La charrería y la pintura

Colección de pinturas charras del Instituto Cultural Domecq, A. C.
40 óleos de Juan Lara
Presentación

Es singular complacencia del Instituto Cultural Domecq, A.C. mostrar en esta edición 40 estampas de una de las tradiciones mexicanas de más recia personalidad: La Charrería.

Estampas que fueron plasmadas al óleo, con la fina sensibilidad y depurada técnica del pintor Juan Lara, por encargo de la casa Pedro Domecq México, S.A. de C.V. y que forman una colección muy completa de las suertes charras, donada por esa empresa a esta institución cultural para incrementar su pinacoteca en plena formación.

El Instituto Cultural Domecq, A.C. -uno de cuyos objetivos es ensalzar lo más puro y tradicional de nuestras costumbres- presentó esta colección dentro de las celebraciones para conmemorar el tercer aniversario de su fundación.

 

La charrería y la pintura

La raza de caballos que llegaron a México en el siglo XVI, lo mismo que los llevados al Perú, provenía de una famosa cría de Córdoba, en esa época ya extinta. Dicha cría se formó, durante el Califato Árabe, por cuatro garañones traídos del Yemen, cruzados con yeguas andaluzas.

La proliferación de caballos y ganado llegó a ser tal, que en 1529 fue necesario que cada criador tuviera su hierro y lo registrará en el Ayuntamiento. Cuando don Antonio de Mendoza entregó el virreinato a don Luis Velasco, eran ya insuficientes los pastos del valle de México, teniendo que buscar nuevas pasturas en el valle de Toluca.

Al virrey don Luis de Velasco – " lindo hombre de a caballo ", le llamó Juan Suárez de Peralta en su libro " El arte de la Brida y la Jineta" ( Madrid, 1580),- se debe, entre nosotros, el impulso del arte de la equitación y la creación -1555- del freno mexicano y la " silla charra", sobre la cual él mismo gustaba de alancear toros bravos, las tardes de los sábados en el bosque de Chapultepec - donde se encuentra actualmente el Museo de Arte Moderno.

El incremento en la ganadería originó, en poco tiempo, en lo que sería la Nueva España, la aparición de un tipo mexicano característico: " el hombre de a caballo " (de indudable herencia andaluza). En pocos países del mundo se ha aunado el hombre a un animal como ha sucedido en México donde el uso y el dominio del caballo son totales.

A Sebastián de Aparicio, introductor del uso de las carretas tiradas por bueyes, se debe la enseñanza a los indígenas en las arduas tareas de la domesticación y aprovechamiento de las bestias para el tiro y la carga y, posteriormente, para la silla; por tanto, el beato fray Sebastián de Aparicio -cuyo cuerpo incorrupto se venera en la iglesia de la Compañía de Puebla- es considerado el precursor de la charrería, junto con Luis de Velasco, los caciques otomíes Nicolás Montañez o Montaño y Fernando de Tapia, el instructor fray Pedro Barrientos y otros que contribuyeron a cimentar lo que después sería la tradición mexicana más característica.

Entre los conquistadores hubo expertos caballistas que practicaban el juego de cañas, las carretas de cintas y otros ejercicios heredados de los árabes. A pesar de la natural disposición de los nativos, les estaba prohibido montar a caballo; posteriormente, cuando el desarrollo de la ganadería había tomado gran incremento, fueron eliminadas tan severas restricciones.

Bernardo de Balbuena en su Grandeza Mexicana (escrita en 1603) nos dice:

" Escarches, borduras, entorchadas joyas, joyeros, perlas, pedrería, aljófar, oro, plata, recamados" adornaban a los criollos que montados en sus caballos los cacaroleaban luciendo:

" Ricos jaeces de libreas costosas de aljófar, perlas, oro y pedrería son en sus plazas ordinarias cosas"

"Pues la destreza, gala y bizarría, del medio jinete y su acicate, en seda envuelto y varia plumería".

El criollo no vivía sin su caballo, el mestizo pronto aprendió el dominio y uso del caballo. Veamos nuevamente a Balbuena.

" El tostado alazán, que sin desgaire hecho de fuego en el color y el brío le compasa y da donaire ".

Y los jaeces y las guarniciones con que se les engalanaba y continúa haciéndose desde 1549 -Ordenanzas del virrey Antonio de Mendoza-, creando una artesanía de primer orden que aún perdura. Esos jaeces, arcaicos y barrocos a la vez, que en pleno siglo XX nos pasman de admiración, son casi los mismos que se contemplaban en la Plaza Mayor en el siglo XVII, descendientes directos de los islámicos de la España mora y éstos a su vez, de los "artabanes" persas.

Las representaciones pictóricas de este inicio de la equitación las encontramos, desde el siglo XVI, en el mural de Ixmiquilpan, Hidalgo; y en los códices como el Lienzo de Tlaxcala, Códice Florentino y Códices Durán. El esplendor equino de la Nueva España ha quedado retratado en los biombos con escenas de la vida novo hispana; algunos en colecciones particulares en México y España, (particularmente Andalucía) o en museos como el Castillo de Chapultepec en nuestra capital o el del siglo XVII en el Museo de América en Madrid. Escenas de caballería las encontramos, también, en los grandes cuadros de la Plaza Mayor existentes en nuestro Museo Nacional de Historia y el de Cristóbal de Villalpando que se halla en el castillo de un noble en Inglaterra.

Cuando se extendió el uso de los caballos, sin distinción de castas, ni jerarquías, debido a las necesidades de la vida del campo -sobre todo el manejo de ganado mayor- surgió la charrería entre los servidores de las grandes haciendas. Expertos vaqueros y caporales, hombres del campo en general, realizaban maniobras con arrojo y destreza, en herraderos, tuzaderos, o por simple divertimiento o "traveseada".

De los hombres del campo, de los arrieros-que también era hombres de a caballo-, peregrinos incansables que recorrían todos los caminos y senderos; de ese conjunto de hombres esforzados y valientes, salieron muchos de los contingentes de patriotas que combatieron en todas nuestras luchas libertarias, desde la guerra de independencia hasta la última revolución, sin olvidar las intervenciones extranjeras.

Charros muy expertos fueron muchos de los paladines de nuestra independencia: Ignacio Allende, Valerio Trujano, Nicolás Bravo, Pedro Moreno, Andrés Delgado, "El Giro", prototipo del jinete mexicano, hábil amansador de potros y mulas, y experto en el arte de lazar; la mayoría de su gente eran charros auténticos que componían el Cuerpo de Dragones de Santiago, muy temido por los realistas; don Hermenegildo Galeana, " Tata Gildo"; Agustín de Iturbide, de quien se dice que por su destreza al montar, fue identificado cuando lo hicieron prisionero, para fusilarlo, en Soto la Marina

Existen grabados y pinturas de este tiempo, donde se presentan los insurgentes a caballo; en el castillo de Chapultepec hay dos litografías a color, una de ellas cuando Hidalgo y Allende fueron apresados. Existen diversos óleos en colecciones privadas de la Entrada del Ejército Trigarante México, algunos de buena factura.

Los renombrados " chinacos ", formidables guerrilleros que destacaron durante la intervención Francesa, fueron charros genuinos. El general Albino García fue uno de sus más destacados exponentes. Es tradicional la fama de aquellos jinetes hábiles en el manejo de la lanza que " con sus caballos magníficamente arrendados " y con sus reatas, armas temibles en sus manos, lazaban a los soldados de las huestes de Napoleón III.

Durante la guerra de tres años (1857-1860) fueron famosas las caballerías del general Mejía y el coronel José María Calderón, muerto con gloria en la batalla de Salamanca, autor de la frase " vean cómo muere un hombre ".

Maximiliano adoptó, de inmediato, el traje de charro. Fue un buen jinete y sus caballos predilectos eran el manso Anteburro y el brioso Orispelo, que montaba cuando entró a Querétaro. Existen excelentes óleos de estos animales, obras del pintor español Juan Urruchi.

Durante los viajes al interior, el cochero, los mozos y los lacayos del Emperador, iban vestidos de charros: " traje de gamusa, adornos de plata y anchos sombreros grises ".

De estos episodios del siglo XIX, existen buenos cuadros como "El Chinaco" de J. M. Rugendas en el Castillo de Chapultepec. Junto con Rugendas, otros artistas extranjeros que visitaron nuestro país nos dejaron hermosos antecedentes de escenas charras, como las litografías a color de Claudio Linati en su libro " Trajes Civiles, Religiosos y Militares de México, (Bruselas 1828) o las de Carlos Nebel ("Viaje Pintoresco y Arqueológico París-México 1848) también conocemos " Chinaco Juarista y Suabo en peleando" de Serrano, Museo Bello de Puebla.

De la primera mitad del siglo XIX son, así mismo, dos exvotos populares, anónimos, uno, mostrando la indumentaria típica de los arrieros de la época y el otro, 1839, es claro antecedente de las fiestas charras y muestra los atuendos de hacendados y rancheros: cuadros que consideramos como precursores de las pinturas de charrería que proliferaron en la segunda mitad de ese siglo y primer tercio del siglo XX. En estas últimas, ya los charros están definidos como caballeros del campo; sus indumentarias corresponden con las actuales; por entonces, los sombreros eran de copa muy alta y ala chica en nuestro tiempo la copa se hizo más baja y el ala más extendida.

Fueron varios los artistas, unos anónimos, otros renombrados: Alfaro, Serrano, Pierson, Morales, Izaguirre, los que dejaron magníficas pinturas de charros. De Serrano se conserva en el Castillo de Chapultepec, algunas pinturas charras; en una colección privada hemos admirado un buen retrato del presidente Ignacio Comonfort con cabalgadura y atuendo charro.

Vecino a esa generación artística fue el genial charro pintor Ernesto Icaza y Sánchez, de quien Juan Sánchez Navarro ha dicho: " Admirar pinturas de Icaza es sentir como su obra nutre en cada trazo del gran motivo, el más entrañable y puro de todos los motivos mexicanos: el Campo donde trajina, se engalla y piruetea la más auténtica estampa nacional: el charro".

Ernesto Icaza-1866-1935-nació en la Ciudad de México en el seno de distinguida familia; transcurrió la mitad de su vida en el apogeo de la época porfiriana de finales del siglo XIX y la otra mitad en la agitación del primer tercio del XX, dedicado a la charrería y a la pintura, hasta su muerte en la Ciudad de México.

Inmortalizó las faenas charras ejecutadas por charros auténticos, plasmadas en el escenario de las viejas haciendas en pleno auge, en las cercanías de la capital y el Bajío. Nadie sabe cuántos cuadros firmó Icaza, nadie los conoce todos, su pintura es la historia viva de la charrería finisecular. Conoció y retrato a charros de gran temple y escuela como don Juan Saldívar, que dio su nombre a un tipo de fuste cómodo y seguro; los hermanos González Aragón: Juan, Felipe e Ignacio, primeros en lazar con mangana floreada y creadores de la " crinolina ", " contracrinolina", y la " caricia "; convivió con Samuel, Arturo y César Rodríguez, este último, llamado " el Chícharo ", famoso coleador, enriqueció el atuendo charro con el " sombrero Pachuqueño"; otros personajes plasmados en sus pinturas: él mismo en incontables autorretratos, don José de Jesús Pliego, don Alvaro Roldán, Eustaquio Escandón, y tantos más como don Carlos Rincón Gallardo autor del "Libro de Charro Mexicano".

Posteriormente hubo artistas charros como José Albarrán, Tomás y Jesús Ballesteros que pintaron escenas de lo que en la actualidad es ya considerado un deporte nacional: famosas carreras parejeras, suertes a campo abierto, o en los ranchos y lienzos de las asociaciones afiliadas a la Federación Nacional de Charros (más de 300 en la República y el extranjero)

Un hecho insólito hecho pictórico-charro sucede en 1977: un artista andaluz-persisten las afinidades-profundamente enamorado de México, realiza 40 cuadros con una depurada técnica figurativa dentro de la escuela impresionista neoclásica moderna, de momentos tan peculiares en la charrería como el coleadero, jineteo de potros y toros, manganas, piales, lazos de terna, paso de la muerte y floreo de reata, además de paisajes de la campiña mexicana y bellos patios de antiguas haciendas.

Juan Lara, nombre del artista, nació en el puerto de Santa María; muy joven ingresó en la Academia de Bellas Artes de Santa Cecilia de esa ciudad, y poco después a la Academia de Bellas Artes de Cádiz. En 1972 vino por primera vez a México invitado por don Antonio Ariza de la Casa Domecq y presentó, con éxito, una exposición con motivos típicos de Andalucía. A su regreso España, después de un año de trabajo en México, monto en Madrid una magnífica muestra titulada " La Ruta de la Independencia", con escenas de Querétaro, Dolores Hidalgo, san Miguel de Allende y Guanajuato: evocaciones de paisajes, iglesias o haciendas a lo largo del histórico camino, relacionados con el proceso que culminó con la independencia mexicana.

En 1974 vuelve a México donde presenta, con singular éxito, dicha exposición. En este viaje, don Antonio Ariza, gran amigo suyo, le sugiere realizar una serie de cuadros con el tema de la charrería. El artista, entusiasta de todo lo mexicano, se enamoró de la idea; así recorre haciendas y lienzos charros para mejor impregnarse del motivo. A fines de 1976 regresa a México y se dedica a conocer, a fondo, todo lo concerniente a nuestro deporte nacional. Don Everardo Camacho Mora, ya fallecido, incansable impulsor de la fiesta charra, le brindó su asesoría.

El resultado de esta incursión en el mundo de la charrería, es una colección de cuarenta cuadros de excelente calidad pictórica e interpretativa, sin duda, la más importante en su tema, que se ha realizado en el mundo en los últimos treinta años. Así, al igual que los "viajeros románticos del XIX", que entrañablemente enamorados de México nos legaron su interpretación de nuestro ambiente y costumbres, otro viajero, tan romántico y tan enamorado de México como aquellos, nos ofrece, en nuestro agitados días, una muestra de su sensibilidad y cariño por lo nuestro, que ha merecido el reconocimiento de la Federación Nacional de Charros, en un testimonio otorgado a Juan Lara, con motivo de la muestra de esta colección en el Museo de la Charrería –exconvento de Monserrat- ubicado en el límite de la primera traza de México – Tenochtitlán.

Estas obras fueron donadas por la Casa Pedro Domecq México, al Instituto Cultural Domecq, A.C., en una ceremonia celebrada el 23 de marzo de 1979 en la exhibición que con ese motivo realizó en el Museo de Arte Moderno Alvar y Carmen T. Carrillo Gil, del Instituto Nacional de Bellas Artes; las obras fueron recibidas por los señores Lic. Antonio Armendáriz y profesor Paulino de Ariño, Presidente y Director General del Instituto Cultural Domecq, A.C.

Con el fin de dar una secuencia a este conjunto de cuadros, la presentación será en razón al orden en que se desarrollan las competencias charras:

 

Preparativos para la fiesta,

"En el patio de la Hacienda"
Listos a juntar los animales para la chareada,
dos jinetes conversan junto a sus caballos: uno colorado y otro alazán careto.

 

"Esperando la partida"
Dos charros hacen comentarios mientras llega la salida; uno montando su caballo alazán; el otro, de pie, sostiene la rienda de su caballo colorado.

 

 

"Juntando la manada"
En plena faena: en primer término, un charro montando magnífico alazán y cerrando a unos arreadores; entre ellos destaca la figura de un caballo tordillo.

 

"Arreando la manada"
Tres charros muy tranquilos con las reatas
 en las cabezas de sus monturas,
en contraste con el fondo

 

"Pasando el rio"
Cuatro yeguas van a pasar el rio;
en primer plano, un charro montando estupendo cuaco tordillo.

 

"¿Cual le gusta compadre?"
Grupo de charros seleccionando
algunas potrancas.

 

 

...Y PRINCIPIA LA CHARRERÍA

 
 
"Listos para la charreada"
Hermoso fondo arquitectónico; airosa la figura del charro al montar;
colorado el caballo del centro, alazanes los de los extremos.
 
 
 
"El Desfile"
Inicio de la fiesta charra. Conjunto de charros y charras con sus estandartes;
destaca, al centro, el abanderado nacional montando cuacazo tordillo.
 

 

CALA DE CABALLOS

"Cala de caballo"
Momento en el que el jinete jala su caballo para demostrar su punta.

 

"Otra cala"
Más violenta que la anterior.

 

Colas

"¡Qué Tirón!"
Momento en el que el jinete jala a su caballo para demostrar su punta

 

"Cola redonda"
Estupendo lance, de buen lado, merecedor de 12 puntos (la más alta calificación). El coleador monta un caballo güindiri; el charro del frente un alazán.

 



"Inicio de la cola"
Momento en el que el charro abre su caballo bayo, ya arcionado; va bien montado y mejor amarrado.

 



"El derribo"
Escena de la cola anterior, cuando el charro ya soltó  y derribó. El caballo del coleador es alazán caretoy un bayo careto

"Una buena cola"
Ejecución impecable. El coleador cabalga un bayo, bebe dosalbo posterior.

 

 
 
 "Cola Fallida"
Instante de una cola mañ arcionada; 
por eso no cayó el animal.

 

JINETEO DE TOROS
Serie de cuadros que muestran diferentes formas de jinetear bovinos.

Jineteando a una mano, la izquierda, 
que es la de más alta puntuación.

 

"Jineteando un toro con pretaly cencerro"

 

Similar a la anterior; ahora, el jinete
 usa la mano derecha.

El charro bien sentado, se sujeta con ambas manos.

Igual al anterior desde otro angulo.

 

FLOREO DE LA REATA

"Floreo arriba del caballo"
Pintura muy bien lograda; tanto por el floreador como el caballo 
y la montadura estan correctamente expresados

 

"Niños floreando la reata"
El gallo canta mientras los pollos crecen. 
Cosa desusada, no portan el sombrero de
 charro que usa todo floreadorpor pequeño que sea. 

 

TERNAS EN EL RUEDO

Esta serie es una de las mejor logradas, por el pintor; escenas de charrería como deporte, cuyo antecedente es la labor que se ejecutaba en las haciendas y ranchos para marcar, capar, herrar o curar animales. Consiste en lazar cuernos y patas para derribar a la bestia.

 

"Lazando la cabeza"
La figura del rancho que laza al toro por los cuernos es extraordinaria, por la manera de ejecutar el alce.

 

 

"Tirando el Pial"
Un charro tiene asegurada la cabeza del animal y el otro tira su pial para completar la suerte.

 

 

JINETEO DE YEGUAS

"Una buena jineteada"
El charro muy bien sentado, corriendole las piernas como mandan los cánones.

 

"A punto de caer"
El charro parece un muñeco listo para besar la tierra.

 

 

MANGANAS A PIE

 

"Mangana con pasada y rodada"
Bella estampa en la que el pintor logró estupendas figuras;
sobresale el manganeador muy bien plasmado.

 

"Mangana rodada a pie"
La escena es de gran plasticidad y bien ejecutada la suerte.

 

"La máscara"
Mangana a pie que consiste en lazar
a la yegua por las manos para derribarla.

 

"Una buena estirada"
Momento en el que el charro estira para deribar la yegua.

 

 

MANGANAS A CABALLO

"Magnifica mangana"
El jinete chorreó, estiró y derribó. Es la misma suerte que a pie; esta vez sobre cabalgadura.

 

"Manganeando"
En contraste con la anterior,
esta mangana fue mal ejecutada.

 

"Que manera de estirar"
El charro estira y la yegua vuela para caer.

 

"Mangana fallida"
No lograda al lazar solo una mano.

 

 

PASO DE LA MUERTE

Serie que representa una de las suertes más espectacularesy dificiles de la charrería y culminación de toda fiesta charra. Consiste en pasarse, al galope, de un caballo manso a una yegua bruta:

Instante en que el jinete se sujeta
de las greñas de la potranca

 

El charro brinca o hace la pasada a la greñuda salvaje.

 

 

Consumada la suerte, el jinete aguanta los reparos de la yegua bruta

 

Presentación:
Instituto Cultural Domecq, A.C.
Coordinación:
Paulino de Ariño
Director general del Instituto Cultural Domecq, A.C.
Edición y textos:
José Losada Tomé
Comentarios a la obra:
Roberto Islas Carmona
Federación Nacional de Charros