






INTRODUCCIÓN
En legua náhuatl, Olinalá significa: * lugar donde la tierra
tiembla *, [sitio o región de los movimientos] Auque es difícil
de establecer con exactitud la antigüedad de este poblado, la [matricula
de tributos] del códice mendocino, realizada en el siglo XVI por mandato
del virrey A. de Mendoza, consigna su jeroglífico, lo cual nos habla
de la remota importancia del lugar.
Sin embargo, el nombre de Olinalá, lejos de asociarlo con su traducción
al castellano, lo relacionamos con el olor de la madera del linaloe [ Bursera
Aloexylon ], lo recordamos con la forma de un arco decorado con conejos de
largas colas, o con guajes, bules, ¨ pintados ¨ con flores y pájaros.
Olinalá es la capital de la laca mexicana y también el único
sitio que ha conservado, casi sin ninguna modificación sustancial,
la técnica prehispánica del ¨ rayado ¨ o ¨ recortado
¨ de cual fray Bernardino de sahagun dejo constancia.
Este tipo de trabajo, también llamado laca, data de la época
prehispánica, según los fragmentos de piezas maqueadas encontrados
en las tumbas de ese periodo. Algunos estudiosos creen que ya se producían
objetos maqueados durante el esplendor de la civilización maya, sin
embargo, no fue sino hasta el periodo virreinal (1535-1821) cuando se dio
a conocer más ampliamente.
El maque mexicano no parece guardar ninguna relación con la laca
china, aunque algunas de las técnicas que se aplican, especialmente
en Olinalá (estado de Guerrero), son similares a las de las lacas de
Coromandel. El maque consiste en recubrir objetos tan diversos como recipientes
(bateas, jícaras, tecomates o calabazas huecas, cajas, juguetes, arcones,
biombos, repisas e imitaciones de frutas y animales, entre otros) Con una
mezcla de materias naturales. Ésta se compone de dolomía.
" Un producto mineral con sílice, óxido de hierro y carbonatos
de magnesio y cal.
" Aceite de semillas de chía, salvia chian, o chicalote, argemone
mexicana (a veces se usa aceite de linaza) y aceite de axe hembra, un insecto
hemíptero. Los colores que se aplican son de origen mineral y animal.
Se distinguen varias técnicas decorativas: pintura al óleo,
embutido, rayado o recortado y dorado al pincel.



MATERIALES
Los olinaltécos utilizan los siguientes materiales para su obra: aceite de chía, aceite de linaza, tierras y pigmentos industriales. La chía llega de Tepalcingo, de la tierra caliente y de la zona de la montaña, pero su precio subió considerablemente a partir de 1974, cuando la falta de lluvias perjudicó los cultivos. A la fecha de esta investigación la maquila de 3 1/2 kilos costaba de 100 a 120 pesos.
Las tierras se obtienen de yacimientos cercanos a la población,
como del lugar que llaman Toltictic (Toltiqui). Los colores y el aceite de
linaza se adquieren en la ciudad de México, aunque hay comerciantes
establecidos en Olinalá que los venden al menudeo.
Para hacer el aceite de chía, se tuesta la semilla en un comal durante
30 minutos aproximadamente, hasta que adquiere un tono café; luego,
se muele en un molino de mano. Al polvo que se obtiene se le agrega agua caliente
(para una maquila de 5 litros de semilla se requiere un litro de agua), a
fin de que despida el aceite y cuando se enfría se amasa a mano durante
una hora, añadiendo, agua fría (litro y medio) poco a poco,
conforme se va ablandando la pasta. Cuando el aceite comienza a escurrir entre
los dedos se hacen bolas y se llevan a la prensa de madera para extraer todo
el aceite. Una maquila de cinco litros de semilla da sólo un litro
de aceite.
Las tierras empleadas son el tecostle, el tóctel y el tesicalte, que
se muelen en el metate o se majan y hay personas del pueblo o de cuadrillas
cercanas -La Libertad, por ejemplo - que se dedican exclusivamente a surtirlas.
En el mismo caso está el hollín, la cáscara de encino
quemada que sirve para dar el color negro. Por cierto, el negro se hace también
con olote, el corazón seco de la mazorca del maíz, pero el tono
es poco firme.
Estas tierras, con nombre diferente, tepetate e ixtatetl, se emplean en Acapetlahuaya,
el otro centro laquero de Guerrero, que impermeabiliza sus jícaras
con idéntico procedimiento al de Olinalá, aunque en aquel lugar,
además de los pigmentos industriales, se usa un elemento distintivo
y ajeno, la cochinilla o grana, para delinear algunos motivos de la decoración.
La cochinilla, un insecto parásito del nopal, llega de Oaxaca y los
artesanos la preparan en agua, agregándole tierra (la tierra empleada
en las lacas) y alumbre. Luego, la dejan podrir durante ocho días para
que suelte el bello color rojo oscuro característico de este tinte
animal utilizado en México desde la época prehispánica
y que de ninguna manera puede dejarse perder.
Los colores empleados en la decoración de la laca dorada, semejantes
al óleo, no se adquieren preparados, sino que "se arreglan"
en Olinalá, siguiendo una técnica muy antigua llegada de Europa
y que se ha conservado hasta nuestros días. Los artesanos compran los
pigmentos en polvo y los mezclan con siza. La mezcla se efectúa en
la paleta de batir colores, los cuales pueden permanecer en ella hasta seis
meses sin secarse, debido a la costra que se les forma encima.
La siza se prepara a la manera tradicional, agregando al aceite un poco de
azarcón en polvo y un poco de tecostle, que sirve como catalizador
y que permite el secado rápido de la pintura. La mezcla se pone a fuego
lento hasta que toma cierta consistencia que se reconoce soltando una gota
en agua fría. Cuando la gota se esparce sobre la superficie del agua
se dice que "falta cocimiento" y cuando se va al fondo, el aceite
"está a punto".






LAS TÉCNICAS
La laca es trabajo de hombres y mujeres, pero éstas desempeñan
algunas de las tareas más pesadas: muelen las tierras en el metate,
untan la madera, bruñen, calcan y limpian las piezas. Tal vez a su
activa participación, paralelas los quehaceres domésticos y
a la atención de los niños, se debe la fuerte intervención
del elemento femenino en los asuntos relacionados con el negocio familiar.
Aquí las damas no se marginan a la cocina como en otros centros artesanales,
en los que se mantienen alejadas de la actividad del marido. Las olinaltecas,
por, el contrario, opinan, deciden y participan en todo, e inclusive hay mujeres
solas que trabajan la laca, como Guadalupe Valdez, Aurelia Ayala y otras.
No obstante, en la actualidad, las jóvenes olinaltecas no quieren ya
aprender a preparar las tierras ni saben "untar".
Árbol de linaloe
Madera olorosa
Ya se ha dicho que las lacas mexicanos tienen antecedentes
prehispánicos y que, por tanto, su origen es genuinamente autóctono.
Por eso consideramos a la laca como una de nuestras más valiosas artesanías,
que debe ser protegida y fomentada al máximo.
Después de la Conquista española desaparecieron las formas y
los decorados de las lacas indígenas, con excepción de las jícaras.
Pero las nuevas necesidades de la población crearon otras formas, y
los diseños llegados a través del intenso tráfico comercial
que existió entre China, las Filipinas y México enriquecieron
las lacas mexicanas, pues fueron innumerables los diseños y estilos
copiados y eventualmente transformados, de las vasijas y motivos decorativos
procedentes de China, cosa que se observa con mayor claridad en las bateas
saqueadas de Michoacán. Esta influencia, que dejó una huella
profunda en las lacas y en otros objetos del arte popular mexicano, explica,
tal vez, la tajante afirmación de Miguel Covarrubias en el sentido
de que el arte mexicano de la Colonia es más chino que español.
Independientemente de los cambios registrados desde entonces en las formas
y en la decoración de las lacas, las técnicas usadas en la actualidad
en su manufactura son casi idénticas a las que conocieron los conquistadores
a su llegada. Esta continuidad es más patente en Olinalá, que
permaneció hasta echas recientes aislado en sus montañas.
Sin embargo, en los últimos años han empezado a aparecer algunos
signos de descomposición que tienen por objeto acelerar el trabajo.
Por ejemplo, algunas personas no bruñen el barniz sino que se concretan
a pasarle el antebrazo repetidas veces para alisarlo, en contraposición
del tiempo en que la obra se bruñía hasta tres veces para producir
una laca muy duradera y de un brillo excepcional.
La técnica de la laca es básicamente la misma en todas partes:
primero se aplica un fijador (el aceite de chía, el aceite de linaza
o la grasa de aje) y luego se aplican las tierras con los colores. Siempre
se bruñe con una piedra (bruñidor) o con la mano, para fijar
la mezcla a la madera y para alisarla. En Olinalá este primer paso
requiere de muchos días para secarse, lo cual demuestra que la producción
tiene cierto límite impuesto por las características propias
del trabajo.
El Barniz
Las diferentes fases del trabajo al que los artesanos de Olinalá llaman
"barniz", o sea la primera capa de pintura que va inmediatamente
sobre la madera y que sirve de fondo a la decoración rayada o dorada,
son las siguientes:
1.- Se unta la madera con una mezcla de aceite de linaza (chamate) y tecostle,
ya sea a mano o con brocha. Antes todo se hacía a mano pero ahora para
simplificar el trabajo algunas personas usan brocha. Sólo unos pocos
artesanos median aceite de chía con el chamate para lograr un barniz
de mejor calidad.
2.- Se pone tlalpilole con una cola de venado.
3.- Se bruñe con el bruñidor hasta que el tlalpilole se pierde.
4.- Se embarra con tierra (mezcla de toctel y color) una y otra vez, hasta
que adquiere tersura. Luego, durante dos días o más, según
el tono, se da brillo a esta capa. El secado tarda de 1 0 a 15 días,
aun cuando puede acelerarse empleando exclusivamente aceite de chía.
En tal caso el costo de producción es más alto, pues este aceite
vale 300 pesos el decilitro, en tanto que el de linaza se consigue a 330 pesos
el litro.
El proceso anterior se repite íntegramente al aplicar la segunda capa
de tierra sobre la que se hará el rayado.
El Rayado
Antes de rayar se trazan a compás ("se compasean") las cintas
y las grecas de las orillas para luego distribuir el dibujo y las figuras
en los arcones y cajas.
Una de las características de la laca olinálteca es la simetría
de sus dibujos y la decoración abundosa y recargada. Parece que los
artesanos se complacen en cubrir íntegramente los espacios, a veces
con tal perfección, que algunas piezas parecen hechas en molde, pues
son todas exactamente iguales, lo cual se explica porque los motivos se han
venido repitiendo por años y años hasta lograr casi el preciosismo.
Quizá esto se observa mejor en la obra de Pascual Pantaleón,
el viejo dorador, cuya obra de pincel es de una perfección increíble.
Los motivos comunes en el rayado son animales, flores estilizadas, grecas
o "guías de quiebra plato". Antiguamente, se rayaba una flor
llamada "de capitanear, que pocos artesanos recuerdan. Entre los animales
destacan el conejo coludo, una de las formas más antiguas de la decoración
olinálteca, el cual se toma como motivo casi constante y se le representa
en diversas actitudes "en todas las piezas: "agachado, agazapado,
brincando hacia arriba, saltando hacia abajo, triscando, retozando, a veces
con orejas respetables, pero casi siempre con una cola inmensa, descomunal."
Gutierre Tibón advierte que quizá los olinaltécos siguen,
sin darse cuenta de ello, la tradición prehispánica "y
representan en pleno siglo veinte los Centzon Totochtin, dioses de la embriaguez,
que son, como todos sabemos, cuatrocientos conejos". Ahora, el decorado
se ha modificado un tanto, pues a instancias de personas llegadas de fuera,
los artesanos comienzan a abandonar sus motivos tradicionales o la composición
de éstos y a incluir otros diferentes copiados de libros o sugeridos
por los propios visitantes. En cuanto a los colores, la combinación
tradicional es la de fondo rojo con rayado negro y la de fondo azul con rayado
blanco, aunque también se emplea el azarcón, que da un fondo
naranja y que era antiguamente el color más usual rayado en negro o
en verde. En ocasiones se aplican tres o más colores en una pieza y
como una aportación reciente, se decoran elegantes piezas en blanco
sobre blanco y negro con negro.
El rayado se hace en las siguientes etapas sobre la segunda capa de color
cuando aún está fresca:
1.-Se raya o se hace el dibujo siguiendo sólo la imaginación
y la habilidad manual de cada rayador. Este utiliza como instrumento una pluma
de guajolote con una espina vegetal inserta en la punta.
2.-Concluido el rayado, se pone toctel con color varias veces. Esta segunda
capa varía de grosor de acuerdo al color que se esté rayando,
porque hay pigmentos que secan más rápido que otros y quedan
delgados. El blanco y el amarillo secan despacio, requieren más tierra
y por tanto pueden quedar más gruesos. Por eso, los artesanos explican:
"cuando ya no quiere tierra, la obra agarra brillo".
3.-Inmediatamente después de que se dio tierra, se calca. Esto es,
se repasa el contorno de las figuras con la espina, siguiendo el diseño
original del rayado.
4.-Luego se vacía. O sea, se retiran con una pluma las partes sobrantes
de tierra para quitar todo lo que no es figura.
5.-Se despringa, quitando con una espina y aceite de chía las manchitas
de tierra y afinando los bordes de las figuras.
6.-Se da lustre con un algodón para quitar el aceite de chía
que pudiera haber quedado al despringar, y al terminar se da brillo con cera
industrial para proteger la obra.
Algunas otras tareas complementarias y absolutamente indispensables se realizan
antes del paso final, como por ejemplo: resanar las cajas, emparejar los bordes,
embisagrar, etc.
La última fase del trabajo es la envoltura, para la cual se utiliza
papel de estraza. Únicamente las jícaras y la chuchería
(la juguetería) se envuelven en hojas de maíz o totomoxtle.
Naturalmente los olinaltécos también emplean términos,
indígenas para este trabajo de envoltura, pues dicen que se "huipanan"
o "ahuipanan" las jícaras, para indicar que éstas
se envuelven por "pantles" una adentro de la otra, en bultos de
20 piezas atadas con palma. O por "cañas", que constan de
dos "pantles".
Cuando los artesanos llevan su obra a la feria anual de Tepalcingo, en el
Estado de Morelos, envuelven sus piezas en esta forma para evitar que se maltraten
durante el viaje y para facilitar sus ventas de mayoreo. Las distintas fases
del trabajo anotadas arriba se realizan a lo largo de muchos días,
sin contar el tiempo empleado en buscar la madera.

















LA LACA
Por las descripciones de algunos cronistas de la antigüedad, nos enteramos
de que, a la llegada de los españoles a México, los indígenas
acostumbraban a pintar la cáscara seca de ciertas especies de calabaza
que utilizaban como vasijas en su vida cotidiana.
Según, por ejemplo, a mediados del siglo XVI, enumera distintas
clases de jícaras que vendían los comerciantes, entre las cuales
había unas "untadas con barnices que les dan lustre". Fray
Jerónimo de Mendieta, que llegó a México en 1554, precisa:
"otros vasos hacían de ciertas calabazas muy duras y diferentes
de las nuestras, y es fruta de cierto árbol de tierras calientes. Esta
las pintaban y pintan hoy día de diversas figuras y colore; muy finos
y tan asentado, que aunque estén cien años en el agua nunca
la pintura se les borra ni quita... Son vasos muy lucidos y vistosos".
Fray Diego Durán, quien escribía hacia 1580, alude a las "jícaras
ricas" que se vendían en los tianguis y en las ferias efectuadas
por orden de los reyes indígenas. Castaño de Sosa alaba unas
"jícaras muy galanas", y Torquemada cita hacia 1609 "un
vaso muy pintado, hecho de calabaza, que llaman xicalli".
Es bastante claro entonces, que los baules, cajas, charolas y jícaras
decoradas con barnices o pinturas y que fueron de uso común en el México
precolombino, no eran otra cosa que las lacas indígenas, cuya manufactura
se extendía probablemente a toda Mesoamérica.
Algunos investigadores, entre ellos Miguel Covarrubias y Daniel Rubín
de la Borbolla, afirman que había sustancias y colores que se usaban
tanto en la laca como en la cerámica y sugieren que algunas piezas
arqueológicas de barro policromado fueron decoradas con la técnica
de la laca.
Con todo, según Gutierre Tibón, el ilustre historiador, autor
de una extraordinaria monografía de Olinalá, es posible que
en el siglo XVI no se hiciera laca allí sino únicamente en otros
pueblos de la región, como Cualac y Chiepetlán, de donde según
la tradición que él encontró a su llegada a Olinalá
hace poco más de 15 años, los olinaltecos aprendieron el oficio
de la laca. Ahora ni Cualac ni Chiepetlán hacen esta artesanía.
Sólo se conserva en Olinalá y Temalacacingo un pequeño
y cercano pueblo indígena, que surte a los olinaltécos de diversos
objetos de su exclusividad.
Los olinaltécos llaman "obra" a su trabajo, y dicen: "la
obra que se vende en las ferias es de tipo corriente", "estoy arreglando
obra" o "ahora no tengo obra". Y todos manifiestan gusto y
orgullo por su hermoso trabajo a pesar de lo laborioso que resulta. Hay gente
que empieza a trabajar desde las seis de la mañana y termina con la
luz del día o sigue trabajando de noche para no perderle el punto a
la obra".
EL DORADO
Los olinaltécos hacen laca decorada al pincel, a la cual dan el
nombre de "dorado" como reminiscencia -se dice- del tiempo en que,
algunas piezas, principalmente las jícaras, se decoraban con franjas
o cintas de plata u oro en hoja que se aplicaba con "siza", el aceite
de chía recocido.
Actualmente, la aplicación del oro en hoja está siendo rescatada
por Francisco Coronel, que recubre íntegramente con oro diversas piezas
para luego decorarlas al pincel con motivos florales. Este es uno de los más
importantes doradores de Olinalá. Las mismas formas que se rayan se
hacen en dorado: guajes, baulito de real, baulito pecetero, portarretrato,
cajas, polveras y baúles, etc. Previamente barnizadas en negro, en
blanco o en otros tonos.
Los colores empleados en la decoración de la laca dorada, semejantes
al óleo, no se adquieren preparados, sino que "se arreglan"
en Olinalá, siguiendo una técnica muy antigua llegada de Europa
y que se ha conservado hasta nuestros días. Los artesanos compran los
pigmentos en polvo y los mezclan con siza. La mezcla se efectúa en
la paleta de batir colores, los cuales pueden permanecer en ella hasta seis
meses sin secarse, debido a la costra que se les forma encima. La siza se
prepara a la manera tradicional, agregando al aceite un poco de azarcón
en polvo y un poco de tecostle, que sirve como catalizador y que permite el
secado rápido de la pintura. La mezcla se pone a fuego lento hasta
que toma cierta consistencia que se reconoce soltando una gota en agua fría.
Cuando la gota se esparce sobre la superficie del agua se dice que "falta
cocimiento" y cuando se va al fondo, el aceite "está a punto".
La decoración del dorado consiste en motivos florales, a veces muy
tupidos y de un colorido brillante ' y en motivos de animales, pájaros,
palomas, venados y conejos, siempre los conejos, en pinceladas más
o menos finas.
Ocasionalmente se pintan escenas panorámicas, como una vista de
Olinalá o determinadas figuras o reproducciones antiguas. Hace años,
estas panorámicas, quizá las primeras pinturas naif de México,
eran de una gran ingenuidad y consistían en calles llenas de casas
por las que transitaban personas y animales pintados con mucha originalidad
y un cierto candor primitivo. En alguna forma, las calles del pueblo recuerdan
esta decoración con sus casas de fachadas planas situadas de ordinario
una tras otra y casi siempre .
Tal vez valdría la pena mencionar también en este trabajo de
pincel los, ingenuos retablos o ex-votos, muy del gusto de los olinaltécos,
que ahora han caído en desuso. Todavía pueden verse algunos
de estos trabajos en el Santuario erigido a la Virgen de Guadalupe, en el
cerro frontero a Olinalá. Algunos arcones y cajas se, decoran con una
técnica mixta de rayado y dorado, llamando mucho la atención
los ropajes antiguos de las figuras que aparecen en estas piezas. También
hay que mencionas, "el punteado" que consiste en cubrirlos espacios
que quedan entre cada figura con puntitos de diferentes colores marcados al
pincel. Para terminar, hay que advertir que así como los artesanos
fabrican sus pinturas, hacen también sus pinceles empleando cañutos
de pluma y pelo de gato.