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Arte Plumario

El arte de trabajar las plumas multicolores de las vistosas aves del trópico, ya solas, en cuadros, penachos y adornos diversos, o bien mezclándolas en las telas y otros elementos para resaltar su ornato, fue una de las artes suntuarios y populares más antiguas de México, ya que se cultivó preferentemente en los tiempos anteriores a la conquista española. Primeramente se cultivó la técnica del enlazado, sencilla manera de juntar las plumas de colores para hacer adornos, y luego se llegó se llegó al mosaico de plumas, en el que se emplearon las plumas pequeñas o fragmentadas para formular, pegándolas sobre una superficie plana, verdaderos cuadros coloridos.

Dos fueron las técnicas principales empleadas por los artífices indios del arte plumario, según lo narra fray Bernardino de Sahagún, quien nos dice al respecto: " la primera manera de trabajar consiste en fijar las plumas con engrudo sobre la capa interior, para terminar así la obra... La segunda manera consiste en ejecutar el trabajo y darle fin con ayuda de hilo y bramante ". Por lo que, dicho en otras palabras, conocían el trabajo de enlazado de plumas y el de mosaico propiamente dicho. Según recuerda Ferrán de Pol, varios objetos de arte plumario, entre ellos el precioso penacho que se encuentra en un museo de Viena, Austria, fueron realizados armando plumas largas y uniéndolas en un cañón por medio de un hilo sujetador.

La famosa capa de pluma roja de Bélgica parece trabajada en la misma forma, así como las cotas, mantas, abanicos, estandartes, sandalias, brazaletes, bastones de mando, lanzas y otros objetos adornados con plumas que conocemos en nuestros días, provenientes de la antigüedad indígena. Pero el verdadero arte plumario es, sin duda alguna el del mosaico, que los indios forjaban sobre las hojas y pencas del maguey. Primeramente solían trazar el dibujo que habrían de recubrir luego con plumas multicolores; éstas se adherían sobre la superficie del maguey con una goma resinosa llamada tzauhtli, procedente, al parecer, de una orquídea bastante rara.

Con las plumillas de un color se hacía una especie de fondo sobre la superficie del cuadro, y encima de ella se iban poniendo las figuras de la composición pictórica. Todos los escudos precortesianos de que se tiene memoria fueron trabajados siguiendo esa preciosa técnica, lo mismo que muchas mitras y láminas religiosas del siglo XVI Las plumas más empleadas eran, además de las del Colibrí, las de Quetzal. De estas últimas dice Sahagún: " son muy verdes y resplandecientes; son anchas, como hojas de espadaña, dobléganse cuando las toca el aire y resplandecen muy hermosamente ". El Quetzal era tan preciado por ello, que matar un animal sin permiso estaba penado hasta con la muerte del cazador furtivo.

Otra ave que proporcionaba su plumaje a los artistas era el tlauhquechol (picocuchara) garza de finas plumas encarnadas y rosadas. La pluma amarilla la obtenían del ave costera llamará zacúan; la verde común, de los loros; la de color castaño, del pájaro vaquero; las blancas y negras, del ayacúan; los colibrís proporcionaban, ellos solos, " una gama policroma fantástica ", según dice licenciado Toscano. Los artistas empleaban la azadilla y la cuchilla para cortar las plumas, y las plegaderas para pegarlas. Las plumas bellas eran materia de tributos, que pagaban las regiones vasallas del gran Imperio Azteca, según la matrícula de tributos.