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Las Máscaras

No se conoce el origen del uso de las máscaras en el mundo, aunque su empleo es propio de los pueblos más primitivos del orbe. Su nombre viene del vocablo árabe mácjara, que quiere decir bufón, pero las caretas usadas por los comediantes para hacer reí fueron muy posteriores al primitivo uso de las máscaras. Posiblemente éstas se uso en un principio debido a un sentido mágico, ya que para engañar a los malos espíritus, disfrazándose quien quería cambiar momentáneamente su personalidad, o bien para lograr, por la imitación de lo que se deseaba, el dominio sobre eso, como el cazador que vence a un venado, representado por otro danzante disfrazado de animal, y espera con ello que la comedia del baile tenga realidad posterior.

Más tarde las máscaras se emplearon como medios cortesanos de emulación, para poderse acercar a los dioses e impetrar su ayuda, y en Nueva Bretaña, Nueva Irlanda y la comarca de Nueva York, cuando los pueblos eran azotados por alguna epidemia o calamidad y se perdían las cosechas, los habitantes se enmascaraban y recorrían el país ejecutando danzas y haciendo contusiones, que llamaban la atención del Dios y buscaban su favor divino. En el antiguo México indígena, el uso de la máscara obedeció a los mismos motivos del mundo.

En primer lugar, según el doctor Alfonso Caso, los indios mexicanos ataviaban en cierta ceremonias sus ídolos, y les ponían máscaras muy vistosas. La que usaba la diosa de la tierra Tlamatecuhtli, en la fiesta del mes de Tititl, era doble y " tenía la boca grande y los ojos salidos ". Al dios del fuego, en el mes Izcalli, se le ponía una máscara de mosaico de turquesa, con bandas transversales de mosaico de jade, o una carátula hecha de conchas, llamadas tepachtli, exceptuando la barba, hasta la boca que estaba formada por piedras negras, llamadas teutetl y una banda que atravesaba horizontalmente el rostro a la altura de las narices, y que estaba hecha de las mismas piedras negras. Es también notable la máscara de Tláloc, dios de la lluvia, formada por serpientes entrelazadas, que simbolizan al rayo, uno de los atributos de la lluvia.

Según el propio doctor Caso, las máscaras religiosas se empleaban sobre los ídolos, por los sacerdotes y por quienes representaban a los dioses. Algunos esclavos, que en las diversas fiestas del año eran sacrificados, estaban ataviados como los dioses a quienes se dedicaba la fiesta, y llevaban los rostros pintados de diverso modo o cubiertos con máscaras que reproducían las de los dioses. También los sacerdotes usaban máscaras, que cambiaban según el ritual, y por esa razón vemos en los códices individuos que llevaban máscaras en forma de cráneos, de cuchillos de pedernal o animales.

La máscara del sacerdote que representaba al dios del maíz, Centeótl, en el mes ochpaniztli, estaba hecha con la piel del muslo de la mujer desollada, que era la representación de Toci, diosa de la tierra y madre de los dioses. Los guerreros usaban también máscaras, tanto con el fin de asegurar la protección de algún dios, cuya efigie trataban de imitar, como para heredar las cualidades bélicas de algunos animales, como es el caso de los caballeros tigre y águilas, o bien para causar solamente pavor en los enemigos, con máscaras de demonios, espíritus malignos, de trasgos y fenómenos.

La máscara mortuoria se empleo entre los antiguos indígenas mexicanos, bien para mejorar la apariencia del muerto, o para representarlo en algunas ceremonias. El Códice Magia-becchi muestran como se hacía con un bulto una figura del cadáver de un jefe, al cual se le ponían cabellos de la hierba llamada malinalli y una máscara que copiaba sus facciones, para guardar esa imagen después de que su puerto había sido sepultado. Las máscaras de los dioses eran generalmente hecha de piedra de colores, mientras que las que portaban las personas se hacían de madera, de piel o de tela.