Laca de Olinalá

El maqueo de Olinalá de los siglos XVII y XVIII, se caracteriza por cierta influencia china, derivada de la decoración de la porcelana traída por la Nao de Filipinas, y que abundaba entonces en la costa occidental de México. Los motivos se hacían en el llamado rojo chino o carmín intenso; había superposición de capas y adornos; se usaban figuras como el árbol de la vida, con dos pájaros confrontados, fantásticos follajes, con aves encima, flores y frutos estilizados, con inconfundible sabor asiático, todo lo cual fue transformándose paulatinamente, hasta adaptarse al modo tradicional indígena, guardando sin embargo, una nota distintiva muy original.
Olinalá es un apartado pueblecito del estado de Guerrero, en cuya región se produce una madera mágica, cuyo aroma es tan fuerte, que perfuma el lugar donde se encuentra. Con esa madera se hacen en el pueblo, especialmente, unas cajitas que sirven como alhajeros y bomboneras, y son muy solicitadas por su perfume agradable y sus decorados brillantes, tan famosos. Pero también con esa madera y el proceso del maqueo, se hacen jícaras, y bateas, charolas y arcones, baúles y muebles de extraordinaria belleza y gran originalidad.
A la belleza de cajas, baúles y cofres contribuía antiguamente la belleza del herraje, las bisagras, flejes y chapas de hierro, primorosamente forjados; pero en el siglo XIX desaparecieron esos aspectos, y en cambio las lacas ganaron en amplitud pictórica y en la hermosura de los temas de escenas costumbristas, paisajes, perspectivas arquitectónicas ingenuas y animales muy elaborados, de convencional realismo. Y, conservando cada vez cada pieza su propia individualidad, dentro de la armonía general y el equilibrio de la composición y combinación de colores más difíciles. En esas lacas de Olinalá, a diferencia de las de Michoacán, las figuras se recortan y se rayan sobre variados fondos, de gran efectismo ornamental.