones radiofónicas sobre la temática, y recordé las ocasiones en que la acompañaba a sus conferencias, y lo mejor a comer... en el Café de Tacuba, con Gabriela y Rafael Ballesteros; al Cardenal, con Tito, Marcela y Chico Briz; en la Hostería de Santo Domingo con Salvador Orozco Camacho, o en la lucha por qué el restaurarte La Casa de la Malinche continuará funcionando. En la mesa se platicaba de todo, escuchaba, preguntaba y... daba inicio con la enseñanza culinaria, esa que muchos le aprendieron, mientras yo preferiría escucharla, comía, bebía un trago de tequila, diciéndole salud y escuchaba, poniendo atención más en la construcción de sus ideas que en la gastronomía misma, ahí que la he reconocido como ideóloga, intelectual y filósofa de las tradiciones mexicanas.

Ante esas reflexiones trate de hacer una compilación de su tarea gastronómica, así que platiqué con el arquitecto Rafael Cordero de la Parra, su secretario particular, para que pudiera tener acceso a los materiales histórico gastronómicos necesarios, y claro para conocer su opinión, la idea fue que Lupita tuviera un nuevo libro sobre gastronomía, unas charlas amenas y coloquiales como tantas veces habíamos escuchado. Gracias a la ayuda de Rafael se pudo ir paulatinamente elaborando cada una de las charlas, él se las llevaba a Lupita, ya estaba enferma, las corregía y las mandaba para su corrección y por teléfono recibía sus indicaciones; así fue quedando este pequeño libro en tamaño pero grande en conocimientos y amor mutuo, así se escribía parte de su apasionada vida.

Ella no pudo ver sus charlas gastronómicas editadas, ya no pudo presentarlas, sabía que eso sucedería, y la última vez que le vi, después de los regaños cotidianos, las caricias maternales y sus bendiciones, me pidió que alguna vez sus amigos pudieran compartir esos textos, que fuera un libro de divulgación que llegara a los lugares donde se necesitara, que no fuera objeto mercantil, sino "su último acto de amor en vida”. Dijo, "tú sabes quién te ayudará, lo sabes bien", y así fue, me ayudaron todos aquellos que aún necesitan oír y hablar con Lupita... y para eso dejamos impresas sus palabras y contestamos diciéndole:

Guadalupe... Y si andando por el cielo encuentras una historia, tómala en tus manos y con tu letra dale forma, cúbrela con las frases que no has dicho todavía, para la lean los niños que aún no tienen vida.

Jorge Nacif Mina