ARBOLES DE MÉXICO Otros Árboles Tule

Muchos de los grandes árboles que ahora crecen en México, no solamente innumerables arbustos y árboles frutales, fueron traídos de Europa y otras partes del mundo. El Alcornoque, por ejemplo, fue traído a México en 1866 por Manuel Rul; pero hay otros árboles, auténticamente mexicanos, como la Caoba, cuya madera es muy estimada en ebanistería, por ser capaz de un hermoso pulimento; abunda en los bosques tropicales del sudeste de México. El Guayacán es otro árbol de madera durísima, que empleaban los Mayas en sus construcciones; los europeos aprendieron a usarla para hacer barcos, muy resistentes al oleaje; en otros países crece apenas como un arbusto de la familia de las rutáceas.

Hay una especie de pino resinoso que se da en el norte de América y que en México, de donde parece ser originario, se llama "ocote ". Por su misma calidad de resinoso, el árbol se emplea en la industria del aguarrás y su madera, que es corriente, en la confección de muebles baratos y durmientes de ferrocarril; pero los indígenas lo emplearon mucho para hacer las teas o astillas encendidas con que se alumbraban. El " Oyamel " es una especie de abeto de México; el abeto es un árbol siempre verde, de la familia de las " coníferas ", que abunda en Europa, en los Pirineos; su madera sirve para construcciones y para hacer instrumentos musicales.

Pero el árbol por excelencia de México es el Ahuehuete (taxodium mucromatum ten), el árbol más popular de la flora mexicana, considerado como un árbol nacional, de acuerdo con la votación popular que recogió en 1921 la Escuela Nacional Forestal. Los antiguos indios mexicanos cultivaron los ahuehuetes para adornar sus jardines, principalmente en Texcoco y en Chapultepec. Le llamaron ahuehuetl (de Atl agua y de Hue Hue anciano o abuelo) por lo que su nombre significa " Viejo de Agua " porque su follaje se cubre de heno blanco, como si fuera de canas.

Al Ahuehuete los Zapotecas le llamaban Yagaguichi-ciña, que significa " Cedro de larga vida ", aludiendo a su perennidad y larga existencia. Los Tarascos le llamaron Pembamu o " viejo barbado ", de donde derivó el nombre del pueblo de Pénjamo. Los españoles, por su parte, lo consideraron como un Sabino, algo distinto a las especies europeas, pero así le llamaron por sus puntos de semejanza, aunque luego se vio que no era un Sabino. Es de la familia de las pináceas, y aunque se originó en México se extiende hasta Centroamérica, con su verde follaje eterno y sus conos o semillas.

No produce rodillas o protuberancias, como otros árboles de la familia taxodium, por lo que presenta un aspecto más limpio y decoroso. Es un gigante, que puede alcanzar hasta cuarenta metros de altura, aunque abundan muchos Ahuehuetes de 20 a 30 metros de altitud, de gruesos troncos y con abultamientos irregulares y espectaculares. Sus raíces son enormes, extendidas y tortuosas; su corteza suave, de color moreno-rojizo y sabor astringente; su madera es resistente a la humedad. Logra una vida tan larga que llega a varios centenares de años; en Chapultepec, en la capital mexicana, hay algunos de más de quinientos años de edad, que fueron plantados en el siglo XV, por los emperadores aztecas.

Un Ahuehuete famoso es el conocido como Árbol de la Noche Triste, cerca de Tacuba, donde la leyenda dice que Cortés descanso, perseguido por los indígenas de la Gran Tenochtiltlán, y lloró junto a su añoso tronco la derrota sufrida. El llamado "sargento", de Chapultepec, es un coloso que tiene 12.5 metros de diámetro en su base. El de Santa María del Tule, cerca de la ciudad de Oaxaca es el más grande de México, con una circunferencia en su tronco de 27 metros.

Como es muy grande la explotación forestal en México, los desperdicios forestales son también cuantiosos, por lo que - se presento en una época - un procedimiento para aprovecharlos, el cual fue premiado en 1943, en el certamen público convocado por la Comisión de Combustibles Sustitutos de la Secretaría Economía. Los laboratorios de fomento industrial formularon también dictamen favorable, después de su análisis científico. Dichos residuos, químicamente tratados, sustituyeron al carbón industrial.

Otros árboles notables

A reserva de hablar en forma más amplia de algunas de las plantas mencionadas, como cuando tratemos de los tintes mexicanos, por ejemplo, vamos a mencionar algunos de los árboles mexicanos, que se dan en los bosques o selvas de tierra caliente, al sur y al sureste de México. Entre ellos se encuentran: el palo de Campeche, madera de una leguminosa mexicana que sirve para teñir de encarnado; el palo amarillo, que es agracejo de México; el palo de jabón, rosácea mexicana cuya corteza sirve para quitar manchas; el palo de rosa, árbol de la familia de las voragineas, usado en ebanistería; la palma de cera, árbol que produce una acera industrial, y la palma real mexicana, variedad muy común, cuyas hojas se utilizan para techos y paredes de cabañas y para hacer sombreros e impermeables, sus frutos para dar agua y aceite, su carne para alimento y sus troncos para leña; los techos de palma son a prueba de tormentas.

Entre los arbustos que más abundan en México están el huizache y el Mezquite. Este es de la familia de las leguminosas, y su jugo o zumo, llamado mezquicopal, se emplea en medicina en las oftalmias. La goma del Mezquite era el antiguo copal de los indios, que lo quemaban para sahumar a sus ídolos, como en Oriente se emplean el incienso y la mirra. Las vainas que da el Mezquite son comestibles, bastante dulces, y ya secas se muelen y forman una pasta, llamada mezquitamal, que es una golosina en los campos norteños de México. El Mezquite abunda sobremanera en la llanuras áridas y secas, formando la vegetación de color ceniciento que abunda en esas zonas, los chapparrales tan característicos.

El Mezquite es un arbusto espinoso, que se defiende así de las depredaciones de las bestias cerriles. En la ciudad de Querétaro, en uno de los anexos de un convento de gran fama, existe un ejemplar único de arbusto espinoso, conocido como " Espino - cruz ", en el que cada espina es una réplica de la Cruz de Jesucristo, con su peana y sus dos clavos, uno en cada brazo. Esta planta es única, no sólo en México sino en todo el mundo, pues no se conoce otro ejemplar en ninguna parte. El convento donde existe es el de la Cruz, que se encuentra a la izquierda de la carretera de México a la ciudad de Querétaro.

Los helechos mexicanos son variados y hermosos, y José Narciso Rovirosa, ilustre hijo de Teapa, Tabasco, se hizo inmortal con el primer estudio sistemático que se haya realizado sobre los helechos del sur de México, únicos en el mundo. El chitle, o mala mujer es una planta nativa de México, de gran interés que crece en los Estados de Veracruz y de Oaxaca. En alta, copuda y de anchas hojas, y, siendo ortigosa, no se le puede tocar porque inflama la piel, produciendo fiebres y calenturas. Los campesinos dicen que es como una mujer ingrata, que maltrata y enferma a los hombres que se le acercan. Por otra parte, esta extraña camedora lindeyana (camedor significa pez, porque tiene sus hojas en forma de pez) es una hermosa planta de ornato, que se emplea para decorar los jardines.

Entre las plantas importadas que más abundan ya en México se encuentra el llamado Framboyán (en francés flanvolyan). Durante la guerra de intervención francesa, de 1861 a 1863, algunos oficiales franceses llegaron a tierras mexicanas luciendo sus uniformes, como adorno extraño, unas flores rojas, semejantes a seres volantes; alguien sembró la semilla de esas flores, que dio hermosos árboles y estos se propagaron rápidamente, diciéndose de ellos que son originarios de Asia.

Entre las flores extranjeras que se encuentran en el Conservatorio Botánico de Chapultepec se encuentra la Margarita de Transvaal o Margarita de Cervera, conocida por los norteamericanos como Daisy, originaria de África, y que en México ha dado las especies híbridas, conocidas con el nombre de Pameasoni.

El "árbol de la salchicha" (higellia primata) así llamado porque produce frutos en forma de salchichas, que los negros africanos comen en abundancia, fue traído a México por el señor Christian Haldinger, aficionado a la botánica; lo encontró en el corazón de la selva africana.